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El cuidado y fomento de los bosques para el provecho de todos

La vida de los seres humanos corre peligro en nuestro planeta, el cual está aquejado de una significativa contaminación y de otros problemas relacionados con la protección del medio ambiente que repercuten en la salud o la calidad de vida de los que actualmente poblamos la Tierra.

En el caso de Cuba, eso se debe a la conducta que hemos desarrollado, a lo largo de varias generaciones, con la utilización irracional de los ecosistemas forestales, lo que a su vez, ha propiciado la pérdida de la fertilidad de los suelos y de la diversidad biológica y la ruptura del ciclo hidrológico natural.

Además, conlleva a una alarmante desertificación que amenaza la disponibilidad de agua, seguridad alimentaria y la existencia de productos forestales madereros (madera aserrada, traviesa, postes, envases, cujes y leña) y no maderables con diferentes aplicaciones en el desarrollo económico de la nación (guano, fibras, semillas, resinas y follajes).

Teniendo en cuenta que los bosques son un recurso renovable, que brindan una amplia gama de servicios económicos y sociales, es un imperativo incrementar la superficie boscosa y mantener la calidad de los que ya existen mediante su uso racional y la prevención de incendios forestales, mucho más en esta etapa poco lluviosa.

Precisamente así lo apreció el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz quien, en la Cumbre de Río de Janeiro en 1992, afirmó que la deforestación y la pérdida de biodiversidad a ella asociada constituye una preocupación para toda la humanidad.

En nuestro país, el programa de reforestación hasta el año 2015 pretende alcanzar un índice de boscosidad del 29,3 % para garantizar de forma creciente las principales necesidades de la economía nacional y de la sociedad, en general, bajo el principio del desarrollo forestal sostenible.

Específicamente en la provincia de Las Tunas, a 690 kilómetros al este de La Habana, se ha logrado elevar la superficie boscosa al 14.77 %, y se espera incrementar la cobertura al 18.4 % para el año 2015.

Para lograrlo se acometen diversas acciones por numerosos organismos y organizaciones, especialmente los Ministerios de la Agricultura y de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente, en la obtención de semillas, el resguardo de los bosques naturales y de barreras y en el fomento de las áreas productoras.

Además del desarrollo de numerosas fincas forestales, tienen significativo valor las acciones para la protección de los manglares y en el caso del territorio tunero esa actividad avanza con la siembra de las variedades rojo, prieto, blanco o patabán y la yana, especies de impresionante belleza y refugio para la reproducción de crustáceos, peces y moluscos.

Los bosques de mangles reducen los daños que puedan causar eventos naturales como marejadas, tormentas tropicales y huracanes, mantienen el equilibrio en la zona costera, impiden la intrusión salina, contienen la erosión por el oleaje, el viento y las corrientes y constituyen una gran reserva de madera.

También en el territorio tunero se prioriza la reforestación de las cuencas hidrográficas de significación local, así como en la subcuenca del río Naranjo, parte de la del Cauto.

Igual atención se da a la actividad en las áreas protegidas, particularmente en la Bahía de Nuevas Grandes-La Isleta, Bahía de Malagueta y el Refugio de Fauna Monte Cabaniguán-Ojo de Agua, en el que se disminuyen las poblaciones de marabú y piña de ratón, que ocasionan severos daños a la floresta.

En fin, el cuidado y fomento de los bosques es una de las tareas más importantes que se desarrollan en el país en lo referido a la conservación y el uso racional de recursos naturales aunque todavía falta mucho por andar para lograr lo que queremos.

Por eso se debe superar el empleo de semillas de baja calidad, mejorar las técnicas de siembra e incrementar la atención cultural en los primeros años de las plantaciones, de modo que se mejore su aprovechamiento y, también importante, que disminuya la contaminación del medio ambiente para el provecho de todos.

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