Las Tunas, Cuba. Miércoles 18 de Octubre de 2017
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Una voz grita desde el mar

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basura-en-la-playadarletis leyvaDarletis Leyva González
darletislg@rvictoria.icrt.cu

Las Tunas.- Vivimos el mes de julio; la etapa vacacional todavía está de estreno, pero en todos los rincones de la oriental provincia cubana de Las Tunas se sienten los aires de verano.

Áreas recreativas, instituciones culturales y de servicios gastronómicos, piscinas, ríos, playas… son toda efervescencia y los sitios donde los cubanos nos regalamos un respiro ante el estrés de todo un calendario.

Las playas, esos entornos naturales con la virtud de absorber las cargas negativas, de soltar energías soñolientas, de alimentar la juventud que cada quien lleva dentro y la tranquilidad espiritual; ¿pero y ellas?, ¿y su salud?; ¡cuánto nos dan!, y ¿cuánto le damos a ellas?

Le damos muy poco y alimentados por el egoísmo le quitamos y las lastimamos mucho. Experimentar un atardecer en costas como la norte, en particular, en playas como La Boca del municipio de Puerto Padre, da los argumentos para entender la despreocupación de la mayoría por este ecosistema y su biodiversidad, y la insensibilidad que convierte a las arenas y las aguas de las playas en vertederos de disímiles desechos de sus huéspedes.

Botellas flotando o enterradas en la duna, tanto dentro como fuera del agua, latas de cerveza, cáscaras de frutas, huesos, nilones, vasos desechables…, los más diversos desechos de alimentos y otros descansan en el sueño del olvido en estos entornos de donde la teoría de Darwin afirma que surgió la vida.

Según varios estudios entre los objetos más encontrados en las playas están, por ejemplo, las colillas de cigarro, que bajo los efectos del Sol pueden demorar hasta dos años en desaparecer, aunque en el agua, la desintegración es más rápida, pero más contaminante; las latas de refresco, cerveza o jugo, que demoran 10 años para que se transforme al estado de óxido de hierro.

Otros ejemplos sorprenden como un chicle masticado que tarda 5 años en desaparecer. Las botellas de plástico son las más rebeldes a la hora de transformarse, demoran de 100 a 1000 años para su descomposición; los vasos desechables esperan 1000 años; el plástico queda reducido a moléculas sintéticas, invisibles, pero siempre presentes.

El calzado que está compuesto por cuero, tela, goma y, en algunos casos, espumas sintéticas tiene varias etapas de degradación. Lo primero que desaparece son las partes de tela o cuero. Su interior no puede ser degradado, sólo se reduce y demoran 200 años.

Las botellas de vidrio tienen un proceso de descomposición de 4 mil años. Las bolsas de plástico, por causa de su mínimo espesor, pueden transformarse más rápido que una botella de ese material, pero aún así aguardan 150 años para su degradación.

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