Breves apuntes en torno a la corrección de las Poesías completas de El Cucalambé

Carlos Tamayo Rodríguez
uneactun@uneac.co.cu

Cuando en 1974 vio la luz el título Poesías completas1 de Juan Cristóbal Nápoles Fajardo (El Cucalambé) sus lectores invadieron las librerías y el tomo se agotó. En 1977 apareció la segunda edición y de igual forma fue adquirida rápidamente. Lo mismo sucedió con la tercera en 1983. El análisis textual lo haremos basándonos en las dos primeras ediciones.

La primera pregunta que surge ante el esfuerzo editorial que significa publicar un título semejante es si la compilación logró reunir la totalidad de la obra presentada como “completa”. En el caso que nos ocupa hemos podido comprobar que la recopilación de marras excluye un elevado número de composiciones de Nápoles Fajardo. Mas no es precisamente este el aspecto que pretendemos analizar aquí, sino llamar la atención hacia el estado en que se encuentra el texto de El Cucalambé, como resultado de las correcciones practicadas de edición en edición.

Algunas consideraciones acerca del método de corrección

En el prólogo a las Poesías completas aparecen expresiones que, además de evidenciar ligerezas metodológicas, se prestan a confusiones en cuanto a la actitud asumida por el corrector Orta ante la obra ajena:

No continuaremos atribuyendo pasivamente al infortunado poeta, ripios, versos mal medidos, faltas de concordancia, rimas incorrectas y otros defectos con que los impresores han deformado y afeado muchos de sus poemas. Con un poco de amor, estudiando las características de su poesía, agudizando el ingenio por la vía de la deducción lógica, podemos hacer que el propio autor, no obstante su muerte, corrija su obra (?)2

Pensábamos que se presentaría una corrección cuya base estuviera afianzada, al menos, en el cotejo de las ediciones anteriores y no sólo en la deducción “lógica”. El no haber razonado en el prólogo las distintas rectificaciones nos impide conocer en detalles la magnitud de las mismas:

No vamos a razonar cada una de las rectificaciones que hemos hecho. Sólo hemos querido explicar con unos ejemplos el método empleado para dichas correcciones. No a nuestro gusto, no a nuestro capricho, sino haciendo que El Cucalambé presente en esta edición su primera fe de erratas. (?)3

¿Qué sucedería con la originalidad de la obra de Nápoles Fajardo, si en cada nueva edición se presenta una fe de erratas semejante, justificada precisamente en su muerte y en esa metempsicosis, ajena a la concepción científica de los estudios literarios actuales?

[El Cucalambé] no participó en ninguna de las tantas reediciones de su obra más conocida. Las erratas de la primera edición se repitieron mecánicamente, creyendo tal vez que se estaba respetando al autor, y lo que se hacía era perpetuar la falta de respeto de algunos editores.4

La ausencia de la bibliografía activa consultada en la corrección nos limita el conocimiento de si, entre otras, “la primera edición”, portadora de las erratas originales, fue revisada.

Esta labor también se ha visto afectada por expresiones indiscriminadas con respecto a “algunos editores” de Nápoles Fajardo: “un cajista descuidado y un corrector de pruebas distraído y sordo le hacen cojear un cuarteto”,5 “una travesura genial de la casualidad en contubernio con el abandono demoníaco de un tipógrafo. . .” 6

Limondi / Sismondi; lirio / cirio: casos particulares

En el apéndice a la segunda edición de las Poesías completas aparece una rectificación a Nápoles Fajardo, representativa del método comentado:

Lecturas e ideas de El Cucalambé

Sobre este aspecto, hemos concluido un estudio pero su extensión no hace posible su inclusión en este breve apéndice al prólogo. Vamos solamente a incluir un caso.

