Lecturas

Frases del corazón

cerebro corazonada cristina higuera turAda Cristina Higuera Tur
adacrist@enet.cu

El corazón ocupa un lugar especial en la vida. Por tradición se vincula con los sentimientos y la mayoría lo culpa de las cosas malas y buenas que nos suceden, lo cual en cierta ocasión motivó al joven poeta Rubén Martínez Villena a la Defensa del miocardio inocente

¡Pobre músculo hueco, víscera miserable!
automática bomba aspirante-impelente;
¡centro de las calumnias! . . . Mientras el Gran Culpable se alberga tras la sabia protección de la frente.

Testigo de sufrimientos y alegrías, entregado a las personas que amamos, representado de originales maneras, agitado a veces por la emoción o el exceso de energía, calmado o sobrecogido, en eterna disputa con el cerebro en la determinación de la vida y la muerte, entre el sentimiento y la razón. Así definimos los seres humanos al miocardio y lo ubicamos en un lugar privilegiado en comparación con el resto de nuestros órganos.

Pero también en el lenguaje el corazón tiene su protagonismo, pues con frecuencia encontramos este término formando parte de frases con las cuales se dan a entender disímiles connotaciones y resultan comunes en las canciones y poemas las alusiones a este importante miembro de naturaleza muscular, situado en la cavidad torácica, que actúa como impulsor de la sangre.

Por ello, la mayoría seguramente conoce a personas “que tienen el corazón bien puesto”, “de un corazón de oro”, “a quienes se les caen las alas del corazón” o “hacen las cosas de corazón”. Otros que manifiestan “tener el corazón en un puño”, “salirse el corazón del pecho” y “tener el corazón en la garganta” para trasmitir su estado de angustia, aflicción o depresión.

Cuando hablamos “con el corazón en la mano” nos despojamos de cualquier prejuicio, lo hacemos abierta y claramente. Si alguien es “de corazón blando”, entonces suponemos que de todo se lastima y compadece. Por el contrario, “ser duro de corazón” es una locución adverbial que se refiere a fortaleza y severidad en el trato.

Es una exageración decir que alguien “no tiene corazón”; sin embargo todos entendemos el sentido de esta expresión coloquial referida a aquellos de malos sentimientos que actúan sin importarle lo que les suceda a los demás y atendiendo a sus pésimos comportamientos hace pensar que son unos verdaderos desalmados. En cambio, “tener un corazón que no cabe en el pecho” o “ser todo corazón” son dichos que se aplican a los bien dispuestos, generosos y benevolentes. Por suerte, son los más y sus acciones siempre son dignas de imitar.

Ante el sufrimiento, algunos expresan que su corazón se ha endurecido y los hay que “crecen de corazón” ya que cobran ánimo y saben sobreponerse a las dificultades. Esta última es una posición mucho más ventajosa, igual que los que apuestan por “abrirle el corazón a alguien” para ensancharle el ánimo, quitarle el temor, mostrarse solidarios, comprensivos y hasta logran hacer “de tripas corazón” para obtener su triunfo.

“Tener una corazonada” equivale a sentir un impulso espontáneo que nos mueve a ejecutar algo arriesgado y difícil. Nadie tiene plena certeza de que las cosas vayan bien o mal; pero le ponemos bomba a las intenciones, que en el lenguaje popular es como mostrar gran empeño en lo que deseamos lograr.

Culpable o no, el corazón sigue ahí, latiendo hasta el último instante de existencia mientras continúan surgiendo frases gracias al ingenio de los hablantes, e incluso, se acuñan en textos literarios mediante bellas imágenes, tal y como lo hizo otro grande de las letras, César Vallejo, en su poema A mi hermano Miguel en el cual recoge la carga emotiva por la pérdida de un ser entrañable con quien se identifica, sencillamente y con profundo dolor, como… gemelo corazón.

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