La ceiba más conocida de la ciudad de Las Tunas

Sábado, 30 junio 2012, 07:38 | Haga un comentario

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yenima diazEn los alrededores de la ceiba más conocida de la ciudad de Las Tunas se extiende una muy visitada área de las fiestas carnavalescas.Yenima Díaz Velázquez
yenimadv@enet.cu

Las Tunas.- Aunque vivimos en una ciudad, los tuneros tenemos el gusto de compartir nuestro espacio con muchísimos árboles, elementos imprescindibles porque generan el necesario oxígeno, dan sombra a los transeúntes, alegran los paisajes y garantizan el hábitat de aves, insectos y pequeños reptiles.

Muchos atesoran leyendas transmitidas de generación en generación o forman parte de la historia local pues bajo su follaje se vivieron disímiles situaciones y en algunos casos, todavía se protagonizan las anécdotas del mañana.

Así es la ceiba del Callejón; o mejor dicho, la planta que da nombre al Callejón de la Ceiba, proyecto cultural comunitario del artista de la plástica Othoniel Morfis Valera, que desde julio del año 2008 contempla la participación del público en numerosas actividades.

Ese corpulento árbol tiene una edad indeterminada y pareciera que siempre nos ha acompañado pues está junto a nosotros desde hace mucho.

Incluso, ancianos que residen en sus alrededores la recuerdan tal como luce ahora, frondosa y llena de vida, cuando acogía sus juegos de niños.

En un post de su blog Cuba Juan, el periodista Juan Morales Agüero la calificó como la superabuela de la familia vegetal en esta región y agregó que “tiene la corteza arrugada como la piel de una ancianita y casi todo el tronco inferior hueco, lo cual ha propiciado que algunas personas lo hayan adoptado como altar para sus cultos religiosos”.

Las ceibas son símbolos sagrados para algunas culturas y religiones. Los antiguos mayas, creían que eran la comunicación entre el cielo y el inframundo y sus descendientes la respetan como sinónimo de sabiduría y resistencia.

Para los chinos que se importaron durante la colonia, y hoy para sus descendientes, es el trono de Santàn Kòn, deidad que en su país representa a Santa Bárbara.

En Cuba es el árbol sagrado por excelencia para los creyentes y practicantes de la Regla de Osha. Sembrarla es un compromiso inviolable por parte de su responsable, quien jura cuidarla mientras viva ya que de ella dependerán su salud y felicidad.

Los campesinos dicen que es un árbol bendito y santo; se lo dedican a la Virgen María y a Dios y también la respetan porque viven muchos años y no la dañan ni las tormentas eléctricas ni los huracanes más fuertes.

Así ocurre aquí con la ceiba de la calle Villalón, entre Frank País y Lucas Ortiz, la que se mantuvo firme y lozana durante el paso del huracán Ike por el territorio tunero, a 690 kilómetros al este de La Habana.

De ella hay muchas cosas que contar. Morales Agüero, en el citado post, expuso parte de su historia.

En la segunda década del siglo pasado, durante el gobierno de Mario García Menocal, las reses de la municipalidad se sacrificaban bajo la frondosa ceiba. (…) A unos siete metros tronco arriba, un objeto pellizca la curiosidad del visitante. Se trata de un anillo de acero empotrado desde quién sabe cuándo en la piel de esta auténtica patriarca del reino vegetal. Según el testimonio de algunos vecinos, es un trozo del cable que sujetaba un poste del alumbrado de la calle Lucas Ortiz en los tiempos en que llegó la electricidad a la otrora ciudad de Victoria de Las Tunas”.

Admirar la ceiba más famosa de la ciudad es gratificante, por su estatura, tanto en altura como en anchura, por su extensa sombra y su silencio, testigo mudo del paso de miles de tuneros por la vida.

Nosotros llegamos y nos vamos, y ella sigue en su lugar, desafiando al viento, la lluvia y el sol, adornando la ciudad y regalando la satisfacción de que contamos con una de las ceibas más antiguas de Cuba.

Esa planta es, después de la palma real, la más representativa de nuestro archipiélago y el árbol sagrado por excelencia. Aunque no son tan abundantes en la geografía cubana, hay algunas ceibas famosas como la del Parque de la Fraternidad, en La Habana Vieja, la que fue plantada con una mezcla de tierras de todos los países americanos y a su alrededor se colocaron bustos de las figuras más destacadas del continente.

Y, entre todas, la más popular es la del monumento conocido como El Templete, a la que, cada 16 de noviembre, los habaneros le dan tres vueltas en silencio mientras piden un deseo con la ilusión de que se les haga realidad.

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