Dice el cantor en su poema titulado “Romance”:

Tomo a Lista y a Limondi

[…]

Este Lista no es otro que Alberto Lista y Aragón, famoso escritor y matemático español (1775-1848) y este Limondi… Simonde de Sismondi (1773-1842), economista e historiador suizo; pero un error de imprenta —¡uno de los tantos que hemos rectificado en estas obras completas!— nos ha impuesto, por decenas de años, a este extraño Limondi.7

La frase “este extraño Limondi” es imprecisa: “¿extraño” por no haberlo encontrado en los diccionarios de autores disponibles? El estudio completo de Orta se titula “El Cucalambé, huellas de sus lecturas”, publicado en la revista Revolución y Cultura, el cual contiene la “deducción lógica” aludida por su autor, en la hipótesis planteada:

¿Y quién era Limondi? Esta pregunta nos la hicimos por largo tiempo sin tener respuesta, hasta que encontramos un manuscrito de El Cucalambé, y observamos que su ese mayúscula es fácilmente confundible con una ele mayúscula. Ya con ese elemento de juicio nos atrevemos a decir que se trata de Sismonde de Sismondi…8

El investigador reitera el criterio dado a conocer en el apéndice, y ofrece el “elemento de juicio” a diferencia de la vez anterior, no describe el documento de referencia ni consigna el archivo o biblioteca (estatal o particular) donde se atesora. (En las páginas de Revolución y Cultura Orta no incluye el facsímil del documento, por lo que los lectores se ven precisados a hacer abstracción de la caligrafía de El Cucalambé, e imaginar cómo trazaba la S y la L.)

En nuestro caso, que hemos revisado la documentación de Nápoles Fajardo existente en el Archivo Histórico Provincial de Santiago de Cuba (Academia de Ciencias), las consonantes en cuestión no nos parecen “fácilmente confundibles”.

Pero lo cierto es que la confusión planteada por el corrector no consiste en la de una S y una L, sino en la diferencia de dos silabas: Li-mondi / Sis-mondi… Ocurre que Orta sostiene que El Cucalambé era lector de Sismondi y ha adulterado el verso “Tomo a Lista o a Limondi” (1886), ya no sólo en “Tomo a Lista y a Limondi”, sino en “LEO a Lista y a Sismondi”, según lo transcribe en “El Cucalambé, huellas de sus lecturas”. ¿También es “fácilmente confundible” la T y la L; Tomo y Leo…?

Motivados por estas divergencias nos dimos a la búsqueda de los manuscritos utilizados en la edición de 1886, en la cual aparece “Romance”. Gracias a la familia Nápoles Urrutia —legítima heredera de El Cucalambé, residente en Puerto Padre—, hemos comprobado que los tipógrafos del siglo XIX no interpretaron mal el manuscrito, como suponía el corrector; toda vez que en el mismo es Limondi, y no Sismondi, el sujeto tomado.

Mas no podemos pasar por alto que los manuscritos llevados a la imprenta no son de puño y letra de El Cucalambé, sino una copia de sus versos, realizada por alguien cuyo nombre ignoramos todavía. (Decimos esto apoyados en las diferencias caligráficas observables en los manuscritos confrontados. Véanse las fotocopias adjuntas a este trabajo.)

Así pues, aceptaremos que Sismondi ocupe el lugar del extraño Limondi, cuando el corrector muestre el “Romance” de puño y letra de Nápoles Fajardo, pues esta rectificación al poeta carece de rigor.

Párrafo aparte merecen las correcciones realizadas por Orta a El Cucalambé y a uno de sus más serios estudiosos: Cintio Vitier.

Orta considera como “errores geniales” los que han llevado a Vitier por el camino de las anticipaciones literarias cucalambeanas. Citemos a Vitier por el prólogo de Orta:

“Brillos, rumores, hojerío, pájaros y raíces, a tal punto que diríamos casi en el umbral de las metamorfosis vegetales: umbral que sólo una vez traspasó el poeta, cuando sintió que sus ojos se volvían inflamados lirios. Y ésta es, creo, la primera metamorfosis original, no heredada de la tradición grecolatina, que aparece en nuestra poesía [C. V.].” He ahí una de las flores extrañas. Y ésta es la otra:

Yo miro de la montaña

El incesante rumor.

