Las Tunas, Cuba. Sábado 16 de Diciembre de 2017
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Prudencia que previene

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prudenciaMaría Elena Balán Saín
meb@ain.cu

En diversas ocasiones escuchamos de algún hecho ocurrido por la imprudencia de un individuo, lo cual hubiera podido evitarse si hubiera actuado de forma adecuada, justa y con cautela.

Pero no todos tomamos en cuenta la necesidad de ser prudentes, ya sea al tomar una decisión personal que podría acarrear una afectación propia o también tener implicaciones para otras personas. Y esto incluye desde la forma de actuar de un padre, un hijo, un funcionario hasta un grupo en la comunidad con actitudes irreverentes.

Vale entonces recordar que desde la antigüedad se hablaba de la prudencia y era representada por una efigie que tenía dos caras: una de joven y otra de anciana.

Los egipcios la simbolizaban mediante una serpiente de tres cabezas, una de perro, otra de león y otra de lobo, dando tal vez a entender con ello que el hombre prudente debe poseer la astucia de la serpiente, la paciencia del perro, la fuerza del león y la agilidad del lobo.

Estudiosos del tema la califican como la virtud de comunicarse con los demás por medio de un lenguaje claro, literal, cauteloso y adecuado, así como actuar respetando los sentimientos, la vida y las libertades de las demás personas.

También es una forma de proceder con precaución para evitar posibles daños, tanto personales como sociales, porque un individuo imprudente asume actitudes agresivas en ocasiones, como la de desafiar el tránsito cuando conduce un vehículo o colgarse de un ómnibus para que su bicicleta tome mayor velocidad.

Igualmente los hay que en verano acuden a la playa y violan las reglamentaciones de pesca o nadan mucho más allá, donde pueden encontrar la muerte por ahogamiento.

Otros ingieren bebidas alcohólicas en exceso y cometen imprudencias, a veces fatales al conducir por la vía, cruzar una avenida como peatón o sufrir una hipoglucemia.

En el plano del intercambio interpersonal, la prudencia nos ayuda a reflexionar y a considerar los efectos que pueden producir nuestras palabras y acciones, teniendo como resultado un actuar correcto en cualquier circunstancia.

Pero el valor de la prudencia no se forja mediante una apariencia, sino por la manera en que convivimos, la manera en que conservamos la calma en determinada circunstancia y evadimos cometer desaciertos a la hora de tomar de decisiones.

No resulta conveniente formarnos opiniones precipitadas acerca de una persona o un hecho bajo los efectos del mal humor, de una percepción equivocada de la realidad o de una incompleta e inadecuada información.

La falta de prudencia puede tener consecuencias a nivel personal y colectivo, según sea el caso. Es importante tomar en cuenta que todas nuestras acciones estén encaminadas a salvaguardar la integridad de los demás en primera instancia, como símbolo del respeto hacia todos los seres humanos.

Saber rectificar, pedir disculpas y solicitar consejo ayuda igualmente a forjar una personalidad recia, segura, perseverante, capaz de comprometerse en todo y con todos, generando confianza y estabilidad en ese bregar diario que es la convivencia. (Agencia Cubana de Noticias)   

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