Las Tunas, Cuba. Jueves 24 de Agosto de 2017
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Las aguas de Omaja tienen su historia

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juan-gonzalez-ortizTerminal OmajaJuan González Ortiz
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Omaja, es un poblado ubicado al sur del municipio de Majibacoa, en la provincia de Las Tunas, y cuenta su historia que por allá principio del siglo XX se establecieron allí, estadounidenses, finlandeses, haitianos, jamaicanos, españoles, indues, chinos y puertoriqueños entre otros, pero todos enfrentaron la misma problemática: la escasez de agua.

Aún así, se fue formando un poblado a orillas del ferrocarril, lo que facilitaba el comercio de mercancías la llegada de pasajeros y el suministro de agua la que no llegaba a dar respuesta a las necesidades. La situación era tan difícil que se llegó a conocer a Omaja con el sobrenombre de: Pueblo sin agua y sin cepa.

Las viviendas de nativos y emigrantes necesitaban del agua, al igual que las instalaciones, entre ellas dos panaderías, igual cantidad de aserríos, iglesias, un correo, una agencia, vehículos marca Ford, una escuela, varias tiendas, fondas y el cine, entre otros.

La población solo tenía un pozo conocido como el pozo de Míster Lesly, al paso de la línea por su cercanía al puente. Sus aguas servían para todos los quehaceres del hogar y se encontraba a más de un kilometro del poblado y se cuenta que las mujeres se trasladaban a ese lugar para lavar las ropas y que eran característicos los grandes cordeles tendidos al sol.

Al pozo de Míster Lesly se unieron otros, casi siempre con aguas salobres no aptas para el consumo pero de algo servían; los habitantes con mayor posibilidades económicas se construyeron aljibes y encima de ellos, levantaban sus viviendas en algunos casos con el objetivo de mantener fresco el liquido.

Surgieron aguadores como es el caso de Lalo Pérez; el tren traía el aguas desde san José en la provincia de Camagüey y hasta se llegó a utilizar el agua caliente de las máquinas de vapor de la época y las del tanque auxiliar para enfriar las calderas.

La situación cambiaba y en los años 60 del pasado siglo un grupo de personas adquirió un carro marca Chevrolet para el tiro de agua. El mismo se compró a partir de donaciones voluntarias de dinero o recolectas en fiestas y se le tuvo que reparar y adaptar una pipa, pero eso no fue la solución como tampoco lo fue el acueducto inaugurado en 1965, ni el tanque elevado y la rehabilitación de las redes hidráulicas a, mediado de los años 80.

Muchas fueron las penurias y necesidades de los residentes en el poblado centenario de Omaja, quienes no vieron resuelto del todo el problema hasta el 25 de Abril de 2009, al quedar inaugurado el nuevo acueducto valorado en más de 483 mil pesos cubanos convertibles y un millón 148 mil 490 pesos en moneda nacional.

De manera que ya Omaja no es un pueblo sin agua y mucho menos si cepa.

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Sobre Redacción Tiempo21

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