Cintio Vitier, con explicable asombro, manifiesta: “Adelantándose intuitivamente a un género de traslado de sensaciones que pondrá de moda el simbolismo francés, afirma nada menos que rumores visuales.”

Son esas las únicas erratas que benefician singularmente a nuestro querido poeta. Pero tenemos que admitir, no sin lamentarlo, que esa metamorfosis vegetal y ese anticipo de sinestesia también fueron atribuidos a El Cucalambé por los tipógrafos.9

En vista de que Orta rectifica a Vitier por medio de su intuición, al igual que hace con el cantor de Rufina, no nos extenderemos en la contra argumentación al corrector de ambos autores.

El propio Orta ha sostenido la cultura y el dominio de la métrica que tenía El Cucalambé. No obstante le rectifica el octosílabo “yo miro de la montaña”, sin fundamentos aceptables:

Subraye las veces que encuentre el verbo admirar. Lo encontrará decenas de veces, siempre vinculado a la celebración de la naturaleza. El conjunto le dará una idea clara de lo que está confuso en el elemento. Y así, conociendo lo particular a través de lo general, coincidirá con nosotros en que el poeta dijo Yo admiro de la montaña…10

De más está decir que el lenguaje poético y su sistema de licencias permiten, entre otras cosas, la existencia del tropo. ¿Puede o no el poeta decir que el sol está alegre? ¿Se olvida que en infinidad de poesías El Cucalambé recurre al antropomorfismo?: “Y sonríen las riberas, / que el Hórmigo fertiliza”. Dudamos que existan elementos de juicio para pensar que Nápoles Fajardo, ¡poeta!, no pudiera mirar el rumor

El verso “yo admiro de la montaña”, está menos logrado —por el mal gusto de la sinalefa yoad—, que el tradicional de El Cucalambé. Sin embargo, en las Poesías completas el verso que leemos es el que sostiene el corrector como legítimo de Nápoles Fajardo: “yo admiro de la montaña”.  

Es honesto decir que la razón parece asistirle a Orta, al rebatir el caso “inflamados lirios” / “inflamados cirios”. Mas el acierto demuestra las limitaciones de su método de corrección:

Releamos el poema “Mi estado”. Veamos cómo el cuarteto siguiente al que termina diciendo Fueron mis ojos inflamados lirios aparecen inmediatamente estos dos versos:   

Iba cortando de mi vida el hilo

La palidez del funeral espectro,

y que doce cuartetos más adelante, esta referencia a la muerte se localiza: Tristeza funeral para mis ojos. Ahora preguntémonos: ¿Qué sugiere más lo funeral, el lirio o el cirio? Y si este razonamiento no fuera lo suficiente, localicemos en las quintillas tituladas “Una joven incauta” los dos versos iniciales, que son:

¡Qué! Tan joven, y ya son

Tu ojos ardientes cirios?

Sustituya el epíteto ardientes por el de inflamados [¡¿con qué derecho¡?] y reconstruya un verso puramente cucalambeano: Fueron mis ojos inflamados cirios. 11

Este proceso de reconstrucción no puede tener cabida entre nosotros, por cuanto la obra artística es una herencia del patrimonio nacional, y como tal, debe ser conservada para el conocimiento de las generaciones futuras. Si el texto de Nápoles Fajardo continúa siendo alterado de esta forma, con este método, en años venideros no se leerá a El Cucalambé, sino a sus correctores.

La restitución de ese verso a la obra de Nápoles Fajardo debió hacerse por la vía del estudio de las distintas ediciones que se atesoran en nuestro país. La vuelta al “cirio” podría haberse dado sin necesidad de las inducciones y las deducciones: en las ediciones de 1879 y 1884, al parecer desconocidas para el compilador, el endecasílabo aparece como propone éste: “Fueron mis ojos inflamados cirios.”

