Las Tunas, Cuba. Martes 22 de Agosto de 2017
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Hija del mar

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Patio de Referencia Nacional de Ludys
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darletis leyvaDarletis Leyva González
darletislg@rvictoria.icrt.cu

Las Tunas.- Cuando amanece en uno de los poblados más al sur de Las Tunas una mujer comienza a llenar de su perfume, llamado vida, sinónimo en ella de energía inagotable y pasión, cada rincón del transformado hogar, y en la suave brisa del inmenso azul contagia a la comunidad de Guayabal de su amor por el terruño y por lo bello de la existencia.

Ludys Rodríguez Díaz es verdaderamente virtuosa; tiene alma de bohemia, manos tiernas y seguras para la tierra, visión de futuro, desenfado ante los retos; un amor por los otros que le quema el pecho y la experiencia de quien ha vivido y ha visto mucho, aún con recién cumplidos 43 años.

“Soy nativa de Guayabal; mis abuelos vivieron aquí; toda la familia de mi mamá es de aquí. Nos trasladamos a vivir a Camagüey, pero siempre venía en las vacaciones; todo el tiempo que tenía libre para donde venía era para Guayabal.

“Es bello recordar esos momentos. Lo más bello que hay es despertar frente al mar; abrir la puerta y ver frente a ti ese mar que cuando está así tan tierno, azul y tranquilo, es precioso sentir esa brisa”.

Esta mujer ha tenido una vida intensa, caracterizada por su gallardía y apego a lo que ama. Por eso, era inevitable el regreso.

“Me fui de Guayabal, pero regresé hace un año y siete meses. Da la casualidad que frente a esta casa donde vivo fue donde Raúl Castro, al paso del Huracán Paloma, le habló al pueblo de Guayabal y le pidió que los terrenos que quedaron en desuso, de las viviendas que destruyó el huracán, fueran sembrados y entonces he utilizado el terreno de cinco viviendas donde tengo varios cultivos; tengo un organopónico semiprotegido donde cultivo la cebolla, el ajo, la acelga, la remolacha, el ají, el cebollino; es decir, los productos que utilizo en mi casa son míos.

“Soy cuentapropista; tengo un paladar que se llama “El accidente”, ya que toda mi vida es un accidente y por eso quise ponerle así. Tengo un ranchón de guano al lado de la casa. La especialidad de nosotros es el pescado conocido como liceta, la comercializamos frita con chicharitas y con otras ofertas que habitualmente le gustan al cubano”.

Aunque el negocio de Ludys es uno de los más conocidos de Guayabal, a esta carismática mujer, dada a la conversación diáfana y a las jaranas, la distingue su Patio de Referencia Nacional, donde logra tantos cultivos y con la característica de estar sembrados en arena.

“Todo mi sembrado es en arena. Tengo matas de uvas ya paridas, plátanos preciosos, yuca, calabaza, melón, boniato, que llegan a pesar hasta ocho libras. Tengo el níspero, el canistel, el mamey colorao, aguacate, cacao, café, el ñame; muchas matas de coco, y en lo que es el ornamental tengo muchas plantas también; muchas sembradas en coco, el curujey mismo. Tengo unas habichuelas preciosas, que cogen casi un metro”.

El amor de Ludys por la naturaleza es admirable y aunque la vida le dio la posibilidad de ser mamá, hoy tiene dos hijas adoptivas, que la despiertan con alegría cada mañana.

“Tengo dos hijitas, dos pequeñas bijiritas que cuando llegué aquí estaban en un nidito; eran huevitos; las cuidé y ya ellas me sacaron en el patio y me fueron a avisar el día que se rompieron los huevitos. Entraron a la casa volando, entraron hasta el cuarto, que yo me asusté cantidad, y cuando salgo era que ya habían nacido los pajaritos. Cuando las personas ven que vienen a comer a mi mano se ríen y a veces no lo creen hasta que no lo ven.

“He logrado, por lo menos este pedazo que tengo a mi alrededor, con mucho sacrificio, arreglarlo y ver que este pedazo es uno de los más bellos que tiene el litoral.

“Me gusta lo bello, el vivir del día a día, el levantarme y ver que progresé en algo, que tengo algo nuevo; eso me pasa cuando veo que tengo un nuevo fruto en el patio. Yo me levanto por la mañana y camino, aunque haya jejenes, para ver si las planticas que sembré ya han nacido y me siento contenta con eso”.

Quien tiene la suerte de conocer a esta guayabalera sabe que es tanta su fortaleza espiritual, que le alcanza para dar a los otros ayuda, afecto y ánimo.

“Me gusta ayudar a aquellas personas que no tienen una posibilidad, como por ejemplo, personas enfermas de alcoholismo, personas que no tienen familia, personas que se sienten solas. Para mí trabajar con esas personas es lo más bello del mundo, porque como no han recibido amor por un poquito que uno le dé ellos te dan el amor que diez personas no te dan. Son mi familia”.

Ludys, a la vez que es muy alegre de carácter, tiene la fuerza para diferenciar los momentos de esparcimiento del trabajo. Ella se define como una amante de la vida y de la naturaleza, fundamentalmente.

“Estar aquí en Guayabal es lo más bello que hay. A veces camino la calle recordando cosas de mi infancia y pienso que me gustaría sembrar toda la orilla del mar de muchas matas de coco, de almendra, es decir, que todos nos uniéramos y tratáramos de rescatar eso que veíamos en la infancia y que era tan bonito”.

Ludys, ¿Nos compartes tu fórmula para lograr todo lo que tienes?

Lo primero que tenemos que hacer es amarnos a nosotros mismo y cuando lo hagamos nos vamos a dar cuenta del amor que tenemos que dar a todo lo que nos rodea, no solamente a una pareja sino a la naturaleza; a cualquier cosa, lo esencial es amarla.

Ludys Rodríguez Díaz es una mujer que ha vivido experiencias sorprendentes; tiene esa chispa del que es bueno y emprendedor. Hoy alimenta su espíritu de su pasión por la naturaleza, de su afán de hacer el bien siempre y acoger a los que tienen menos, de darle belleza a lo feo, pero, sobre todo, tiene corriendo por sus venas un amor infinito por su Guayabal querido, el poblado amanciero que la ha visto construir sus sueños.

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