Cultura

Los Picaros burlados: otra vez en escena.

ramon perez pelaezpicaros burladosRamón Pérez Peláez
ramanar@rvictoria.icrt.cu

Las Tunas.- Hace apenas unos años, Mandy Mora y Damaris Pacheco, actores del grupo Guiñol Los Zahories, en la oriental provincia de Las Tunas, descubrieron la pasión por el teatro para niños.

Bastó poco tiempo en escena para que ambos jóvenes conquistaran al público y la crítica especializada en Cuba.

Comencé mi carrera de actriz, como profesional -dice Damaris a Tiempo 21- en el grupo Dramático Huellas, bajo la dirección de la experimentada y ya desaparecida Dionne Pérez, pero sentía que trabajar para los niños me atraía y me decidí por Los Zahories.

Mandy Mora, asume que siempre se inclinó por las actividades que tenían que ver con las representaciones, y dice: todo eso me gustaba, llegué a la Casa de la Cultura Enrique Peña, en Puerto Padre, ahí me formé, después de unos años me traslado para Las Tunas y como integrante del Dramático Huellas y de Teatro Tuyo es que viene la formación académica en el Centro de Superación para la Cultura, y en varios talleres, tanto aquí como en La Habana.

Mandy y Damaris, son de esos artistas innatos, que se iniciaron en las tablas desde muy temprana edad, con el movimiento aficionado, en su ciudad natal Puerto Padre, al norte de Las Tunas.

Hoy dos de los actores profesionales, que tiene en su nómina el Grupo Guiñol Los Zahories, jóvenes talentosos, que imprimen un sello de vitalidad a la agrupación tunera -que dirige Eladio Moruza- con más de 40 años dedicado al trabajo para niños.

Mandy asegura que La Jornada Villanueva, en Las Tunas, contó en su apertura, con una puesta de lujo: dos clásicos del argentino Javier Villafañe, La calle de los fantasmas y Chimpete champata, unipersonales fusionados con el título Los Picaros Burlados. La primera parte del espectáculo, Donde hay hombres no hay fantasmas, es una versión de Geraydis Brito, actriz del Teatro de Títeres Nueva Línea, sobre el original de Villafañe, que ha sido una especie de suerte que dirigirla me haya dado tanta satisfacción, por la cogida del público y sobre todo de la crítica.

La interpreta Damaris Pacheco, con una pequeña mesa en sus piernas, convertida en retablo, maneja magistralmente los títeres, donde el espectador apenas advierte la presencia de la actriz en escena, logrando el absoluto protagonismo de los personajes, Juancito, María, un fantasma y el tío incapaz de aceptar la relación de ambos por no ser de la misma raza.

Damaris dice que interpretar esta obra ha sido un gran reto en su carrera, primero porque es mi primer trabajo sola en escena, donde tengo que manipular varios títeres, sin un retablo que me permita hacer los cambios, ahí estas todo el tiempo en escena por tanto la preparación para la manipulación fue y es bien rigurosa, tienes que entrenar todos los días la voz y el cuerpo, sobre todo ese delicado trabajo manual es agotador.

Pero te digo algo, cada vez que termino una presentación quedo contenta porque al público le gusta, aunque una nuca está satisfecha con la función, siento que la aceptaron y al final ese es el objetivo para ellos trabajamos.

Chímpete Chámpata, es la segunda parte, una obra conocida porque ha tenido muchas versiones, en los diferentes grupos de títeres del país, dice Mandy, que continúa el diálogo al hacernos saber que este es su primer trabajo con el Guiñol Los Zahories.

Yo quería que fuera algo diferente, sin que perdiera la esencia, pero a la vez que fuera un reto para mí como actor, y creo que se logra al tener que interpretar a varios personajes en el escenario, sin salir de escena y, cómo en el caso de Donde hay hombres… tampoco tengo un retablo que me permita ocultarme para hacer el cambio de títeres.

El vestuario y mi cuerpo son la tramoya para ocultarlos, ahí se esconden todo el tiempo los títeres, otra cosa que disfruto mucho es el trabajo de voces, que es un poco difícil, claro ya con casi 70 funciones se te hace más fácil, pero es constantemente un cambio de voz y un juego de palabras, donde no te puedes equivocar.

Esta parte de la obra la dirigió Emelia González, conocida como actriz y directora y siempre quisimos los dos, que no fuera solamente para niños, nos planteamos que si lográbamos que los adultos, que son los que acompañan a los pequeños al teatro, se sintieran atraídos, la obra podía tener más éxito de público, y eso creo que lo conseguimos.

Los Picaros Burlados, se han presentado en casi todas las provincias de Cuba, exactamente en 11 de ellas, ya estamos en más de 70 funciones, dentro y fuera de Las Tunas, lo que nos permite pensar que la obra gusta y que estéticamente estamos por el sendero correcto, lo que implica un reto que es mantenernos y superar cada función y las venideras obras. La crítica se ha pronunciado a favor de Los Picaros Burlados, otro compromiso mayor, cuando han dicho que la pieza pone al Guiñol Los Zahories nuevamente en el mapa teatral de Cuba, es un gran compromiso y una responsabilidad enorme.

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