Las Tunas, Cuba. Viernes 20 de Octubre de 2017
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En respuesta al llamado de la tierra

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raul estrada zamoraMercado agricola.Raúl Estrada Zamora
estrada@enet.cu

Las Tunas.- Gleidys Rodríguez Mir es una campesina residente en Pozo Blanco, un pequeño caserío enclavado a no sé cuántos kilogramos de polvo, por un terraplén que parte desde Chaparra, cabecera del municipio de Jesús Menéndez, a más de 70 kilómetros de esta ciudad, capital de la provincia de igual nombre, situada, a su vez, a 690 kilómetros al este de La Habana.

Típica mujer rural, alegre y dicharachera, Gleidys a veces atropella palabras del español hablado en Cuba, pero, ¡cuidado con ella!, que puede ofrecerle a cualquiera una magistral conferencia sobre la obtención del humus de lombriz, su labor en la Cooperativa de Producción Agropecuaria Lizardo Proenza, ubicada en aquella zona; y lo deja a uno perplejo, contándole las ventajas de los abonos orgánicos para el desarrollo de una agricultura económica y ecológicamente sostenible.

Por suerte, no es la excepción. Conozco a cientos de hombres y mujeres del campo, productores de alimentos, que han aprendido a lidiar frente al cambio climático, la cíclica sequía, la degradación de los suelos, la deforestación, los huracanes, las inundaciones y otros fenómenos naturales, además de sobreponerse a la falta de recursos materiales, tecnológicos y financieros que provocan la crisis económica mundial, el bloqueo de Estados Unidos contra Cuba y los propios errores y tendencias negativas.

Y todo, sobre la base de aplicar la ciencia, las tecnologías y la innovación, en favor de producir más y mejores alimentos en armónica relación con la naturaleza, aun cuando muchos de esos campesinos y obreros agrícolas no sepan que están desarrollando un sistema agroecológico que la Organización de Naciones Unidas (ONU) ha recomendado al resto de los países del mundo.

Entre las técnicas más generalizadas en ese sentido, tanto en Cuba como en el particular caso de Las Tunas, además de la producción y aplicación de abonos orgánicos (humus, compost, residuos de cosechas, microorganismos naturales, subproductos de la industria azucarera, estiércol animal y otros) se recurre a la diversificación y rotación de los cultivos, lo cual contribuye a conservar y mejorar el suelo.

Especial esfuerzo se realiza en la introducción de semillas y tecnologías de alta calidad, generadas por medios biotecnológicos en centros de investigación tan prestigiosos como el Instituto Nacional de Investigaciones Fundamentales en Agricultura Tropical (INIFAT), su homólogo en el estudio de viandas tropicales, el encargado de la ciencia animal, la Estación Experimental Indio Hatuey, de Matanzas; su similar en Las Tunas, la Universidad Vladimir Ilich Lenin, con sede en esta ciudad, por mencionar solo a algunos.

Con el fin de incrementar los rendimientos, la calidad de los productos agrícolas y la salud de los animales, los agropecuarios de Las Tunas también acuden, cada vez más, a la investigación y a la extensión de las experiencias individuales, como en el caso de la producción de maíz, frijoles, soya, sorgo, arroz, frutas y otros comestibles, de cada uno de los cuales se han introducido decenas de variedades, más productivas y resistentes a la sequía y las plagas.

Respecto al ganado, los agricultores de Las Tunas conceden prioridad a la alimentación de los rebaños. Así, por ejemplo, en la provincia se han identificado 19 zonas agroecológicas, atendiendo a las características de los suelos, las precipitaciones y otros factores, en las que se sembraron más de 12 variedades de king grass y al menos tres de caña azucarera, con el fin de que los agrarios seleccionen las semillas de las especies preferidas, de acuerdo con los rendimientos y las características de sus respectivas fincas.

Según el Grupo Nacional de Agricultura Urbana y Suburbana, Las Tunas es el territorio cubano que más ha avanzado en este experimento, y como ejemplo está, entre otros, la base alimentaria creada en la Cooperativa de Producción Agropecuaria Calixto Sarduy, próxima a esta capital provincial, que cuenta con una gran diversidad de plantas forrajeras de alto nivel nutritivo.

Aunque todavía en esta zona los rendimientos agrícolas son más bajos de lo que puede esperarse, y no pocos productores siguen aferrados a la utilización de productos químicos y el riego en demasía de sus estancias, con el subsiguiente daño a la fertilidad del terreno, la aplicación de técnicas agroecológicas va rindiendo frutos a favor del incremento de la disponibilidad de una alimentación, tanto para las personas como para los animales, más sana y económicamente sostenible.

De hecho, y a pesar de los diversos problemas ambientales ya señalados, la crisis económica global y el genocida bloqueo de Estados Unidos, este año los agricultores tuneros superaron ampliamente sus planes de producción de alimentos y lograron crecer en casi todos los renglones, resultados muy positivos para el consumo interno, la exportación y la sustitución de importaciones.

Es que, como en el resto del archipiélago cubano, los agropecuarios de Las Tunas siguen respondiendo, ecológicamente, al llamado de la tierra, el recurso más importante con cuentan, después de su capacidad para hacerla producir. 



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