Las Tunas, Cuba. Domingo 22 de Octubre de 2017
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Vuelo Panamericano: Proeza aérea rescatada del olvido

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Elsy Fors Garzón

La Habana.- En 1937, los gobiernos de CubaRepública Dominicana a instancia de la Sociedad Colombista Panamericana, formaron una escuadrilla de aviones para realizar un vuelo de buena voluntad por la mayoría de los países del continente, en busca de apoyo al proyecto de erigir un monumento al Gran Almirante Cristóbal Colón.

En diciembre de 2012 se conmemoran 75 años de la catástrofe de Cali, donde finalizó trágicamente el Vuelo Panamericano pro Faro de Colón. Allí murieron siete cubanos, en uno de los episodios más tristes y menos conocidos de la historia aeronáutica latinoamericana.

La idea empezó a tomar cuerpo en la Conferencia Internacional Americana reunida en Santiago de Chile en 1923, donde hubo un llamado a los gobiernos del continente a perpetuar la memoria de Colón con la construcción de un Faro que llevara su nombre, en las costas de República Dominicana, lugar donde Colón estableció el primer enclave en su primer viaje al llamado Nuevo Mundo.

El Consejo Directivo de la Unión Panamericana designó una Comisión Permanente que convocó un concurso para el proyectado Faro a Colón.

Unos 455 arquitectos de 48 países presentaron proyectos, y en octubre de 1931, se reunió en Río de Janeiro, Brasil, el Jurado Internacional que adjudicó el primer premio al arquitecto inglés J. L. Gleave, acompañado de una compensación por 10 mil dólares.

DETALLES DEL VUELO

El Estado cubano puso a disposición del vuelo tres aeronaves que representaron a la Isla. Los aparatos fueron adquiridos en Estados Unidos, y aunque el fabricante recomendó esos modelos, aconsejó ponerles motores de mayor potencia.

Las naves cubanas fueron bautizadas como los barcos de Colón: La Pinta, La Niña y La Santa María. Un cuarto avión, el Colón, integró la escuadrilla, en representación del Cuerpo de Aviación del Ejército Nacional Dominicano.

El 10 de octubre fue la fecha establecida para la salida de los aviones cubanos hacia Santo Domingo, donde se unirían a la nave dominicana para conformar la escuadrilla panamericana.

El grupo despegó del aeródromo de Miraflores, en Santo Domingo, un mes más tarde de la fecha prevista del 12 de octubre, aniversario de la llegada de Colón a América.

Un accidente sufrido por La Niña, la cual quedó inutilizada, obligó a la compra de otra aeronave que llevó el mismo nombre. Originalmente la trayectoria debía durar hasta el 18 de diciembre de 1937.

Al frente de la escuadrilla estaba el mayor Frank Féliz Miranda, jefe del Cuerpo de Aviación dominicano y uno de sus pioneros graduado en Cuba, con la aeronave Colón.

Mientras, el avión cubano Santa María era comandado por el teniente aviador Antonio Menéndez Peláez, héroe del vuelo realizado en 1936 entre Camagüey y Sevilla, España, quien fungía como jefe técnico y navegante de la escuadrilla.

La Niña y La Pinta eran piloteadas por los tenientes aviadores Feliciano Risech Amat y Alfredo Jiménez Alum, respectivamente.

En cada avión viajaban sus mecánicos, los cubanos Manuel Naranjo, Pedro Castillo y Roberto Medina, y el dominicano Ernesto Tejada.

En la Santa María también se encontraba a bordo el periodista cubano Ruy de Lugo Viña y Quintana, como cronista oficial del vuelo y representante de la Sociedad Colombista Panamericana.

Eran las diez de la mañana del 12 de noviembre de 1937 cuando la escuadrilla panamericana despegó de Santo Domingo con destino a San Juan de Puerto Rico.

Su misión: recorrer 26 países del continente, algo sin precedentes en esta región.

