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Preservar el medio ambiente: tarea impostergable para la humanidad

hernan boschmedio ambiente 12Hernán Bosch
hrbosch@enet.cu

El 15 de diciembre de 1972, hace hoy 40 años, fue creado el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA por sus siglas en español y UNEP en inglés), cuyos objetivos básicos son promover la cooperación internacional en materia medioambiental y coordinar el desarrollo de las actividades relacionadas con ese tema dentro del sistema de la ONU, analizar el estado del medio ambiente mundial para informar y advertir sobre amenazas inminentes y futuras, y evaluar la influencia de la políticas internacionales y nacionales sobre la situación de los países menos desarrollados en este aspecto.

También son misiones esenciales del PNUMA promover la cooperación científica en el campo del medio ambiente, asesorar a gobiernos e instituciones para incorporar en sus políticas la cuestión medioambiental, e impulsar el desarrollo del derecho internacional sobre el medio ambiente y la aplicación de sus normas.

El enfrentamiento a los conocidos problemas que ocasiona al planeta el cambio climático ha cobrado especial fuerza en las últimas décadas, con la adopción de diversos acuerdos internacionales encaminados a frenar ese peligrosísimo fenómeno, entre ellos el famoso Protocolo de Kioto sobre el cambio climático, adoptado el 11 de diciembre de 1997 en esa ciudad japonesa, que tiene por objetivo reducir las emisiones de seis gases de efecto invernadero que causan el calentamiento global.

Sin embargo, por diversos motivos, este importante acuerdo internacional no entró en vigor hasta el 16 de febrero de 2005 y ha enfrentado múltiples dificultades para su cumplimiento, entre ellas que Estados Unidos, el mayor emisor de gases de efecto invernadero a nivel mundial, no ha ratificado el protocolo.

Estas incongruencias dificultan la eficacia de la gestión del Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente, pese a estar integrado por más de 185 países de todo el orbe y contar con Oficinas Regionales para África, Asia y Pacífico, Europa, América Latina y el Caribe, América del Norte y Asia Occidental, una sede central en Nairobi, Kenya, y oficinas de enlace en Addis Abeba, Pekín, Brasilia, Bruselas, El Cairo, Moscú, Nueva York y Viena.

Las mencionadas dependencias centran su labor en un amplio rango de temas, que van desde la atmósfera y los ecosistemas terrestres hasta la promoción de las ciencias medioambientales, la difusión de información relacionada con estos fenómenos y la emisión de advertencias para ampliar la capacidad de respuesta ante emergencias provocadas por desastres medioambientales.

En el caso de Cuba, desde hace muchos años hay plena conciencia de la necesidad imperiosa de luchar por contrarrestar los nocivos efectos del cambio climático, y prueba de ello es el trascendental discurso que hace 20 años pronunciara el líder histórico de la Revolución Cubana, Fidel Castro, en la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente, efectuada en Brasil en junio de 1992.

Durante aquella intervención, de amplia repercusión internacional, Fidel precisaba:

“Una importante especie biológica está en riesgo de desaparecer por la rápida y progresiva liquidación de sus condiciones naturales de vida: el hombre.

“Ahora tomamos conciencia de este problema cuando casi es tarde para impedirlo.

“Es necesario señalar que las sociedades de consumo son las responsables fundamentales de la atroz destrucción del medio ambiente. Ellas nacieron de las antiguas metrópolis coloniales y de políticas imperiales que, a su vez, engendraron el atraso y la pobreza que hoy azotan a la inmensa mayoría de la humanidad. Con solo el 20 por ciento de la población mundial, ellas consumen las dos terceras partes de los metales y las tres cuartas partes de la energía que se produce en el mundo. Han envenenado los mares y ríos, han contaminado el aire, han debilitado y perforado la capa de ozono, han saturado la atmósfera de gases que alteran las condiciones climáticas con efectos catastróficos que ya empezamos a padecer.

“Los bosques desaparecen, los desiertos se extienden, miles de millones de toneladas de tierra fértil van a parar cada año al mar. Numerosas especies se extinguen. La presión poblacional y la pobreza conducen a esfuerzos desesperados para sobrevivir aun a costa de la naturaleza. No es posible culpar de esto a los países del Tercer Mundo, colonias ayer, naciones explotadas y saqueadas hoy por un orden económico mundial injusto.

“La solución no puede ser impedir el desarrollo a los que más lo necesitan. Lo real es que todo lo que contribuya hoy al subdesarrollo y la pobreza constituye una violación flagrante de la ecología. Decenas de millones de hombres, mujeres y niños mueren cada año en el Tercer Mundo a consecuencia de esto, más que en cada una de las dos guerras mundiales. El intercambio desigual, el proteccionismo y la deuda externa agreden la ecología y propician la destrucción del medio ambiente.

“Si se quiere salvar a la humanidad de esa autodestrucción, hay que distribuir mejor las riquezas y tecnologías disponibles en el planeta. Menos lujo y menos despilfarro en unos pocos países para que haya menos pobreza y menos hambre en gran parte de la Tierra. No más transferencias al Tercer Mundo de estilos de vida y hábitos de consumo que arruinan el medio ambiente. Hágase más racional la vida humana. Aplíquese un orden económico internacional justo. Utilícese toda la ciencia necesaria para un desarrollo sostenido sin contaminación. Páguese la deuda ecológica y no la deuda externa. Desaparezca el hambre y no el hombre”.

A dos décadas de ser pronunciadas, las esclarecedoras palabras de Fidel tienen plena vigencia, pues la preservación a toda costa del medio ambiente constituye hoy, más que nunca, una tarea prioritaria e impostergable para toda la humanidad.



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