Las Tunas, Cuba. Martes 12 de Diciembre de 2017
Home > Cultura > Carlos Tamayo, el brillo entre investigación y defensa

Carlos Tamayo, el brillo entre investigación y defensa

Share on FacebookTweet about this on TwitterShare on Google+Email this to someonePrint this page

carlos maestriamigueldn 12Miguel Díaz Nápoles
dnapoles@enet.cu

En la Universidad de Las Tunas acaba de ser defendida la maestría en Desarrollo Cultural Comunitario, por el licenciado Carlos Tamayo Rodríguez, quien obtuvo la calificación cuantitativa de cinco puntos y la cualitativa de excelente, máximas que otorga el tribunal científico.

El ejercicio académico dio inicio cuando la doctora Rafaela Macías Reyes, presidenta del tribunal, se refirió a las características de esta maestría, que no solo estudia el desarrollo de la cultura comunitaria, sino además evalúa la cultura artística y literaria, lo cual permitió que el maestrante sometiera a oponencia su libro En Santiago y otras fuentes, galardonado por el Instituto Cubano del Libro con el Reconocimiento La puerta de papel, consistente en la reimpresión este año del título publicado por la Editorial Sanlope en 2010. Esta modalidad de estudios superiores está considerada de Excelencia por la Universidad de Oriente, la cual la acreditó para que también se impartiera en la de Holguín.

La doctora Macías expresó que esta defensa era de carácter excepcional, en tanto los estudios de maestría permiten, por la Resolución 116, Artículo 40, del Ministerio de Educación Superior, que “la memoria escrita puede adoptar la forma de tesis, proyectos, colección de publicaciones, monografías, libros, fundamentación de obras artísticas, entre otras manifestaciones”, de una personalidad del territorio, y este es el caso del escritor y periodista Carlos Tamayo.

También destacó aspectos relevantes del currículo del autor de Miedo a Vicente García, Juan Cristóbal Nápoles Fajardo el desaparecido, Epítome a las Poesías completas de El Cucalambé, Vuelvo la lira a pulsar…, quien fue asesor de la programación de Radio Victoria, director provincial de Cultura, jefe de redacción del periódico 26 y el suplemento cultural Quehacer, especialista literario, y actualmente es miembro de la Presidencia y el Consejo Nacional de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, presidente de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba en la provincia, miembro de la Unión de Periodistas de Cuba, investigador adjunto a la Casa del Caribe, Hijo Ilustre de Las Tunas; ostenta la Distinción por la Cultura Nacional, entre otros méritos.

El doctor José Guillermo Montero Rodríguez, después de leer su fundamentado informe de oponencia sobre las investigaciones que conforman el libro, le solicitó a Tamayo Rodríguez que respondiera las 11 preguntas que le había hecho, las cuales fueron contestadas con sólidos argumentos, al igual que las interrogantes de los demás miembros del tribunal, doctores Alberto Velázquez López y Julio Nápoles González, vocales, y la máster Maritza Batista Batista, secretaria.

Tres horas después de iniciada la defensa, la Presidenta del Tribunal dio a conocer las calificaciones que sustentan el otorgamiento del título de Máster en Ciencias, a Carlos Tamayo Rodríguez, y la recomendación de que sus respuestas al oponente sean publicadas, con el objetivo de socializarlas por su interés y aportes al conocimiento.

Tiempo21 les entrega a sus lectores la primicia de esa recomendación.

1.¿Cuáles son los valores y trascendencia que le atribuye usted a las cartas inéditas de Pedro Santacilia a Emilio Bacardí?

El primer valor que tienen las cartas inéditas de Pedro Santacilia a Emilio Bacardí es el documental. Las 13 están atesoradas en el archivo histórico del museo Emilio Bacardí Moreau. Se trata de un intercambio epistolar entre dos grandes patriotas e intelectuales cubanos nacidos en la hoy llamada Ciudad Heroína de Cuba. Lamentablemente este diálogo es unilateral porque las de Bacardí a Santacilia deben estar en alguna institución mexicana que se haya ocupado de la papelería de quien fue secretario del presidente Benito Juárez, quien le llamaba “mi querido hijo Santa”, porque este había contraído matrimonio con Manuela Juárez y Maza, hija mayor del benemérito Juárez.

El segundo valor está dado en la prominencia de los sujetos. La correspondencia seguramente la inició Bacardí con motivo de la celebración del Centenario de José María Heredia y Heredia. Don Emilio se daba a la tarea de solicitar colaboraciones para el homenaje y se dirigió a Santacilia, quien contribuyó con una poesía dedicada al Cantor del Niágara. Fue tanta la admiración que sintió por Santacilia que en 1908 realizó un viaje a México para conocerlo.

