Historia

“Julio Antonio Mella: un líder indiscutible”

Julio Antonio Mellamaura pena machadoMaura Peña Machado
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“Muero por la Revolución”: frase dicha como último aliento por Julio Antonio Mella al ser asesinado el 10 de enero de 1929, y que sintetiza toda su existencia.

Contaba solo con 26 años al caer en México, y ya era un líder de relieve continental. Su trayectoria se inició a penas 7 años antes, en las aulas universitarias, donde se convirtió en el principal dirigente de la reforma universitaria y en organizador del Primer Congreso Nacional de Estudiantes.

El aula magna de la Universidad de La Habana, testigo de tantas acciones revolucionarias guarda celosamente el recuerdo imborrable de aquel enero de 1923 cuando Mella ante más de 3 mil estudiantes marcaba con sus palabras una nueva etapa en la lucha al expresar: “…sangre son mis palabras y herida está mi alma al contemplar la Universidad como está hoy”.

Fue Julio Antonio Mella quien en octubre de l923 constituye lo que fue la más alta expresión de nivel organizativo y de movilización del estudiantado: el Primer Congreso Nacional de Estudiantes, en el que se inscribieron 53 instituciones y asistieron 128 delegados de todo el país.

Imposible olvidar que fue Mella quien junto a Carlos Baliño y otros prestigiosos comunistas funda la organización vanguardia de la clase obrera, el Partido Comunista de Cuba, desde cuyas filas combatió a la tiranía machadista, hasta que se vio obligado a abandonar el país.

Fue en México donde Mella escribió sus trabajos fundamentales, tanto para Cuba como para América. En la patria de Juárez fundó y dirigió varias organizaciones antiimperialistas, estudiantiles y campesinas, y llegó a ser designado miembro del Comité Central del Partido Comunista de México.

Lejos estaba de imaginar el joven rebelde que aquella noche del 10 de enero de 1929 cuando caminaba con su compañera de lucha, la comunista italiana Tina Modotti, las hienas de Machado le dispararían por la espalda.

A pesar de caer mortalmente herido tuvo fuerzas para decir sus últimas palabras: “Muero por la Revolución” que refirmaron con sangre su decisión de que había que darlo todo, hasta la vida, por la obra que había comenzado.

Si bien murió, Julio Antonio Mella vivió en la acción revolucionaria del pueblo. Su muerte, como ejemplo, estimuló la lucha que en el 33 derrocó a Machado y para siempre cobró vigencia su inmortal pensamiento de que: “Hasta después de muertos somos útiles”.



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