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Omaja, poblado donde se construyen historias de amor

Parque de Omaja.

yenima 12Yenima Díaz Velázquez
yenimadv@enet.cu

El poblado de Omaja, en el municipio de Majibacoa, guarda sobre su extensión una hermosa historia de amor a los orígenes de cubanos y norteamericanos, que se fundió en el crecimiento de la comarca y en la calidad de la gente que vive en el lugar.

Sus calles son como otras que existen en la provincia de Las Tunas, a 690 kilómetros al este de La Habana. Pero, a ellas las distingue un halo misterioso y provocador, que no entiende del paso del tiempo y nos lleva a un siglo atrás, cuando era un poblado joven y próspero.

Su historia se extiende más allá en los almanaques hasta el 16 de octubre de 1906, cuando se fundó en una zona casi virgen, cubierta de grandes bosques de maderas preciosas, y atravesada, como una cicatriz, por el ferrocarril central.

Terminal de ferrocarril de Omaja.Era un lugar bueno para establecerse, a juicio de un grupo de emigrantes estadounidenses que llegaron y vivieron en cómodas casas de madera de dos pisos, que hicieron ellos mismos y que causaban admiración en todos los que las veían.

Hoy quedan las huellas de sus costumbres y también emergen hasta la actualidad cuando quienes viajan de Oriente a Occidente, y viceversa, observan la estación ferroviaria que se construyó en lo que inicialmente fue un apeadero.

Caminar por Omaja y recorrer sus espacios públicos es volver a vivir aquellas noches en las que los norteamericanos ponían, muy cerca del andén, un cartel con el nombre de Omaha, importante centro industrial del estado de Nebraska.

El día siguiente los cubanos reponían el letrero de Majibacoa, nombre de la finca original, que remite a anécdotas vividas por los aborígenes que abundaban en esa zona antes de la llegada de los colonizadores españoles.

Cada jornada era una sorpresa para los viandantes hasta que, por mutuo acuerdo, cubanos y norteamericanos bautizaron al lugar como Omaja, con jota en vez de la hache intermedia del Omaha de Nebraska.

Hoy el poblado se mantiene bonito, limpio y orgulloso de sus escuelas, cine, casa de la cultura, instituciones de la salud y Cooperativas de Créditos y Servicios, como la Mártires de Omaja, con excelentes resultados en la ganadería.

Recorrerlo es soñar con las típicas calles que se ven en las películas del oeste, polvorientas y silenciosas, con la diferencia de que éstas no están vacías, sino que por ellas se mueven miles de personas que, todavía hoy, construyen historias de amor.

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