Las Tunas, Cuba. Lunes 23 de Octubre de 2017
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Bloqueo a Cuba sin parangón en la historia de la humanidad

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bloqueo-economicoNéstor Núñez
nn@ain.cu

El cerco, el bloqueo, es una medida esencialmente bélica destinada a rendir por hambre, enfermedades y carencias a ciudades y poblaciones consideradas enemigas.

De manera que en la historia humana, pródiga en guerras, ínfulas de conquista, ambiciones y crueldades, ese elemento como arma para reducir voluntades ajenas ha sido una práctica generalizada.

De hecho la humanidad recuerda bloqueos que, bien por la fiereza de los que asedian, bien por la resistencia tenaz de los asediados, han marcado momentos en devenir de nuestra especie sobre la faz de la Tierra.

Homero, el inmortal poeta de la antigüedad, por ejemplo, hizo de los diez años de asedio griego a la ciudad de Troya una de las grandes obras maestras de la literatura universal, La Ilíada, donde dioses y hombres compartían pasiones, desvaríos, temores y heroísmo, hasta la destrucción final del reino adversario gracias a los ardides del jefe aqueo Odiseo.

Los anales guerreros destacan también el cerco a Roma, en el año 452 de nuestra era, ejecutado por Atila, Rey de los Hunos, disuadido en último momento de atacar la actual capital italiana por la intermediación del Papa León I, quien se dice produjo una fuerte impresión en su encuentro con el jefe bárbaro.

En épocas más contemporáneas, destacan el infructuoso bloqueo de las fuerzas nazis a la ciudad soviética de Leningrado, hoy San Petesburgo, que entre 1941 e inicios de 1944 costó la vida a un millón y medio de ciudadanos atenazados por la metralla y el hambre.

También dentro de la epopeya bélica del desaparecido primer estado de obreros y campesinos de la historia, se cuenta la hazaña de Stalingrado, el actual Volgogrado, que entre 1942 y 1943 resistió el cerco fascista y generó, con la victoria del Ejército Rojo, el vuelco de la Segunda Guerra Mundial en el decisivo frente oriental.

Sin embargo, si de bloqueo se trata, sin dudas el impuesto por los círculos imperialistas de los Estados Unidos a Cuba desde hace más de cinco décadas no tiene paralelo en la historia por su extensión y amplitud.

No hay registros que indiquen la prolongación por tanto tiempo de semejante acto hostil contra un pueblo, ni que se haya convertido en un entramado de leyes y disposiciones de una superpotencia enfilada contra una diminuta nación.

Y no porque no tenga traducción militar directa este cerco a Cuba deja de ser una guerra. Y es que sus métodos y sus fines no son otros que los que pudo haber perseguido con sus fuerzas militares cualquier caudillo al atenazar una ciudad e intentar rendir por actos violentos y penurias a sus defensores y a su gente.

De hecho, los promotores iniciales de la medida anticubana fueron descaradamente claros como para afirmar públicamente que al pretendido “embargo” solo perseguía hundir la voluntad soberana de los cubanos a cuenta de la escasez, las enfermedades y el hambre, como manera de empujarlos a las manos de los conquistadores de nuevo tipo.

Récord siniestro este que carga la gente de Cuba sobre sus hombros y sobre su azarosa cotidianidad, a cuenta de un empeño represivo que -por demás- ha sido fustigado por veinte años consecutivos en el seno de la Asamblea General de la Organización de Naciones Unidas. (Agencia Cubana de Noticias)  

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