Lecturas

Una flor para mi amigo

familiares nicho 2aleida naval santosAleida Naval Santos
anaval@rvictoria.icrt.cu

Pasaron 35 años y la muerte del amigo y compañero de combate en tierras angolanas se mantiene en el recuerdo.

Cada 7 de diciembre Atanasio Naval Salinas lleva una flor al cementerio como tributo a los caídos durante el cumplimiento de misiones internacionalistas, pero de manera especial a José Antonio Mena Villa.

Naval, entonces soldado y también mecánico, narra su historia: “tenía Mena al morir 22 años, era el secretario de la Unión de Jóvenes Comunistas en la compañía de reparaciones. Estábamos en Luena, provincia de Moxico, en el frente norte”.

La noche anterior trabajaron hasta muy tarde en la reparación del motor de arranque de uno de los carros que se utilizaría al día siguiente para abastecer de combustible a las tropas que combatían a los bandidos que aterrorizaban a los pobladores de la zona.

Continúa diciendo Naval: “a él se le liberó por haber participado en el último recorrido, pero insistió en acompañarnos; alegó que conocía el camino, por eso el camión que conducía era el primero de la caravana.”

Al pasar Cangamba en un lugar conocido por Goma cayeron en una emboscada. Los minutos siguientes fueron de combate, unos en la selva otros por encima de la carretera, a tiro limpio lograron que el enemigo se retirara.

Luego siguió el desconcierto ante los heridos y la presencia de la muerte inminente en la más temprana edad. Quedó el amigo muerto en tierras africanas; allí le enterraron y rindieron honores todos los domingos, hasta que les correspondió el regreso a la patria.

A partir de 1989 cada año se produce el reencuentro con los caídos por la defensa de los pueblos africanos. La operación tributo dio la oportunidad a los familiares y al pueblo de llevar su flor cada siete de diciembre al panteón de los mártires internacionalistas.

En la ocasión también se rinde honores a Antonio Maceo Grajales, El titán de Bronce y a su ayudante Panchito Gómez Toro que en fecha similar pero del año 1896 regaron con su sangre los campos de Cuba.

Cada diciembre esta ciudad de Las Tunas se viste de luz, por sus calles se escucha el murmullo de su gente que acude hasta el cementerio Vicente García, a rendir tributo a los caídos.




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