Cuando dijimos que la razón parecía asistir a Orta, lo manifestamos atendiendo a su tesis de que las erratas de la edición príncipe de Rumores del Hórmigo se repitieron en las subsiguientes ediciones. Cabe pensar, pues, que cirio fuera en las de 1879 y 1884, errata de lirio, y que el verso puramente cucalambeano sea “Fueron mis ojos inflamados lirios”…

No consumiremos el margen de error que implica desprender conclusiones a partir de consideraciones que no son todo lo fundamentadas que quisiéramos. La no localización por nuestra parte de los originales de El Cucalambé y su edición príncipe nos impide hacer recorrecciones en este momento. Sólo hemos querido llamar la atención hacia el estado en que se encuentra su texto, que, como veremos a continuación, dificulta los estudios estilísticos o de otra naturaleza, incluso, a investigadores acuciosos, mas no avisados de esta cuestión. Tómense, pues, con discreción, todas las rectificaciones de Orta a Nápoles Fajardo y a Cintio Vitier.

En su importante trabajo “Los poemas esdrújulos de El Cucalambé”, Mary Cruz ha demostrado la inconsistencia de una consideración de Aurelio Mitjans, quien afirmaba que El Cucalambé hacía alardes de cultura al “amontonar esdrújulos”. Mary Cruz analiza esta modalidad expresiva del poeta y desmiente con creces a Mitjans:

En estos nueve poemas utilizó Juan Cristóbal Nápoles Fajardo 350 vocablos proparoxítonos: en lugar de la rima, en asonancia o en rima consonante. De ellos, 201 fueron empleados una sola vez; 79 dos veces, 33 tres veces, 20 cuatro; 7 cinco; 5 seis, y 3 siete veces. (Únicamente dos, cítara y mísero, se repitieron en quince ocasiones). Se trata de esdrújulos naturales, con la excepción de 17 formas de verbos con pronombres enclíticos y siete adjetivos en grado superlativo. Quiere decir que el vocabulario de El Cucalambé —en la mayoría de los casos— hace honor a sus estudios clásicos… 12

Si bien hay que reconocer la importancia de este estudio, debemos apuntar lo beneficioso que hubiera sido confrontar los nueve poemas analizados, con las ediciones anteriores a las que cita, según la bibliografía consultada: Rumores del Hórmigo (1938) y Poesías completas (1974).

Refiriéndose al soneto “A Teótima” y un verso del mismo, Mary Cruz ha expresado lo siguiente:

… A mi juicio, este sería el mejor de todos los poemas esdrújulos de El Cucalambé, si no fuese por el segundo verso del segundo cuarteto. Lo supongo una trascripción errónea. “Me haces al mundo parecer estético”, ¿no será me haces el mundo padecer estético? El verso que sigue así lo sugiere [“Encuentro lo más bello antipoético”]. Yo interpreto: Ella, con su altivez y sus miradas que echan llamas convierte el mundo en un dolor para su alma de artista, porque hasta las cosas más bellas se le antojan antipoéticas, lo cual lo aterra (a él, precisamente porque es poeta). 13

Ocurre que en la edición de Rumores del Hórmigo de 1884, el verso en cuestión no aparece como “me haces al mundo parecer estético”; ni como propone Mary Cruz: “me haces el mundo padecer estético”; sino así: “Me haces al mundo parecer escético”, que seguramente en una trascripción actualizada quedaría así: “Me haces al mundo parecer escéptico”.

También en este libro de 1884, el primer endecasílabo de “A Teótima” difiere del que aparece en las Poesías completas “Con ese genio desigual, satánico” (1974 y 1977); “con ese genio sin igual, satánico” (1884).