El tercer valor es testimonial. Las cartas refieren, entre otros asuntos, aspectos de la situación política cubana en los primeros años de la República Neocolonial, aunque con el perdón de los académicos aquí presentes, siempre he preferido referirme a esa etapa de nuestra historia con el calificativo que aportó la escritora y periodista Renée Méndez Capote, cuando la consideró como “la Repútica”.

En esas páginas no aparecen chismes de barrio ni cotilleo intelectual, son muy útiles para el conocimiento histórico, y sobre todo de la personalidad de Santacilia, una figura de la que apenas se tiene memoria; sí mucha añoranza y recuerdos de la ciudad natal; pinceladas de la vida familiar del desterrado.

La trascendencia que le atribuyo a las cartas está basada en lo que reflejan de esos años (“Dejemos la política y hablemos de Lotería”), en la lealtad a la patria de quien vivió en el exilio gran parte de su existencia, al igual que su amigo José Martí, a quien tanto ayudó cuando coincidieron en México, y como el Maestro, más que vivir en Cuba lo que Santacilia hizo fue vivir para ella.

2.Sobre el trabajo que lleva por título “Notas para el estudio de las publicaciones periódicas en Santiago de Cuba (1900-1930)”. Responda:

a) Desde su experiencia periodística, valore el papel de la prensa del período analizado, desde el punto de vista patrimonial, su trascendencia y limitaciones para la construcción de la historia nacional, regional y local, en especial la del desarrollo del periodismo como tecnología de la comunicación y la información.

El papel de la prensa en ese período es de una importancia invaluable para el conocimiento de los avatares políticos, sociales, económicos, culturales, en fin, de toda índole, en Santiago de Cuba, entonces capital de la provincia de Oriente, que irradiaba su hegemonía hacia los municipios. Ella constituye un tesoro patrimonial, único e irrepetible, por lo que su conservación requiere de la máxima prioridad institucional.

Sin esas colecciones de revistas y periódicos es imposible conocer la historia del período en cuestión, en su devenir cotidiano, por la cobertura dada a los hechos trascendentales y aun los de menor relevancia, cuya presencia conforma la vida de la llamada “gente sin historia”; los dominios etnográficos a explorar y salvar para el conocimiento de las futuras generaciones.

Independientemente del estado de algunas colecciones, otras aún pudieran digitalizarse por su importancia; son fuentes imprescindibles para la escritura de las historias nacional, regional y municipal, como aporte a la identidad de la nación cubana.

La prensa periódica de aquellas décadas, realizada con tecnología menos desarrollada que la actual, guarda en sus páginas joyas de la cultura cubana; bajo sus tapas se hallan los nombres de ilustres literatos, críticos de arte, historiadores, pedagogos, periodistas, políticos…, que aportaron textos importantes, sin tener el impacto que hoy permite la tecnología de la comunicación e información; reproducido en pequeñas tiradas y limitada circulación, se hizo el periodismo de los entreguistas, y el de los independentistas que nos legaron la cultura de la resistencia.

b)¿Qué criterios para la estructuración temporal y de análisis de las publicaciones periódicas en Santiago de Cuba en el período seleccionado, asume usted para aquel primer acercamiento y cómo lo haría después de haber transcurrido un poco más de tres décadas?

Mi investigación exploratoria tenía el único objetivo de inventariar publicaciones periódicas santiagueras, de 1900 a 1930, es decir, su índole era cuantitativa, y se realizaría a corto plazo, en dos meses.

El informe de la investigación preliminar sería valorado al formularse la hipótesis en que se sustentaría el problema de la investigación, a desarrollarse a largo plazo, con varios objetivos y equipos de investigadores.

Pero no pude sustraerme a hacer fichas de contenido, por la oportunidad que me daban de poder leer revistas y periódicos, algunos atesorados en reservas verdes de instituciones del Estado donde las salvaguardan, cuyo acceso es muy limitado.

Donde tuve acceso a dichas reservas hallé publicaciones tan deterioradas que ya no se podía trabajar con ellas; algunas no aparecían en los catálogos a disposición de los investigadores porque aún no habían sido clasificadas.

Nada estaba digitalizado, había que enfrentarse a un kárdex que tenía fichas de publicaciones inexistentes físicamente en los estantes, y en ocasiones, padecer la angustia de quedarse con un pedazo de página en la mano, de un periódico irrecuperable.

