Las Tunas, Cuba. Sábado 16 de Diciembre de 2017
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Realidades mueven montañas

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Marcos Alfonso
map@ain.cu

Quienes peinamos canas, al menos los de Juventud Rebelde, memorizamos con nostalgia los responsos del siempre vitriólico Guillermo Lagarde o los irónicos descargos de Francisco Cano, quienes con sus estilos, siempre enseñaron la lección de la “veracidad por sobre todas las cosas”.

Esa enseñanza, siempre presente, toma más fuerza cada vez que leo los disparates malintencionados publicados en libelos y sitios digitales que colman el planeta. Como diría Lagarde: “Llaman al bostezo”. A pensar cómo aplastarlos, diría yo.

Me retrotraigo a los últimos comicios en Venezuela. El colega Celino Cunha Vieira, desde Portugal, escribía sobre el tema: “Al final de la pasada semana asistimos a una payasada por parte de los grandes medios al servicio de los todopoderosos, quienes daban por cierta la derrota del Presidente, Hugo Chávez.

Ante la victoria, agregaba Celino: “Esa propia comunicación social, la portuguesa incluida, ignoró los resultados en los principales noticieros y periódicos, relegándolos de las portadas o espacios estelares (.)”. Añado: y convirtiéndolas en simples y escuetas notas perdidas por los recovecos de cualquier página sin preeminencia.

El ejemplo no concita comentario porque se imbrica en la bien llamada guerra mediática que se libra contra todo aquello cuyo destino, por altruista y humano, no esté acorde a los intereses de la gigantesca maquinaria de la información destinada a confundir, crear el caos u ocultar reales y objetivas verdades.

Los cubanos estamos hartos de semejantes desmanes desde los propios inicios del proceso revolucionario de 1959: “Enajenar el apoyo interno a través del desencanto y el desaliento basados en la insatisfacción y las dificultades económicas (.)”, reza un documento del State Departament.

No creo exista alguna otra nación en el planeta para la cual se hayan diseñado espacios de radio y televisión expresamente dirigidos a incidir con falacias y sucesos tergiversados sobre su conciencia nacional y además, con el apoyo financiero de un gobierno, en este caso, el de los Estados Unidos.

En años recientes hemos leído y vivido acerca de cómo los medios de comunicación internacionales, desde su poderosa rampa de despegue, lanzan andanadas de misiles informativos para transformar la realidad y confundir a los lectores de todas latitudes.

Para los cubanos no constituyen secreto algunas de las dificultades por las cuales atravesamos: de un lado, la crisis económica mundial, real y objetiva. De otra, las insuficiencias nuestras de cada día. Ambas, aderezadas por el bloqueo económico, financiero y comercial de los Estados Unidos contra Cuba.

No pretendo salirme del tema mediático. Hace apenas horas, como parte de las transformaciones en lo económico y social sancionadas en el VI Congreso del Partido y recogidas en los Lineamientos, salió a la luz pública la información sobre los cambios en la política migratoria “ajustada a las condiciones del presente y futuros previsibles”.

Pues bien, la posibilidad de “bucear” en agencias, sitios web y otros espacios mediáticos, me “ilustran” cómo arman sus campañas nuestros dilectos y fulleros criticadores.

El archi terrorista El Nuevo Herald, aportó su granito de arena: “Las nuevas leyes de emigración de Cuba (.) podrían afectar la política migratoria de Washington con respecto a los cubanos.

En comentario de la agencia EFE, fechado en Washington (16 de octubre), se escribe: “La reforma migratoria anunciada hoy por Cuba (.) fue elogiada por grupos que apoyan la flexibilización del embargo de Estados Unidos, y calificada como treta por congresistas cubanoamericanos”.

Otros titulares por el estilo de otros medios digitales: “Cubanos de Miami cuestionan flexibilización de ley migratoria”; “Reforma migratoria: alegrarse o conformarse”; “Del lobo más de un pelo”; “Sacándole presión a la olla”.

El objetivo mediático es evidente: criticar, sembrar dudas, confundir. ¿Algo diferente a lo visto o escuchado a lo largo de más de medio siglo?

Afortunadamente, la verdad preconizada por nuestros predecesores, siempre se abre paso más allá de mediáticas y engañosas políticas editoriales. Las realidades, mueven montañas. (Agencia Cubana de Noticias)

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Sobre Redacción Tiempo21

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