En una rápida confrontación hemos notado los cambios siguientes:

1. “A mi amigo D. M. Rosende”

¿No ves como aquí las vírgenes (1974 y 1977)

¿No sabes que aquí las vírgenes (1884)

2. “A Mónica”

   ¡Válgame Dios, idolatrada Mónica! (1974 y 1977)

   ¡Válgate Dios idolatrada Mónica! (1884)

3. “A mi lira”

Blanco feliz de mi existencia férvida (1974 y 1977)

Blanco feliz de mi constancia férvida (1884)

4. “Réplica al cantor de la piña”

Me haces abrazar la cítara (1974 y 1977)

Me haces embrazar la cítara (1884)

En este mismo poema se encuentran otros cambios:

A darnos cargas, letífero (1974 y 1977)

A darnos cargas, letíferas (1884)

Sonará la voz sibílica (1974 y 1977)

Sonará la voz deífica (1884)

En vez de cantar mis jácaras (1974 y 1977)

   Volviendo a cantar mis jácaras (1884)

5. “A mi hermano Manuel”

Ya los tristes farmacéuticos (1974 y 1977)

Ya los pobres farmacéuticos (1884)

En la estrofa número 11 de este poema falta un verso, el cuarto, lo cual no fue notado ni por los editores de las Poesías completas ni por los de la edición de Rumores del Hórmigo de 1938: “Vuelvan a armar otro escándalo” (1884). El esdrújulo escándalo se encuentra en otras poesías, mas su inclusión en la tabla al final del trabajo de Mary Cruz, aumenta la frecuencia de uso y el número de poemas en que aparece, de dos en tres veces, según su conteo.

6. “Respuesta a una invitación”

Quiero ser más bien, o un pájaro (1974 y 1977)

Quiero ser más bien, o un páparo (1884)

Este esdrújulo, páparo, fue tabulado, más su frecuencia aumenta, al igual que el número de poemas en que aparece, de uno en dos.

7. “Réplica al cantor de la piña”

De los hermosos tallos en que osténtase

las verdes hojas del papayo indígena (1974 y 1977)

De los hermosos tallos en que osténtanse

las verdes hojas del papayo indígena (1886)

Como podemos ver, esta confrontación hubiera sido de gran utilidad para el estudio realizado, ya que además habría evitado proponer hipótesis acerca del año en que fueron escritas algunas poesías:

Entre los nueve poemas esdrújulos se encuentran cuatro romances epistolares: “A mi amigo D. Lorenzo Artime”, “Respuesta a una invitación”, “A mi amigo D. M. Rosende y C.” y “A mi hermano Manuel”. Sólo el primero está fechado (1850); pero el último —por la referencia a la cuestión de Oriente que culminó en la Guerra de Crimea (1854-1856)— debió ser escrito antes de la conclusión del conflicto. Los otros dos parecen corresponder a la misma etapa de los mencionados… 14

En la edición mexicana de Rumores del Hórmigo (1884), “A mi amigo D. M. Rosende y C.” aparece fechado en 1850, y “A mi hermano Manuel”, en 1854.

Del epítome a las Poesías completas de El Cucalambé extraemos el soneto “A Brígida”, que no pudo ser justamente apreciado por Mary Cruz, como los otros poemas esdrújulos por haber sido excluido en esa recopilación:                                                      A BRÍGIDA

Siempre has de pedirme oro magnífico
Sin compasión de mi bolsillo escuálido,
Si para el mal de que me veo inválido
No hallo en tu corazón un específico.

Si mi carácter es dulce y pacífico
Y el genio tienes como el viento cálido,
Y al verme triste, pensativo y pálido
Me haces gemir con tu mirar terrífico…

¡Aléjate de mí!… Busca otro báculo,
Busca otro ser que con audacia rígida
Lleno de oro te ofrezca un receptáculo.
Yo te detesto, y por huirte ¡oh Brígida!
Sin consultarme con ningún oráculo
De mudada me iré a la zona rígida.15

Para concluir este comentario al estado defectuoso del texto de El Cucalambé, consideramos oportuno señalar que en las Poesías completas pueden encontrarse una buena parte de los errores imputados a las ediciones anteriores. Mas sólo destacaremos algunos de los que corresponden al aspecto que nos ocupa en esta ocasión.