De tal suerte, en el informe de los resultados esperados hice algunos comentarios de corte cualitativo, y no una simple relación de títulos y años de edición. Hice más de lo que se me pidió, pero estoy consciente de que podía haber aportado más si hubiera dispuesto de un plazo mayor. La revista Santiago publicó mi trabajo, lo cual significa que se consideró como un aporte.

En aquella época, el método de investigación bibliográfica al uso era el creado por el eminente profesor Ricardo Repilado Parreño, quien impartía un curso teórico-práctico sobre esa materia, publicado más tarde como libro de texto. Su obra Dos temas de redacción, y otros ensayos, le daban una autoridad académica incuestionable.

He estado al tanto de los métodos investigativos en la academia actual; desde que se creó la carrera Licenciatura en Estudios Socioculturales han pasado por la oficina donde trabajo estudiantes interesados en hacerme entrevistas de diversos tipos; me han dicho que son enfocadas, estructuradas, a profundidad; me han entregado cuestionarios. (Ignoro si mis respuestas les hicieron modificar el tipo de entrevista indicada). He colaborado, por voluntad propia, en la revisión de trabajos de curso y tesis de maestría. En esos ejercicios aparecen métodos estadísticos, análisis cuantitativos y cualitativos, la sincronía, la diacronía, improntas sociológicas, teoréticas, hermenéuticas, epistemológicas, de la antropología cultural, preguntas etnográficas…, que reflejan un amplio espectro de las diversas materias en que se forman como humanistas y cientistas.

La informatización, el acceso a Internet, han facilitado las búsquedas de información ampliada o resumida; y, no lo silenciaré, el facilismo a quienes ven en la red de redes la solución a todas sus necesidades docentes y culturales. Anteriormente había quienes resolvían la construcción de un texto con goma y tijera, hoy lo hacen al copiar y pegar en la computadora. Ha habido de todo en materia de investigaciones y plagios.

Aquella investigación hoy la haría auxiliado por los métodos y las herramientas actuales, con las bondades de la informática, mas seguiría siendo obligadamente cronológico, cuantitativo, pero tendría mayor extensión analítica. Y dejo constancia de que no renunciaré al método de Ricardo Repilado Parreño, por su utilidad, por los resultados que he obtenido. Aunque algunos proclamen: ¡Todos los métodos: ningún método!

c) Sobre la base de los contextos y las circunstancias, qué razones justifican la aparición y desaparición continua de varios medios de prensa en los primeros años de la República Neocolonial.

Para fundar y mantener un órgano de prensa no bastan las afinidades sicológicas, ni los deseos de hacerlo. En ocasiones, desavenencias ideológicas, estéticas, o simplemente personales, entre la tan necesaria “piña” del colectivo editorial, al volverse antagónicas provocan el fin de una revista. Por otro lado, la falta de recursos hace insostenible un proyecto basado en la inversión económica.

El primer periódico santiaguero que utilizó el linotipo fue La Prensa, en diciembre de 1907; los demás los componían letra a letra como en la imprenta colonial, pues la tecnología existente en los primeros años del siglo XX era la heredada del XIX. El 7 de marzo de 1910 instalan en los talleres de La Independencia una “máquina de fundir y componer, llamada ‘Monotipo’ —primera que se usa en la Isla—”, proveniente de Estados Unidos. Nótese que este adelanto llegó primero a Santiago que a la capital.

Se suponía que, económicamente, Cuba tendría un desarrollo mayor en estos primeros años, en relación con los tiempos de España aquí. Pero el capitalismo sin capital es insostenible. En aquel contexto y aquellas circunstancias, por la escasez de recursos monetarios, ciertos poetas no podían sostener una revista literaria, ni las asociaciones sin tesorería mantener aquella proliferación de publicaciones que aparecían y desaparecían constantemente.

Por ejemplo, Ciencias y Letras no rebasó los tres o cuatro primeros números. Cuba Literaria, dirigida por el aún adolescente Max Henríquez Ureña, publicaba en pos de su sostenibilidad y sustentabilidad: “Anuncios precios convencionales, pero pago anticipado”. Oriente se unió con Arte para dar origen a Oriente y Bohemia; Regino Boti, al referirse a esta última, en carta a José Manuel Poveda la llamó Hambre y Necesidad.

d) ¿Qué relación tiene el asociacionismo en el territorio de estudio con el desarrollo de la prensa escrita?

Toda sociedad tiene límites impuestos. En los inicios de la colonización la metrópoli española se opuso a la libre asociación de las personas, lo cual fue cediendo en la medida que afianzaban su poderío. Así aparecieron   universidades, seminarios,   sociedades filarmónicas, academias, logias, que facilitaban el intercambio de ideas.

