Las Tunas, Cuba. Viernes 20 de Octubre de 2017
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Abel Santamaría, inmortalizado en la historia patria

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hernan boschAbel Santamaría Cuadrado.Hernán Bosch
hrbosch@enet.cu

En ocasión de cumplirse este sábado 20 de octubre el aniversario 85 del natalicio de Abel Santamaría Cuadrado, vale la pena recordar que en su histórico alegato durante el juicio a los asaltantes del cuartel Moncada, en 1953, el doctor Fidel Castro, líder del grupo de jóvenes revolucionarios cubanos que protagonizaron el 26 de julio de ese año la valerosa acción armada, había calificado a este hombre como “el alma del movimiento”, debido a que, con apenas 25 años de edad, sobresalía por ser muy organizado, valiente, de seriedad probada y discreción extraordinaria.

Esas cualidades lo habían hecho merecedor de ser designado por Fidel como segundo jefe de aquella gesta, que si bien fue un fracaso desde el punto de vista militar debido a un elemento fortuito que impidió aprovechar el factor sorpresa, se convirtió en una clarinada para el inicio de la etapa final y definitiva de las luchas libertarias del pueblo cubano.

Nacido en el central azucarero Constancia, municipio de Encrucijada, antigua provincia de Las Villas, a unos 400 kilómetros de La Habana, Abel era uno de los hijos del matrimonio de origen español conformado por Benigno Santamaría y Joaquina Cuadrado.

En sus años juveniles había laborado en el Constancia como mozo de limpieza y despachador de mercancías, y posteriormente como empleado de oficina, por lo que desde su juventud recibió los influjos de la rebeldía de los trabajadores de aquella agroindustria, cuyos campos cañeros fueron testigos de la labor revolucionaria del gran dirigente de los obreros azucareros Jesús Menéndez.

En 1947 Abel se traslada hacia La Habana, y luego de estudiar en la Escuela Profesional de Comercio y en un Instituto de Segunda Enseñanza, labora en la Textilera Ariguanabo y en una agencia de venta de automóviles.

Ello le posibilita alquilar un pequeño apartamento en El Vedado y traer también a la capital a su hermana Haydee, junto a quien se integra a la lucha revolucionaria, primero contra la corrupción del gobierno auténtico de Carlos Prío y luego contra la tiranía de Fulgencio Batista.

Ingresa en el Partido del Pueblo Cubano (Ortodoxo), organización apoyada por la mayoría de la población, y un encuentro fortuito con el líder Fidel Castro serviría para unirlos definitivamente en la lucha revolucionaria y en la organización de la gesta heroica del 26 de Julio.

Muy pronto Abel es designado segundo jefe del Movimiento, integra el comité civil y militar de esta organización clandestina, e interviene en la preparación del plan de asalto a los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes, de Santiago de Cuba y Bayamo, respectivamente.

El joven villaclareño concordó plenamente con Fidel en cuanto a la estrategia y la táctica de lucha, de forma tal que fue ocupando cada día mayores responsabilidades dentro del proyecto que dirigía el líder revolucionario: con el prócer José Martí como centro y modelo de las mejores y más puras corrientes del acervo revolucionario, antiimperialista, internacionalista y de liberación nacional del pueblo cubano.

Durante las acciones del 26 de Julio, Fidel había ordenado que Abel, con otros 19 hombres, además del doctor Mario Muñoz, su hermana Haydee y Melba Hernández, las únicas dos mujeres que participaron directamente en esta gesta, tomara por asalto el hospital Saturnino Lora, muy cercano al cuartel Moncada.

La idea del líder revolucionario era que, en caso de caer el en combate, Abel asumiera la dirección del Movimiento.

Lamentablemente, Abel fue hecho prisionero después de cumplir con éxito su misión de tomar el hospital, y de fracasar el asalto del cuartel al fallar el factor sorpresa.

El mismo día de estas acciones fue salvajemente torturado y asesinado por los esbirros del dictador Fulgencio Batista.

En uno de sus artículos publicados en el diario Granma, la prestigiosa periodista y escritora Marta Rojas, quien tuvo el privilegio histórico de reportar aquellos hechos en su natal Santiago de Cuba, resumió algunas de las palabras de Fidel relacionadas con Abel Santamaría durante el juicio a los asaltantes del Moncada.

Al respecto escribió Marta:”En el juicio celebrado, donde Fidel asumió, como abogado, la defensa del hecho revolucionario, más que la suya propia, declaró con hidalguía —refiriéndose a Abel Santamaría— que “su heroica resistencia lo inmortaliza ante la historia”, pues se mantuvo combatiendo mucho tiempo después que sus compañeros pudieron retirarse del punto principal. Hecho prisionero, junto a su hermana Haydee y Melba Hernández, que fueron para servir de enfermeras en caso necesario, ya que habían participado con los demás en la organización del Movimiento, fue conducido prisionero junto a los demás revolucionarios bajo su mando, entre ellos un médico, el doctor Mario Muñoz Monroy.

“Los torturadores militares querían arrancarle de los labios el nombre del jefe del Movimiento y sus planes, pero Abel guardó silencio al igual que los demás, y esa misma mañana, luego de sacarle los ojos y torturarlo horriblemente, lo asesinaron”.

Como afirmara Fidel, su heroica actitud lo inmortaliza por siempre en el Olimpo de los héroes y mártires de la Patria.

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