Cultura

QUERELLA / KEREYA

carlos tamayo rodriguezGrupo musical Kereya.Carlos Tamayo Rodríguez
uneactun@uneac.co.cu

El grupo musical Kereya (así: con dos faltas de ortografía en su nombre) surgió en el municipio de Puerto Padre, por coincidencia, en el mes que los historiadores  e investigadores de la llamada Villa Azul consideran que allí (y no en Bariay) tuvo lugar el primer desembarco del almirante Cristóbal Colón en nuestra Isla: octubre, pero de 2009, como dicen los redactores de efemérides.

Integra el Movimiento de Artistas Aficionados, y al año siguiente es aprobado  por la Asociación Hermanos Saíz. Desde agosto de 2012  pertenece al catálogo profesional de la Empresa provincial comercializadora de la música y los espectáculos Barbarito Diez, de Las Tunas.

Esta es una síntesis de la calidad —demostrada por Omar Pérez Sicilia, director  musical,  autor y compositor del repertorio, voz líder y guitarra; Alejandro Céspedes Pérez, guitarra bajo; Nelson Infante Echenique, percusión; Julio César González Peña, violín— cuando interpretan, además, temas de Norge Batista, Freddy Laffita, y poemas de Tony Borrego musicados por Omar.

Durante estos años ha mantenido el gesto esnob de faltarle a la ortografía materna, como otros grupos cubanos: Qva Libre, Warapo, Kola Loka…, con el afán de marcar la diferencia, llamar la atención de quienes redactan correctamente,  molestarlos, agredir la sensibilidad cultural, y, lamentablemente, confundir a los escolares a la hora de escribir palabras con cacografía.

Desde su aparición aquí me motivó; en vano manifesté mi desacuerdo con la grafía errática,  mas su repertorio me pareció atendible, en momentos de atracción por la música y la danza españolas en la Isla, el cantejondo y la rumba flamenca, empatía evidente en sus arreglos frescos, letras inteligentes, de contenidos lírico y social. Entonces presentí que trascendería si se le apoyaba.

Ahora, profesionales de la cultura, quizás valoren que la trayectoria  no depende solo del nombre artístico adoptado al iniciar la carrera, sino del rigor en los ensayos y las presentaciones ante los públicos; de no hacer concesiones facilistas para complacer a quienes ya tienen el gusto deformado por tanta banalidad musical, salpicada de chusmería, por todos los medios y canales de comunicación posibles en esta época de cultura audiovisual, de un destape bochornoso en actuaciones en vivo, por ciertos “artistas” y sus fanáticos.

Estos jóvenes talentosos nada tienen que ver con esas actitudes denigrantes; apostaron por el buen gusto y tienen seguidores cómplices en la distinción de la inteligencia humana; así logran atraer a sus seguidores, que no están perdidos, sino encontrados en una coyuntura de dificultades de todo tipo, de las que han de emerger mejores compositores e intérpretes de la novísima trova, de la música cubana para bailar con decencia… y por qué no, sin esas dos faltas señaladas, de cuando necesitaban que se fijaran en ellos. Si así lo decidieran, voto a favor de una nueva imagen, de la inédita presencia femenina correspondiente a la joven ingeniera, cantante y productora, Virginia Martín Alfonso.  Si así fuera: ¡Bienaventurado, QUERELLA!



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