La Ley de Imprenta era la misma para España y las colonias; la censura era férrea sobre las cuestiones relativas a la esclavitud, mas fue atemperándose a los cambios que impone el decursar de la historia. En esas circunstancias concluye el siglo XIX, y al comenzar la etapa neocolonial, los límites impuestos por España cedieron su lugar a los de la nueva metrópoli. Cuando parecía que Cuba sería libre e independiente, el ideal se frustraba, pero la lucha reiniciaba como algo inevitable, en el terreno de la política y la politiquería, ahora contra Estados Unidos de Norteamérica y sus lacayos en la Isla, que provocaron guerritas y la muerte de miles de negros y mulatos en l912.

En los inicios del siglo XX, y a lo largo del lapso objeto de estudio, se constituyeron asociaciones que darían una imagen de sociedad civil distinta a cuando la Isla beligeraba contra España. De aquella sociedad, clasista y racista hasta el escarnio, se heredó la sicología del blanco, libre y poderoso, contra el negro, esclavo, de ascendencia y descendencia miserables, y analfabeto, al igual que el campesinado humilde. Así funcionó el asociacionismo como doctrina sicológica, que mantuvo dividida a la sociedad cubana por el color de la piel en sociedades de blancos, de negros, de mulatos, y por las riquezas acumuladas: sociedades de colonos, de comerciantes… Se autosegregaban en los límites impuestos a aquella sociedad.

Todavía en esas décadas, en la prensa cultural el asociarse no tenía la misma connotación que más tarde se daría en la clase obrera, matizada de anarquismo. La necesidad de publicar la poesía que iniciaba el postmodernismo (José Manuel Poveda, Regino Boti, Agustín Acosta…) originó la existencia de revistas literarias. Los diarios les daban espacio a los autores, al extremo que el Heraldo de Cuba, uno de los principales diarios del país, publicó en la primera página el “Poema de los violines” de José Manuel Poveda.

El surgimiento de publicaciones periódicas en esa etapa es un reflejo de lo anteriormente dicho. La coincidencia de ideales marcados por la raza (en puridad de términos, por el color de la piel), hizo posible la circulación de periódicos y revistas que reflejaban la ideología de sus editores: Las Avispas, bisemanario político, vio suprimida su circulación unos seis meses por no autorizarla el gobierno; La Yaya era vocero del Partido Nacionalista; Avante! era el órgano oficial del Círculo Obrero; la masonería publicaba su Oriente Masónico; el Noticiero Cubano defendía “[…] los intereses morales y sociedades de la raza de color […]”, por solo citar esos ejemplos.

3. Al respecto de la conversación sostenida con José Soler Puig: ¿Cómo se desarrolla en el orden metodológico el proceso de obtención de la información y construcción de este texto en una época donde se carecía de las tecnologías que se disponen en la actualidad y qué valor encierra este trabajo para la literatura cubana?

Debo confesar que hace algunos años estaba frente al televisor y padecí una sensación de dentera que todavía hoy la recuerdo. Un avión acababa de aterrizar en la losa del aeropuerto José Martí. Un grupo de periodistas aguardaba por una personalidad que visitaba nuestra Isla por primera vez. Al entrar al salón de protocolo, uno de ellos le preguntó al recién llegado: ¿Cuál es su opinión acerca de nuestro país? Y: ¿Qué le parece nuestro pueblo? Aunque algunos de los presentes pudieran no creerme, aquella sensación la sufrí en más de una ocasión al escuchar las mismas preguntas a otros visitantes recién bajados de los aviones, desconocedores absolutos de nuestra realidad. ¡Qué fácil parece hacer una entrevista!

Si volviera a ser estudiante y me asignaran como ejercicio académico entrevistar a alguien como José Soler Puig (fallecido, pero descansa en guerra contra la mediocridad cultural), pensaría en hacerle una entrevista enfocada, aunque la misma no revive toda una existencia, por la limitación de centrarse en un núcleo o foco de interés, es decir, una experiencia, una situación, una acción, cuando Soler desbordaba los límites de cualquier tipo de método o herramienta. No obstante, de nuevo utilizaría recursos que ese tipo de entrevista facilita.

R. Merton y sus colaboradores M. Fiske y P. Kendal conceptualizaron que la entrevista enfocada va dirigida a un individuo concreto y cuestiones específicas, sin embargo tendría que desecharla ante una personalidad como la de Soler, porque él no solo vivía su propia existencia, sino además las de sus personajes literarios, cuanto y más él era un narrador-personaje.

