Las Tunas, Cuba. Miércoles 18 de Octubre de 2017
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Final inusitado en boxeo de barrio

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El boxeo en Las Tunas tiene una larga historia y es notoria la calidad de hombres que como Evelio Mustelier (Kid Tunero), Ángel “Pigua” Sánchez, Liraldo “Colegial” Leyva, Joaquín Castillo (Kid Sapo) y Eddy Botello, sentaran las bases para que, al calor de la Revolución después de 1959, esta provincia se convirtiera en potencia, encabezada por el tricampeón olímpico y mundial, Teófilo Stevenson Lawrence.

Era tan popular el pugilismo entre los niños y jóvenes tuneros que en los años 40 y 50 del siglo pasado, cientos de ellos cruzaron guantes, en muchos casos rústicos, en disímiles lugares, convertidos en improvisados gimnasios, con el objetivo lógico para la época de llegar un día a pelear de manera profesional.

En Casa Piedra, una de las barriadas más populares de la entonces pequeña ciudad de Victoria de Las Tunas, yo formaba parte de un grupo de muchachos que, en la práctica, dirigía las actividades deportivas, especialmente el béisbol que contaba con uno de los mejores terrenos abiertos de la época, pero que incluía también la organización de jornadas de atletismo, además de informales carteles de boxeo.

A mediados de 1957 hice gestiones para conseguir dos pares de guantes de boxeo oficiales y, aunque los implementos ya estaban bastante deteriorados, me permitieron organizar encuentros cotidianos en un ring fijo con cuatro postes y tres vueltas de soga de varios empates, pero suficiente para que los muchachos probaran su capacidad pugilística. La caricatura de cuadrilátero estaba ubicada entre la denominada calle Línea y la vía férrea que conduce a Manatí, cerca del crucero de la actual calle Antonio Fernández.

Durante varios días se efectuaron carteles de cuatro o cinco peleas todas las tardes, con la participación de muchachos de Casa Piedra, Buenavista, Sosa y hasta algunos con residencia más al centro de la ciudad. En todos los casos, yo actuaba como tercer hombre del ring y decidía quien era el ganador, siempre que no ocurriera un fuera de combate.

Recuerdo que aquella improvisada instalación se hizo famosa y a medida que pasaban los días, aumentó el número de personas que se acercaban para disfrutar de los encuentros, en los cuales siempre se velaba por la integridad física de los púgiles, sin admitir la continuidad de un enfrentamiento en el que existiera evidente desproporción.

Lamentablemente, después de más de un mes de espectáculos, tuve que ausentarme de un cartel por razones justificadas y quienes asumieron la responsabilidad de mantener la disciplina, permitieron por petición de algunos de los presentes, que se pactara un combate entre Rogelio Cruz, un grandulón de 18 años y el gordo Bebo López, de apenas 15, quien además, padecía de algún retraso mental. Fue una decisión irresponsable y morbosa.

Lo cierto es que apenas comenzó la pelea, el grandulón cayó encima del gordo Bebo y lo tiró al césped, luego de una andanada de izquierdas y derechas tanto al estómago como a la cabeza. Sucedió entonces un hecho que acabó con aquella sana idea: el gordo se arrancó los guantes como pudo, corrió hacia la línea cercana y una verdadera lluvia de piedras comenzó a caer en el ya desierto ring, fue notoria la desbandada, junto a la cual desaparecieron los guantes y la instalación quedó destruida. Allí acabó todo.

La decepción fue tal que más nunca traté de recuperar la práctica del boxeo en mi barrio y, a decir verdad, el deporte en esa zona se redujo solamente al béisbol, del cual dirigí varios equipos de categoría infantil, con la mayor notoriedad en aquel que hizo época que con el nombre de Titán, aglutinó a un grupo de muchachos comprendidos entre los 10 y 15 años y fue capaz de ganarle a colectivos formados por adultos.

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Sobre Juan E. Batista Cruz

Periodista. Graduado de la Universidad de Oriente. Jubilado. Se desempeñó como reporteros para los temas del deporte en el diario y semanario 26 y comentarista deportivo de la radio y la televisión. Es toda una institución en el conocimiento de los temas deportivos, y tiene un reconocimiento a nivel nacional. A pesar de estar jubilado mantiene una vida activa dentro del Periodismo de Las Tunas.

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