La ruta inicial seguida fue Santo Domingo; San Juan-Puerto Rico; Caracas- Venezuela; Puerto España-Trinidad; Paramaribo-Guayana Holandesa; y en Brasil visitaron seis ciudades: Belem, Fortaleza, Natal, Recife, Bahía y Río de Janeiro.

El 29 de noviembre abandonaron tierra brasileña hacia Montevideo (Uruguay) con la intención de volar de Montevideo a Asunción, Paraguay; pero el Presidente de Uruguay les informó que en ese país se habían reportado casos de fiebre amarilla, y decidieron continuar el 3 de diciembre hacia Buenos Aires.

El día ocho, los cuatro aviones despegaron de la capital argentina hacia Santiago de Chile, en un periplo ahora de sur a norte por la costa del Océano Pacífico.

Entonces, la escuadrilla visita Bolivia, a donde llegó el día 13. Posteriormente fueron a Perú y Ecuador, donde fueron homenajeados con el mismo calor por la población y las autoridades de esas naciones.

Más tarde continuaron viaje hacia Colombia, donde aterrizaron en Cali el 26 de diciembre, y siguieron hasta Bogotá en un avión puesto a su disposición, ya que los aparatos cubanos no contaban con la potencia suficiente para subir hasta la capital colombiana (2,550 metros sobre el nivel del mar).

El grupo regresó a Cali el martes 28 a las diez de la mañana, y partieron al día siguiente, cuando creían haber superado la parte más peligrosa del vuelo panamericano.

Sin embargo, el 29 por la mañana, en el segmento Cali-Panamá, pocos minutos después del despegue, se produjo el espantoso accidente.

MISIÓN TRUNCA, PERO NO FALLIDA

Hay distintas versiones sobre las causas del siniestro, pero lo cierto es que los aviones cubanos siguieron la ruta sobre el cauce del río Cali en dirección al mar, entrando en un cañón que cada vez se estrechaba más.

No se puede descartar que el teniente Menéndez Peláez, navegante de la escuadrilla, erró la ruta y entró por un cañón sin salida, hecho que se agrava por el peso que llevaba el avión a bordo y la falta de potencia de reserva necesaria, lo que lleva al piloto a realizar un giro muy cerrado para regresar, precipitándose a tierra.

Ante esta disyuntiva, los otros dos aviones cubanos hacen la misma maniobra, estrellándose de igual forma, en una acción en la que perecieron sus siete tripulantes.

Esa tarde el avión dominicano aterrizó en Panamá, y al conocer de la muerte de sus compañeros, decidieron poner punto final al vuelo panamericano.

El 18 de enero de 1938 llegaron al puerto de La Habana, en el buque escuela Patria, los restos de los aviadores y del periodista Ruy de Lugo Viña y Quintana, quienes fueron velados en el Capitolio Nacional con honores militares, al tiempo que le concedieron las más altas condecoraciones tras ser sepultados en el Cementerio de Colón de la capital cubana.

Con motivo del primer aniversario de la catástrofe, el 29 de diciembre de 1938, el Gobierno cubano en coordinación con las autoridades colombianas erigieron un pequeño obelisco en el lugar donde cayeran los aviones cubanos.

Dos años después, en 1940, el alférez de navío Oscar Rivery Ortiz, el suboficial piloto Juan Ríos Montenegro y el cabo mecánico Francisco Medina Pérez, realizaron un vuelo de confraternidad panamericana en un avión denominado Teniente Menéndez, en homenaje al siniestrado vuelo Pro Faro a Colón, señaló el historiador Marrón.

Años más tarde, el Mayor Frank Féliz Miranda continuó su carrera en la Aviación Militar Dominicana, alcanzando el grado de Brigadier General, hasta su fallecimiento en Santo Domingo el 20 de junio de 1954.

Actualmente el avión Colón se conserva en un pequeño parque a la entrada de la Base Aérea de San Isidro, en la República Dominicana.

El Faro a Colón finalmente fue construido e inaugurado en 1992, para el Quinto Centenario del descubrimiento de América y el 55 aniversario de la histórica travesía. (Prensa-Latina)



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Sobre Redacción Tiempo21

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