Valoraría otra opción: la entrevista en profundidad, o etnográfica, descrita por James P. Spradely, Holt Rinehart y Winston. Pero, si como consideran, el entrevistador debe mostrarse con la modestia de un aprendiz del entrevistado, con esa supuesta “ignorancia cultural”, del autor de Bertillón 166 yo no hubiera logrado ninguna respuesta, porque a Soler, que se sabía de memoria incontables páginas de Cervantes, de Carpentier… lo menos que podía demostrarle era conocimiento acerca de su obra. Además de que para una en profundidad sus teóricos consideran que la persona elegida no debe ser conocida, familiar o amigo del entrevistador, porque ello dañaría la calidad de la entrevista, durante una hora, que es el lapso de su consideración para la misma, cuando aquella transcurrió durante varios encuentros, olvidados del tiempo.

No voy a caer en la tentación de desviarme hacia la zona de la comunicación genética, porque en un momento como este, más que en la tentación caería en una trampa que nadie me tendió, porque no me preguntaron al respecto, pero de paso considero que, en términos tan absolutos no debería hablarse de perturbación en la comunicación entre ambos sujetos por afinidades de familia o amistad. He leído buenísimas entrevistas de Tomás Borges, Frei Betto, Ignacio Ramonet, Luis Báez… a un amigo de ellos llamado Fidel Castro. Ese tipo de entrevistador que no conoce al entrevistado y viceversa, sí funciona en las encuestas anónimas para trabajos cuantitativos y de otras naturalezas.

Valoraría ahora una entrevista cualitativa, y por qué no una entrevista estructurada… pero lo cierto es que tuve que leerme todos los libros que José Soler Puig había publicado, escribir cien preguntas para que él las revisara, acercarme a su esposa Chila y al más profundo conocedor de su vida y obra, el crítico y profesor Ricardo Repilado Parreño, y luego convencer a Soler de la importancia cultural de mi trabajo cuando fuera publicado. Es decir, tuve que hacer una investigación exploratoria, plantearme la entrevista como un problema de investigación, y aunque no llegué al punto de formular una hipótesis de trabajo, sí la concebí como una investigación diacrónica por considerarla un estudio histórico biográfico, que luego le sería útil a quien hiciera la historia de vida de Soler Puig, o la biografía propiamente dicha, que todavía hoy no se ha publicado, si es que alguien se ha ocupado de hacerla, carencia que le ha dado a lo realizado por mí un sesgo de completitud en relación con otras entrevistas periodísticas, sin demeritarlas en modo alguno por el mal ejemplo de una que me provocó aquella dentera.

Los valores de lo aportado por la técnica periodística al género de la entrevista, que lo comparten las Ciencias Sociales y Humanísticas para obtener información y desarrollar las investigaciones antropológicas, etnográficas y de otras materias científicas y artísticas, están legitimados en la praxis y documentados en la amplia bibliografía existente.

A estas alturas, creo que mi entrevista a Soler Puig es holística, o mejor aún, ecléctica, porque tuve que recurrir a varios tipos de herramientas y disciplinas para lograr el proceso de rapport, que el cuestionario fluyera como parte de una conversación más bien extensa, en una relación armoniosa entre el entrevistador y el contestante, y pasar del gran tour cuando Soler se explayaba en sus narraciones y empezaba a fabular, olvidado de la objetividad que yo pretendía mientras él novelaba su propia vida, hasta que volvíamos al mini tour y le imponía límites a su condición de narrador-personaje, con la pregunta retomada para hacer avanzar la entrevista.

El valor que encierra este trabajo para la literatura cubana es que después de publicado un fragmento como primicia en la revista Mambí (órgano de la Federación Estudiantil Universitaria de Oriente), la reprodujo la revista Santiago, de la Universidad de Oriente, aunque sin mi centenar de interrogantes ni las sabrosas incidentales de ambos, porque sus editores consideraron que era demasiado extensa. Gracias a la retroalimentación en las respuestas quedaron explicitados los objetivos de las interrogantes. No hace tanto la Editorial Oriente publicó una compilación de entrevistas en la que fue incluida la que he comentado aquí.

Los teóricos de la entrevista en profundidad, que precisan una especie de extrañamiento brechtiano entre el entrevistador y el contestante, y excluyen como beneficio profesional la amistad, no se qué hubieran pensado si hubieran participado en una de las tantas sesiones de trabajo que motivaron una fraternidad entre el Novelista y el aspirante a intelectual, una mañana santiaguera en el reparto Sueño, cuando la entrevista es interrumpida, de forma inesperada, por un amigo de José Soler Puig, que entra como Pedro por su casa, a quien deberíamos referirnos también siempre en tiempo presente: el cuentista Onelio Jorge Cardoso. Lo que hablamos los tres, espero, más bien ruego, que no me lo pregunten, porque no es objetivo de esta defensa. Y si lo hicieren, responderé como San Agustín: “Si me lo preguntan no lo sé. Pero si no me lo preguntan, yo sí lo sé”.