Al confrontar verso a verso la primera edición de las Poesías completas con la segunda, se detectan divergencias textuales:

 

1. “A Don José Fornaris”

Entre esbeltas yuruguanas (1. ed.)

Entre esbeltas yaruguamas (2. ed.)

2.   “Hatuey y Guarina”

Y a Dios en su ayuda invoca (1. ed.)

Y a Dios con su ayuda invoca (2. ed.)

3.   “Un guateque en Yariguá”

Allí entre la joven bella (1. ed.)

Allí ante la joven bella (2. ed.)

4.   “Narey y Coalina”

Y vengo de Guacanayabo (1. ed.)

Y vengo a Guacanayabo (2. ed.)

5.   “Mi estado”

Y desperté abatido y soñoliento (1. ed.)

Y desperté abatido, soñoliento (2. ed.)

6.   “La papaya y la piña”

No por eso es mejor que la papaya (1. ed.)

No es por eso mejor que la papaya (2. ed.)

7.   “Defensa de un nombre”

Como a infernal enemigo (1. ed.)

Como el infernal enemigo (2. ed.)

8.   “A mi hermano Manuel”

Por eso, yo en esta época (1. ed.)

Por eso ya, en esta época (2. ed.)

9.   “Epigramas” (I)

Se quejaba un buen marido (1. ed.)

Se quejaba de un buen marido (2. ed.)

10. “Epigramas” (II)

Quiso besar Don Clemente (1. ed.)

Quiso besar a don Clemente (2. ed.)

 

Consideramos ocioso continuar ofreciendo ejemplos de las limitaciones que le impone al estudioso de Nápoles Fajardo el texto que poseemos. Sólo hemos querido llamar la atención sobre el asunto. Reconocemos el esfuerzo de todos los que de una forma u otra colaboraron en la recopilación de las poesías de Nápoles Fajardo.

 

CITAS Y NOTAS

 

1 Juan Cristóbal Nápoles Fajardo. Poesías completas (Biblioteca Básica de Literatura Cubana.) Compilación y prólogo de Jesús Orta Ruiz. La Habana, Ed. Arte y Literatura, 1974.

______. 2da. edición. (Ediciones Huracán.) Compilación, prólogo y apéndice de Jesús Orta Ruiz. La Habana, Ed. Arte y Literatura, 1977. En este trabajo citamos, además, las siguientes ediciones:

______. Rumores del Hórmigo. México, Imprenta de Navor Chávez, 1884.

______. Rumores del Hórmigo. 4ta. ed. Holguín, Imprenta de la “Corina”, 1879.

______. Colección de poesías inéditas del popular vate cubano Juan Cristóbal Nápoles Fajardo (El Cucalambé). Gibara, Establecimiento Tipográfico de M. Bim, 1886.

______. Rumores del Hórmigo. Corregido, explicado y ampliado por José Muñiz Vergara (El Capitán Nemo). La Habana, 1983.

2 Jesús Orta Ruiz. “Prólogo”, en Poesías completas de El Cucalambé, 1ra. ed., p. 15. [Los subrayados son del autor (N. del E.)]

3 Idem., p. 70. [Los subrayados son del autor. (N. del E.)]

4 Idem.

5 Idem.

6 Idem., p. 18.

7 Jesús Orta Ruiz. “Apéndice”, en Poesías completas de El Cucalambé, 2da. ed. p. 485-486.

8 Jesús Orta Ruiz. “El Cucalambé, huellas de sus lecturas”, en Revolución y Cultura, La Habana, no. 83, julio de 1979, p. 57.

9 Jesús Orta Ruiz. “Prólogo”, en ob. cit., p. 17.

10 Idem., p. 18-19.

11 Idem., p. 19.

12 Mary Cruz. “Los poemas esdrújulos de El Cucalambé”, en Santiago, Santiago de Cuba, no. 32. diciembre de 1978, p. 98.

13 Idem., p. 94.

14 Idem., p. 89.

15 En El Redactor, Santiago de Cuba, a. 24, no. 579, jueves 12 de marzo de 1857, p. 2.

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