Las Tunas, Cuba. Martes 24 de Abril de 2018
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Símbolo del sentimiento de cubanía

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“…Su obra no fue sólo ésta de presentar al guajiro a sí mismo como en un espejo, sino además incorporar su voz dentro de una fórmula sentimental y rítmica que en lo adelante le sirviera para el canto cotidiano y la controversia fiestera”.

Así caracterizó Cintio Vitier a uno de los exponentes del siboneísmo y el criollismo en la poesía cubana y figura prominente de la poesía bucólica de Cuba, Juan Manuel Nápoles Fajardo, nacido el primero de julio de 1829 en la provincia de Las Tunas, tierra con una rica historia cultural.

Sus padres Manuel Agustín Nápoles Estrada y Antonia María Fajardo, propietarios de grandes extensiones de tierras, fueron dueños de la finca El Cornito en las afuera de la ciudad. Tuvo varios hermanos: Manuel, Antonio José, Antonia, Ismaela, Manuela, Ana Gertrudis y María de la Concepción y Cleofás.

Su infancia estuvo marcada por el amor a la poesía que estudiaba y conocía por la constancia de su abuelo materno, el presbítero José Rafael Fajardo, quien le instruyó sobre la obra intelectual de autores clásicos como Homero, Publio Virgilio Marón y Quinto Horacio Flaco, principalmente le incitó ha ahondar en la literatura clásica española.

Periodista, editor, dramaturgo, pagador de obras publicas fueron algunos de sus oficios durante su trayectoria como poeta y repentista, iniciada por el apoyo de su hermano Manuel Nápoles Fajardo, durante el siglo XIX firmando sus obras con el anagrama de Cuba clamé, Cucalambé.

Juan Cristóbal Nápoles Fajardo, publicó sus primeras décimas guajiras en El Fanal en 1845, publicación periódica de la Villa de Santa María de Puerto Príncipe, la actual Camagüey, y tuvo como guía en su prosa a su compañero y amigo José Fornaris a quien juró convertir el tema primitivista en una simbología revolucionaria en la época en Cuba se enfrentaba ante el colonialismo español.

En 1856 se imprime en La Habana por vez primera su poemario titulado Rumores del Hormigo, considerado un clásico de la lírica en la Isla. Además escribió la obra teatral Consecuencias de una falta, drama en cuatro actos escritos en versos. Asimismo, no solo escribió décimas, sino también sonetos, letrillas, epigramas y romances.

Compartió su vida con Isabel Rufina Rodríguez Acosta, musa inspiradora en las famosas décimas de la “Invitación primera y segunda”, que forman parte de su amplia obra poética especializada en la vida rural, los detalles cotidianos, singularizada por cada ruido de la naturaleza, desborda de amor sin límites, pasiones desenfrenadas y misterios, así se muestra su huella bucólica.

Viviendo en Santiago de Cuba, desapareció sin dejar huellas en la etapa final del año 1861, a la edad de 32 años.

En la provincia de Las Tunas se le rinde homenaje a El Cucalambé, anualmente en el mayor evento del campesinado cubano: la Jornada Cucalambeana, fiesta que propicia el desarrollo y el estudio de la décima, bajo la impronta de investigadores, artistas, improvisadores, escritores, y pueblo en general.

Varios estudiosos de la espinela y la literatura criolla en Cuba defienden sus percepciones sobre la obra literaria de Juan Cristóbal Nápoles Fajardo:

Cintio Vitier: Ninguno como él hace paladear los sabores de la patria, ni utiliza con tanta habilidad comunicativa la semántica popular cubana y el recuerdo de nuestros aborígenes, en sugerencias políticas y heroicas.

El misterio de su muerte es el mismo de su obra, porque Nápoles Fajardo tenía que ser esencialmente el desaparecido, aquel cuyas facciones individuales se borran, el que es absorbido y desaparece en lo anónimo, en la tonada rústica, en el pueblo doliente, festivo y humilde y en él reaparece cada día, sin fin.

Virgilio López Lemus: supo situar parte de la techumbre lírica de la poesía del pueblo cubano, sin dejar de ser él mismo una columna maravillosa de gracia y facilidad poéticas”.

Alexis Díaz Pimienta: Con su poética personal llenó la décima de un aire muy cubano, cantó asuntos y paisajes esencialmente cubanos, y ello hizo que fuera tan popular en su época como ninguno de sus contemporáneos y que dejara una huella indeleble entre los campesinos, y por supuesto, entre los improvisadores.

Jesús Orta Ruiz: El Indio Naborí, vio en el bardo el paradigma del verso nacido del influjo de la cultura material y espiritual del campesino y en la décima un vehículo para el mejoramiento humano.

Enrique José Varona: fueron los Rumores del Hórmigo, el primer libro que se me hizo familiar, regalado canto de un nuevo Teócrito, verdaderamente campesino, que canta como siente la naturaleza que lo posee y la copia a cuadros de pasmosa y estética verdad, y la trasmite palpitante al corazón y a los ojos…

Regino E. Boti: El Cucalambé tomó el criollismo y el siboneísmo para expresar lo mambí, que entonces era perseguido con la prisión y la muerte.

Carlos Tamayo: Nápoles Fajardo convirtió a la décima y la extinta cultura aborigen, en símbolos del naciente sentimiento de cubanía.

Miradas sobre Juan Cristóbal Nápoles Fajardo:

Imaginarios: Juan Cristóbal Nápoles Fajardo “El Cucalambé”

¿“Poesía culta vs. poesía popular”?: el caso del Cucalambé

El Cucalambé, faro de la cultura campesina

Juan Cristobal Napoles Fajardo, el Cucalambé

La magia imperecedera

La magia imperecedera (Final)

El Cucalambé vivió en Santiago de Cuba

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Sobre Yami Montoya

Editora. Periodista, Máster en Ciencias de la Comunicación, profesora universitaria. Es amante de la paz, del amor y la familia y se siente orgullosa de su país. Su mayor tesoro es su hija Amanda y le hace feliz un Quijote, los amigos, la poesía y la música. Es miembro de la Unión de Periodistas de Cuba y ha sido premiada en varios concursos. yamileym@enet.cu

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