Las Tunas, Cuba. Martes 17 de Julio de 2018
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Verbo con velocidad

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amigos hablanManuel Vazquez*

La Habana.- Hace poco veía una película china donde la protagonista debatía con su esposo sobre algún tema que no alcancé a comprender. Pero me admiró la velocidad con que se expresaba.

No obstante, al fijarme en la rapidez inaudita con que una vecina mía comentaba por estos días algunas compras que había realizado, constaté con sorpresa que la actriz asiática era a todas luces una aficionada en cuanto al tema diálogo.

Supongo que expertos lingüistas puedan haberse visto en situaciones similares. La diferencia es que ellos, a diferencia mía, cuentan con las herramientas teóricas para analizar el hecho.

Recientemente un grupo de profesores de la Universidad de Lyon, Francia, (François Peregrino, Christophe Coupé y Egidio Marisco) se propusieron investigar los ritmos medios de transferencia de información en diversas lenguas.

Según publicaron en la revista Language, parece ser que, independientemente de la velocidad del habla, en diferentes regiones del planeta las personas reciben las informaciones auditivas con una regularidad equivalente.

Contando sílabas

En su análisis, los científicos franceses crearon una especie de Piedra Roseta moderna: a saber, un texto común originalmente escrito en inglés británico que fue traducido a otros seis idiomas (francés, alemán, italiano, español, japonés, y chino mandarín). En todo momento los investigadores garantizaron que el contenido semántico se mantuviera intacto.

Las traducciones fueron leídas y analizadas por nativos de cada idioma, quienes contaron el número de sílabas de los textos finales.

Con ello quedaron listos los datos para ser procesados mediante un sencillo método de determinación de la “densidad informacional”, es decir, la manera en que se puede condensar -o no- en relativamente pocos elementos lingüísticos cierta cantidad de información.

Los resultados, inesperados para algunos, sugieren fuertemente que en las lenguas que se hablan con más rapidez se dice menos por unidad de tiempo.

Por el contrario, aquellos idiomas que de manera normal se pronuncian con más lentitud poseen una mayor densidad informacional. Literalmente dicen más con menos.

En concreto, un japonés promedio pronuncia unas 7,84 sílabas por segundo, la tasa mas alta registrada durante la investigación, pero la densidad de la información que trasmite es baja, solo de 0,49.

En el caso de nuestro español (el de mi vecina), la velocidad normal es de unas 7,82 silabas por segundo, pero al igual que los japoneses, los hispanohablantes necesitamos más articulaciones vocales para expresar lo mismo (densidad informacional de sólo 0,63).

Por otra parte, un angloparlante pronuncia unas “escasas” 6,19 silabas por segundo, pero compensa esa lentitud con una densidad superior (0,91).  

Y así llegamos al chino mandarín (el de la película), que resulta ser, entre los idiomas estudiados, ¡el de mas lenta pronunciación! con únicamente 5,18 silabas por segundo, pero con un muy elevado 0,94 en densidad informacional.

Esa correlación inversa entre rapidez de pronunciación y flujo de contenidos por unidad silábica apunta a la existencia de un mecanismo “automático” de modulación de la tasa de transferencia de información verbal.

Ello permite que, independiente mente de la ligereza con que una persona sea capaz de enlazar un sonido tras otro, en todo el planeta la capacidad para trasmitir una información mediante el habla sea relativamente constante.

Así, un idioma lento a la hora de hablarse se compensa con recargar sus silabas de contenido. Por otro lado, en uno informacionalmente ligero se favorece el parloteo “excesivo”, aunque con ciertos límites para no introducir errores en la comunicación, pues la lengua -el músculo- tiene límites de velocidad.

A pesar de que no se tiene una explicación definitiva a ese balance, lo más probable es que responda a la necesidad de maximizar en lo posible el volumen de datos a trasmitir por unidad de tiempo entre dos o más seres humanos, quienes, idioma materno aparte, poseen similares estructuras auditivas y cerebrales para el procesamiento de los sonidos.

Sin dudas, una voz de alarma, independientemente del idioma en que se dé, deberá llegar antes que el peligro potencial se convierta en un hecho a lamentar.

Por supuesto, existen variabilidades personales que pueden irse por encima o debajo de la media… y mientras escribo esto pienso, aterrado, en la posibilidad de que a mi vecina se le ocurra aprender mandarín.

*Periodista de Prensa Latina

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Sobre Redacción Tiempo21

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