Historia

Rosa “La Bayamesa”: un símbolo del patriotismo de la mujer cubana

hernan_boschrosa-castellanos-bayamesaHernán Bosh
hrbosch@enet.cu

Hija de esclavos y conocida luego como Rosa Castellanos, esta valerosa mujer vio la luz en 1834 en una zona próxima a la ciudad de Bayamo, en medio del hacinamiento de un barracón, por lo que incluso ni su fecha de nacimiento ni sus verdaderos apellidos constan en ningún documento legal.

Sin embargo, con el devenir se convertiría en una de las mujeres más valientes y de más hermoso historial en la rica tradición de luchas libertarias del pueblo cubano.

Este 25 de septiembre, al cumplirse el 105 aniversario de su fallecimiento, la insigne bayamesa sigue ocupando un sitial de honor en el imperecedero Olimpo de los héroes y mártires de la Patria.

Al iniciarse la Guerra de los Diez Años (1868-1878), Rosa se incorporó junto a su esposo a las fuerzas mambisas que comenzaron el enfrentamiento a los colonialistas españoles.

La persecución enemiga la obligó a emigrar desde la provincia de Oriente hacia el lomerío de Najasa, en Camaguey, donde asumió la dirección de un hospital de campaña para atender a los patriotas heridos o enfermos, actividad que le sirvió de experiencia para luego, durante el transcurso de la contienda, organizar otros ambulantes en las zonas de La Sacra, Palo Seco, El Naranjo, Mojacasabe, Jimaguayú y San Diego del Chorrillo.

La Bayamesa”, como comenzaron a llamarla sus compañeros de lucha, mostró amplios conocimientos de la flora cubana y de sus propiedades curativas, que empleó eficazmente en su labor asistencial.

Pero, al propio tiempo, sobresalió en varias acciones combativas, entre ellas las gloriosas batallas de Palo Seco y El Naranjo, dirigidas por el Mayor General Máximo Gómez.

Rosa fue, según testimonios de sus coetáneos, soldado valiente y enfermera eficaz.

Un artículo de la Agencia Cubana de Noticias (ACN) publicado en el periódico La Demajagua, de la actual provincia cubana de Granma, incluye la siguiente anécdota:

Cuéntase que el Generalísimo Gómez, al conocerla personalmente en 1873, la elogió con estas palabras: “He venido a conocerte, de nombre ya no hay quien no te conozca por tus nobles acciones y los grandes servicios prestados a la Patria”.

Rosa le respondió: “Yo cumplo con mi deber, y de ahí no me saca nadie”.

En 1895, durante la segunda guerra de los patriotas cubanos contra el colonialismo español, Gómez volvió a encontrar a “La Bayamesa” en el campo insurrecto, y le pidió que organizara y dirigiera otro hospital de campaña, también en la zona de Najasa.

Al año siguiente, el Generalísimo le concedió el grado de capitana del Ejército Libertador de Cuba, y junto a la orden de ascenso escribió:

“Esta mujer abnegada prestó servicios excelentes en la Guerra de los Diez Años, y en la revolución actual, desde sus comienzos ha permanecido al frente de un hospital, en el cual cumple sus deberes de cubana con ejemplar patriotismo”.

Cuando finalizó la llamada Guerra Necesaria, Rosa se estableció en la ciudad de Camagüey, donde falleció el 25 de septiembre de 1907.

Su vida digna y ejemplar, constituye un símbolo imperecedero del patriotismo de la mujer cubana de ayer y de hoy.

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