Las Tunas, Cuba. Jueves 14 de Diciembre de 2017
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178 años después: Los Ecos del Hórmigo

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Josefina Ortega
La Jiribilla

“Hay hombres, hay unos cuantos,
Que se pelean por saber,
Y yo, Ermita, vengo a ser
Sin disputa uno de tantos”.
Letrilla.

Rumores del Hórmigo

Es curioso cómo se puede haber escrito mucho de un tema y a la vez tan poco.

Aunque parezca silogismo, tal es el caso de Rumores del Hórmigo y de su autor Juan Cristóbal Nápoles Fajardo —El Cucalambé—, uno de los poetas cubanos más famosos y más desconocidos, todo en un mismo sentido.

Recién encontré en una de  las llamadas “librerías de viejo”, un ejemplar del libro de coplas, décimas y sonetos, editado  por la Biblioteca Básica de Cultura Cubana, dirigida por Alejo Capentier —en ocasión del Segundo Festival del Libro Cubano—, y con un estudio a manera de prólogo, del famoso periodista y escritor José Muñiz Vergara, quien firmaba también como El capitán Nemo.

La edición —especial y acompañada de La Edad de Oro, de José Martí, entre otros nueve títulos de autores cubanos— reproduce exactamente las creaciones políticas, líricas, jocosas y populares, de aquella selección que el mismo poeta hiciera* en 1857 —su único libro— y que pagara de su peculio, sin el aprecio de  editores y crítica; o peor: según se afirma muchas de su décimas le ganaron la enemistad de algunos y las agresiones físicas de otros.

No son muchos los que han leído de punta a punta y a conciencia  Rumores del Hórmigo,  una obra que la mayoría de los cubanos pretendemos conocer — ¡Ah, sí, el Cucalambé!—, citando, de memoria incluso,  fragmentos de sus décimas:

Con un cocuyo en la mano
Y un gran tabaco en la boca
Un indio desde una roca
Miraba el cielo cubano.
La noche, el monte y el llano
Con su negro manto viste,
Del viento al ligero embiste
Tiemblan del  monte  las brumas
Y susurran las yagrumas
Mientras él susurra triste.

Enrique José Varona escribió que Rumores… había sido el primer libro de versos que se le hizo familiar.  Con los años apreció en toda su magnitud y desde su  sabio magisterio, el valor del poeta: “Lo que en Fornaris parecía artificio, era en Nápoles Fajardo el fondo mismo de su arte”.

¿Cómo era el poeta? Se describía a sí mismo en el soneto “Mi retrato”:

Tengo señores el cabello rubio,
Una frente en que cabe un buen escaño
Y dos ojos que son, si no me engaño
Del color de las llamas del Vesubio.

Es larga mi nariz como el Danubio,
Mis orejas también de igual tamaño,
Y caben en mi boca, que es un caño,
Todas las aguas que hubo en el diluvio.

El color de mi rostro es encarnado,
No tengo barbas, ni tenerlas creo;
Soy de talle gigante y muy delgado.

Y siendo, como soy un hombre feo,
De mujeres bonitas hay atajos,
Que incansable me roen los zancajos.

Un breviario socorrido de Nápoles Fajardo,  más allá de fechas, seudónimos, perfiles y  circunstancias —ciertamente, aunque rala, tenía barbas—, se  asegura que educado esmeradamente por sus abuelos maternos José Rafael y Micaela, conoció de lo mejor de la poesía de entonces.

Don Rafael después de la muerte de su esposa abrazó el sacerdocio y fue durante largos años párroco y vicario de Las Tunas; su abuela Micaela llevaba el  poético apellido de “Góngora”.

Todo debe haber servido para propiciar el sentido del lírico.

Se dice que se inició en 1848, como poeta en una conspiración, escribiendo décimas que enardecían al pueblo.

En cambio, años después, por haber aceptado un puesto gubernamental, en espera de unirse a un grupo insureccional, fue blanco de críticas de varios independentistas, en momentos en que necesitaba cuidar de su familia, Isabel Rufina, la esposa, y sus tres hijos.

Con 32 años desapareció un mañana de 1862 —algunos aseguran que en los primeros días de diciembre del 61—, apenas seis años antes del estallido de la primera Guerra de Independencia cubana.

En lo adelante solo especulaciones parecen ser la tónica,  a excepción del trabajo investigativo realizado por el estudioso Carlos Tamayo, basado en documentos (dizque) testifican toda una conjura para asesinarlo.

Sin embargo, Rumores… siguen siendo un texto imprescindible para los cubanos. Por estar “pensadas en guajiro (…) muchos le creyeron labriego.  Para Muñiz Vergara  “Ningún libro publicado en Cuba ha sido más popular que Rumores del Hórmigo”.

El libro lo componen 21 obras, desde “Mi estado” hasta “Hablar por hablar”;  en sus tres partes se desgrana el amor por Cuba, por su geografía y por sus gentes, con cierta ingenuidad,  a veces, pero con ironía y gracia sobradas.

¡Válgame Dios, Juan del Dedo!
¿Por qué de cólera lloras?
¿Por qué, Juan, a todas horas
me maldices con denuedo?

Rufina, te ha desdeñado
Porque soy más de su gusto,
Con ese semblante adusto,
¿Qué pretendes?… ¡desdichado!

Otras cosas más de mil
Te dijera con agrado,
Pero ya se me ha gastado 
El aceite del candil.

Ya el cansancio me abruma
la testa se me alborota,
y  la tinta se me agota
Y se me cansa la pluma.

“Consejos a Ruanillo”.

Cuentan que en cierta ocasión un latinoamericano —estudioso de obras al estilo de Martín Fierro— y residente en Alemania, escribió a Muñiz Vergara, pidiendo le obsequiara con un ejemplar de Rumores del Hórmigo, tarea harto difícil, pues este no pudo encontrarlo disponible en librería alguna.

Empeñado en corresponder, el cubano fue incluso a una editora española radicada en Cuba y propuso la idea de una reedición. La impresora hizo las labores pertinentes y publicó mil ejemplares de Rumores…; al comprender la joya que estaban haciendo renacer, le pusieron a la tirada un precio bastante alto. El viejo periodista cumplió con el lejano amigo, pero escribió un suelto informativo que,  divertido,  años después recordaría:
“…refiriéndome a las bellezas del cubanísimo volumen, dije en diarios que la casa editora, efecto de su amor a Cuba, (brillante por su ausencia siempre, en verdad) le vendía a razón de dos pesetas el ejemplar, aviso con el cual contribuí a aumentar la venta mermando la ilícita utilidad de los vendedores, que celebraron  mi humorismo según me dijeron no pudiendo decirme otra cosa”.

Tal vez las décimas más famosas del Cucalambé sean las agrupadas bajo el nombre de  “El Amante Rendido” —13 en total— y que casi todos los cubanos mayores de 40 habrían declamado alguna vez en una actividad escolar:

Por la orilla floreciente
Que baña el río de Yara,
Donde dulce fresca y clara
Se desliza la corriente,
Donde brilla el sol ardiente
De nuestra abrasada zona,
Y en cielo hermoso corona
La selva, el monte y el prado,
Iba un guajiro montado
Sobre una yegua trotona.

* Hoy se conserva, en su ciudad natal,  una pluma propiedad del Cucalambé y manuscritos de su autoría de Rumores…, de la comedia El Hombre de las barbas,  del drama Consecuencias de una falta y varios sueltos en prosa y versos.

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Sobre Redacción Tiempo21

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