4. Sobre los trabajos relativos a la polémica relacionada con la figura de Juan Cristóbal Nápoles Fajardo, El Cucalambé, responda:

a) ¿Considera usted que la polémica es un género literario? Fundamente su respuesta.

Cuando escribí mi carta abierta al Director de Bohemia: “Algunas consideraciones en torno a ‘La verdad sobre El Cucalambé’”, ya habían pasado “Los polémicos sesenta”, como titula Graziella Pogolotti el prólogo de su compilación Polémicas culturales de los 60, en cuya cubierta se especifica una clasificación genológica: ensayo.

El perfil histórico de las letras cubanas desde los orígenes hasta 1898, al referirse a José Antonio Saco lo considera “periodista, polemista por excelencia y ensayista de talla excepcional […]”. Nótese la asociación entre periodismo, polémica y ensayismo, y la diferenciación entre polemista y ensayista, de modo que una condición existe independiente de la otra. Conozco a polemistas orales que nunca han escrito una cuartilla.

El colectivo de autores que realizó El perfil… comenta el folleto de Saco, Justa defensa de la Academia Cubana de la Literatura…, considerándolo como uno de sus “más agrios y afrentosos escritos polémicos”. Al opinar sobre “los altos valores de su epistolario”, y los contenidos de sus cartas, concluyen: “pero siempre caracterizadoras de su polémica y poderosa personalidad”.

Obsérvese cómo la polisemia traslada a una dimensión sicológica la semántica del término polémica. Es decir, se refiere al ser humano polémico, con valor identitario por definición del carácter.

El perfil… aclara que “es necesario dejar sentado que Saco nunca se dedicó a ‘hacer literatura'[…]”. Su obra polémica queda excluida como arte literario.

Para seguir con ejemplos de nuestro siglo XIX, en cuanto a José de la Luz y Caballero, la estimativa de El perfil… precisa: “Lo fundamental de su obra no está recogido en textos de carácter académico, sino en artículos —verdaderos ensayos muchos de ellos— nacidos al calor de las polémicas que sostuvo contra los que querían introducir ideas reaccionarias en los campos filosófico y científico en nuestro país, las cuales se desarrollaron a través de la prensa […]”.

Más adelante, El perfil… recoge que: “José de la Luz y Caballero es la figura central de una serie de polémicas que se desarrollaron en nuestro país entre1838 y 1840 […]”

La polémica está ahí, en una existencia tácita, sin un corpus teórico que la precise cual género independiente como la poesía, el cuento, la novela, el teatro, el ensayo (en la dimensión literaria de cultura artística y en la científica), o como la información, la noticia, el comentario, la crónica, la entrevista, el reportaje, el gran reportaje, en tanto géneros fundamentados por la técnica periodística.

Lo más reciente que conozco publicado en Cuba sobre el asunto que me ocupa, es el libro de Graziella (primera edición 2006, segunda 2007). La nota de contracubierta expresa: “Las cinco polémicas que reúne este libro representan esa literatura del disenso consustancial a toda nación. Rescatados muchos de ellos de un olvido potencial, los artículos, ensayos, declaraciones y cartas que las conforman documentan los divergentes criterios con que sus autores discutieron […]”.

Aquí se le da entrada a la polémica como “literatura del disenso”; no se le considera género, inmediatamente se mencionan el artículo, el ensayo, la declaración y la carta (esta se halla dentro del epistolar), como los géneros en que se polemizó.

En la técnica periodística no se le incluye cuando se trata el periodismo de opinión, por tanto no se valora como género en esta parcela del conocimiento y la comunicación; pero existe, aunque está en desuso, o no encuentra espacio en la prensa de hoy con la frecuencia de los prodigiosos sesenta.

Graziella dice que “abordar en su conjunto las polémicas de los años sesenta, involucradas en el ancho territorio de las ciencias sociales y la cultura, exigiría disponer de varios volúmenes y de la contribución de varios especialistas […]” Tal era su presencia en la prensa plana de entonces.

Así, como una especie de continente abstracto, le da cabida al contenido de los temas que se debaten en géneros literarios y periodísticos, sin ser ella uno, no obstante su cantidad histórica en los debates intelectuales a lo largo de la existencia humana.

