Opinión

Historia y poesía

Recientemente participé en un intercambio informal de criterios acerca de las principales deficiencias con que llegan a la Editorial Sanlope títulos de contenido histórico. Algunos participantes señalaban como defecto problemas de redacción y de estilo, sacrificados por el exceso de información en sus más minuciosos detalles, como si la historia no fuera literatura. Los párrafos siguientes corresponden a lo que opiné al respecto.

Considerados por algunos como los habitantes más soñadores del planeta: no reflejan la “realidad objetiva”, atomizan el lenguaje científico cuando admiten sentarse a caminar, o la tristeza de la luna y las estrellas… en fin, los poetas.

Clasificados como cientistas sociales: se basan en documentos, reconstruyen hechos, circunstancias, contextos, exponen el resultado con un lenguaje objetivo… es decir, los historiadores.

La poiesis (creación) es el reto para los escritores tanto de literatura como de historia; la primera está incluida dentro de las bellas artes, la segunda en las ciencias sociales: al parecer   se contraponen. Considero que la poesía pudiera ser el crisol donde se unan ambas manifestaciones del saber.

A la poesía le corresponden el sujeto y el hablante líricos, el lenguaje traslaticio, las figuras retóricas, ambivalentes, la subjetividad; a la historia la interpretación, el análisis de datos, las estadísticas, el enfoque filosófico realista, el reflejo de la verdad.

Aparentemente el arte y la ciencia difieren en su manera de expresarse, en los fines para los cuales fueron creados. Pero la síntesis les es común, aunque los textos históricos en muchas ocasiones no la tienen en cuenta, y se regodean en detalles, cifras y anécdotas.

La realidad investigada también la fija en el tiempo el poeta. Si el tratado se formula con densidad contenidista, el escritor de historia corre el riesgo de que su obra sea considerada con un término al uso: un ladrillo.

Veamos cómo la pobreza padecida por el pueblo cubano durante la República Neocolonial (mejor la Repútica, como bien la definió Renée Méndez Capote) le ocuparía incontables paginas al historiador. A un poeta, en 1911, le bastaron 14 versos para reflejar esa situación:

MI ALCALDÍA 

Una mañana nebulosa y fría,
de esas que abundan en el mes de enero,
me encontraba sentado en mi alcaldía,
convulso y triste, sin tener dinero.

Parecía mi despacho un hormiguero
sin poder soportar la algarabía:
las mujeres, los niños, el pordiosero
pidiendo cada cual lo que quería.

En esto sale del humano enjambre
un hombre raro, sin decir el nombre
pero de tipo al parecer honesto,

diciéndome: “Señor, yo soy el hambre”,
en lugar de decir: “Yo soy el hombre
que usted solicitaba para un puesto”.

Este soneto de Eduardo Vidal Fontaine (1876-1968), comandante del Ejercito Libertador, primer alcalde de Las Tunas, constituye un testimonio, y la vez es una muestra de lo que he expresado anteriormente.

La memoria histórica de Cuba también está en verso. La historiografía no siempre recurre a la lírica o la épica nacionales, y le seria útil hacerlo pues contribuiría a elevar el nivel de información histórico-literario de los lectores.

Tampoco la oralidad escapa a los dominios de las dos disciplinas que me ocupan. El historiador registra información por medio de las técnicas para las entrevistas y se basa en la misma como fuente documental. Desde tiempos inmemoriales la historia fue expresada en el plano de la oralidad poética, fue y es contada y cantada por los poetas (aedas) y los improvisadores o repentistas. Otro punto en el que coinciden   la poesía y la historiografia.

La historia local tiene enciclopedias vivientes en los cantores de cada región del país. ¿Cuántas páginas de la epopeya cubana se han perdido porque al ser motivo de inspiración de repentistas no se graban las canturías para luego transcribir los textos orales? La historia así narrada, o sea, cantada, tiene por la naturaleza expresiva del lenguaje poético el contenido y la forma logrados con belleza y amenidad, algo que, lamentablemente, se obvia en algunos libros de contenido histórico.

La bibliografía nacional tiene obras históricas en verso, sobre todo en la estrofa identitaria   de la poesía cubana: la décima. Bien harían los editores si incluyeran fragmentos de la historia de Cuba en verso en los textos escolares.

Estas son mis consideraciones sobre el tema que se debatía en la Editorial Sanlope de la provincia de Las Tunas.

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