Las Tunas, Cuba. Miércoles 16 de Agosto de 2017
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Ernesto Che Guevara, luz de aurora

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ernesto-che-guevaramaura pena machadoMaura Peña Machado
Taura@rvictoria.icrt.cu

“Bienvenida la muerte si ese, mi grito de guerra, ha llegado a un oído receptivo y otra mano se tiende para empuñar nuestras armas… Che

Hace 45 años, en una escuelita en la escondida localidad andina de la Higuera, fue apresado el 8 de octubre de l967 Ernesto Guevara de la Serna, el Che de la Revolución Cubana, el Tatu del Congo, el Guerrillero Heroico para siempre. Al día siguiente fue vilmente asesinado y con su desaparición física sembraba una esperanza. Los hombres justos del mundo recogieron su credo.

Su imagen y fuerza se han multiplicado por toda la tierra; su figura es más grande cuanta más injusticia, desigualdad y miseria impera en el mundo. Ejemplo de hombre puro, nos enseñó que ser revolucionario es ascender al escalón más alto de la especie humana. En cada puesto de combate hoy se escucha firme su voz, “que manda compañera, ordena amiga, tierna y dura de jefe camarada”, como dijera el poeta.

Cuenta Ñico López, aquel joven ortodoxo de autodidacta formación marxista, que habló con Ernesto sobre los anhelos de una isla indiferenciable en el mapa, llamada Cuba, de una generación que no quiso dejar morir a Martí en su centenario, de Fidel… Se conocieron en Guatemala, el 3 de enero de 1954 y aseguran que Ñico fue el primero en llamar al argentino cariñosamente Che y fue él además quien le dio la primera versión acerca del Moncada. Sentimientos afines y el inmenso valor de ambos hombres les permitió ser grandes amigos.

Por aquellos días el Che confesó: “Tenía razón Ñico en Guatemala cuando nos dijo que si algo se ha producido en Cuba desde Martí, es Fidel Castro; él hará la revolución. Concordamos profundamente… Solo a una persona como él estaría dispuesto a ayudarle en todo”.

Por otro guerrillero oriundo de la Sierra Maestra, Leonardo Tamayo –el Urbano sobreviviente de la guerrilla boliviana- se supo de la audacia y el valor de Ernesto Guevara. “Él no se creía superior a nadie ni reclamaba más porque fuera el jefe de la Columna Cuatro. Para él un hombre se distinguía de otros por sus principios morales, su ideario patriótico y su valor personal”.

Harry Villegas entró en La Habana junto con el comandante Guevara y más tarde expresó que “asumió la dirección de la Cabaña con mucha ecuanimidad, justeza, con mucho respeto a los oficiales que allí se encontraban. Jamás vaciló. Ni en los momentos más difíciles. No hubo un momento en el que el Che perdiera el control, entusiasmo y la confianza en la victoria” y añadía: “que el propio 8 de octubre pensaba en las posibilidades de éxito y por eso estaba analizando cómo salir de la zona. Nunca hablaba de la muerte. No la concebía, como una cosa hipotética, sí,… pero hablar de la muerte como tal, jamás la mencionó. El Che murió como vivió, lleno de optimismo”. Porque los hombres como él son luz de aurora.



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