Creo haber esclarecido por qué en los grises setenta escribí, entre comillas, el término género, cuando le aclaré al Indio Naborí que no era la polémica el “género” más apropiado para divulgar el resultado de mis investigaciones, porque entonces no lo era, y aún no lo es, ni lo será, si la genología no le da entrada como tal. Yo soñaba con la publicación de un libro extenso, no con unas páginas de revista donde exponer lo nuevo hallado en mis investigaciones. Esas comillas tienen un matiz despectivo, como diciéndole que no me interesaba discutir con él en la prensa, y menos en una forma que ni siquiera constituía un género periodístico ni literario.

b) ¿Qué valores le confiere usted a la polémica que durante años sostuvo con Jesús Orta Ruiz y qué significa en el desarrollo de su carrera como intelectual?

En primer lugar, un valor cívico, de honestidad y decencia, al recordarle al Director de Bohemia que él se debía a los intereses de la opinión pública y sus lectores tenían derecho a conocer mi defensa luego de haber sido cuestionado en “su” famosa revista.

Haber logrado que se reeditara en la mundialmente conocida publicación habanera, después de mi carta haber circulado como primicia en la revista Mambí, constituyó un paso de avance contra el habanerocentrismo, que tanto ha dañado a la cultura cubana.

Bohemia estaba cerrada a la polémica, lo cual quedó evidenciado durante los 189 días que me censuraron. Exigirle a aquel soberbio Director que yo tenía el derecho a polemizar, cuando apenas había comenzado la carrera, en el posteriormente llamado por unos quinquenio y por otros decenio gris, me marcó como persona beligerante, hoy y siempre, dentro y con la Revolución.

Después de mi respuesta, el Director dio por terminada la discusión, sin darle al Indio Naborí el derecho a la contrarréplica, que era lo justo. Del afecto posterior entre Orta Ruiz y yo pueden dar fe quienes nos vieron compartir juntos en la presidencia de eventos teóricos anuales desarrollados en la Jornada Cucalambeana y el Encuentro Festival Iberoamericano de la Décima, en Cuba, en México (Veracruz), durante muchos años.

Considero que el valor más importante de la polémica fue el interés que despertó entre los lectores sobre la figura de Nápoles Fajardo.

c) ¿Qué recursos metodológicos asume usted en la construcción genealógica de la familia de El Cucalambé?

La genealogía en Cuba apenas se ha utilizado como ciencia auxiliar de la historia. En cuántas ocasiones, síntesis biográficas, historias de vida y biografías, obvian la ascendencia y la descendencia del sujeto estudiado.

El árbol genealógico de El Cucalambé lo publiqué, sintetizado, en el periódico Sierra Maestra, de Santiago de Cuba, en 1977. Con anterioridad tuve que hacer una investigación de campo, la cual me permitió conocer a descendientes de Juan Cristóbal e Isabel Rufina Rodríguez Acosta, aún residentes en Las Tunas y Puerto Padre. El primogénito, Miguel Orfilio Nápoles Rodríguez, procreó con tres mujeres.

La investigación de gabinete la diseñé como investigación bibliográfica (en bibliotecas públicas y privadas) y documentalista (en archivos eclesiásticos, civiles y personales).

La información cruzada entre lo publicado en libros y la prensa periódica, con lo encontrado en las iglesias católicas de Las Tunas y Puerto Padre, más la información obtenida en entrevistas a un universo que abarcó a cuanta persona de apellido Nápoles estuviera a mi alcance en dichas ciudades, y a otras de apellidos que no eran ese porque se les consideraba hijos naturales de Miguel Orfilio (no inscritos como legítimos), conformaron el banco de información cuantitativa; no establecí la marca cualitativa, pues los consideré a todos descendientes; no era mi objetivo establecer diferencias de naturaleza legal, toda vez que mi investigación exploratoria, desde que la concebí cuando estudiaba en el preuniversitario Luis Urquiza Jorge, tenía como objetivo ampliar mi información libresca, con el interés etnográfico de rescatar lo que esas familias sabían por tradición oral.

Ello me permitió conocer personalmente a bisnietos, tataranietos y choznos de El Cucalambé y Rufina. Logré conquistar la confianza de la familia Nápoles Urrutia, de Puerto Padre, herederos del cabo de la pluma de marfil con que escribió El Cucalambé, manuscritos, fotografías, libros…

Sin la construcción genealógica referida, dicha familia no me hubiera conocido, ni me hubiera entregado los bienes de valor patrimonial que atesoraron desde el siglo XIX, ni dicha pluma estuviera en una vitrina del museo provincial mayor general Vicente García González, ni su réplica fuera el símbolo de la UNEAC de nuestra provincia.

d) ¿Qué valores le concede usted a las leyendas sobre la desaparición de El Cucalambé desde el punto de vista etnológico o antropológico y etnohistórico?

Cuando Samuel Feijóo le dio entrada en su ensayo Sobre los movimientos por una poesía cubana hasta 1856, a algo que un informante suyo, anónimo, le contó acerca de la persona de Juan Cristóbal Nápoles Fajardo, sin comprobar ya no la veracidad, sino la verosimilitud de la información, legitimó la ficción contra la historicidad sobre un sujeto de existencia real y no mítica: “Asesinado por los españoles —aclara un barbero campesino— que a la media noche le echaron al río Hórmigo”.

Está documentado que El Cucalambé residía en Santiago de Cuba cuando concluye su vida conocida. ¿A quién se le hubiera ocurrido asesinarlo y trasladarlo desde Santiago hasta el río de Las Tunas? Después de esto, cualquier gatuperio podía decirse y publicarse; compruébese en las versiones que han tratado de explicar su desaparición, comentadas en mi ensayo “El Cucalambé en Santiago de Cuba”.

Varios autores contribuyeron al imaginario popular cuando, del contexto histórico social pasaron a abonar lo legendario; por ello hay tanto de ficción sobre esta figura, pues levantaron parteaguas entre la operatividad de la historia como ciencia social sobre este sujeto, su jerarquización por la historia de la literatura —a las cuales pertenece nuestro autor— con la dimensión cultural en el plano de la folclorización de su figura y sus décimas, la lexicalización de versos suyos, —hoy patrimonio de la comunidad de repentistas para desarrollar su arte improvisatorio; este posicionamiento se halla en los repertorios del repentismo oral y del repentismo escrito—, hasta llegar a la vulgarización: un ron de dudosa calidad se vende con su seudónimo, El Cucalambé, impreso en la etiqueta..

La imagen de Nápoles Fajardo en canturías, guateques, controversias repentizadas, ha sido negada, presentándosele solo como escritor, poeta y periodista. Sin embargo, al mismo tiempo, los guajiros, desde antes y durante el tiempo del mambisado, cantaban sus octosílabos. Por lo tanto, manifiesto la necesidad de orientar estudios etnológicos enfocados a buscar, en las creaciones de repentistas de todas las edades, dignos cultores del llamado “género campesino”, etnotextos deudores de Rumores del Hórmigo. Ahí van a encontrarse leyendas acerca del bardo, defensas y acusaciones relacionadas con su desaparición, y en el imaginario campesino hallarán la evocación de “el viejo Cucalambé”, cuando este, al desaparecer, solo contaba 32 años edad.   

e) Teniendo en cuenta los diversos escenarios en que vivió El Cucalambé y las distintas ocupaciones laborales en que se desempeñó ¿Cómo lo clasifica usted desde el punto de vista socioprofesional y qué argumentos sustentan su respuesta?

Hasta donde tengo conocimiento, Juan Cristóbal Nápoles Fajardo, en su corta existencia, se desempeñó como periodista y editor (El Redactor y el Semanario Cubano), poeta (autor del libro Rumores del Hórmigo), dramaturgo (publicó la obra de teatro Consecuencias de una falta, representada con éxito en Santiago de Cuba y Camagüey); fue pagador, plaza que también contenía el control del almacén de Obras Públicas.

Lo siguiente no ha sido documentado, mas se dice que fue juez de vallas de gallos, inferencia proveniente de sus décimas criollistas.

Téngase en cuenta que al ser poseedor de tierras en El Cornito —las cuales labraba y cosechaba—, este guajiro estanciero, improvisador, de piel blanca, en su contexto social formaba parte del campesinado insular, y destacaba dentro de la intelectualidad criolla, al extremo de ser considerado el mayor poeta popular cubano del siglo XIX, condición que mantiene hasta estos días.

Nápoles Fajardo compartió la creación literaria y periodística con el trabajo agrícola y la labor burocrática. Tuvo la doble condición de ser trabajador manual e intelectual.

 

Share on FacebookTweet about this on TwitterShare on Google+Email this to someonePrint this page

Sobre Redacción Tiempo21

Encargada de realizar todo el trabajo del Grupo Internet y Tiempo21. Integrada por un Editor-jefe, dos editoras, un fotorreportero y camarógrafo, un director de fotografía y camarógrafo y un desarrollador Web. Es un equipo multidisciplinario y multioficio, que desarrolla las principales labores del Periodismo Hipermedia. Además de tiempo21, tiene un canal de Video-TV, y otros espacios. @tiempo21cuba

Comentar

Su dirección de correo electrónico no será publicada.Los campos necesarios están marcados *

*


cuatro × 5 =