Las Tunas, Cuba. Miércoles 23 de Agosto de 2017
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Detalles de uno de los patios más hermosos de la ciudad de Las Tunas

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Patio de animales
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Escuche testimonio:

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yenima 12Yenima Díaz Velázquez
yenimadv@enet.cu


En la calle 77, del reparto Aurora, en la ciudad de Las Tunas, cabecera de la provincia cubana de igual nombre, el patio de una vivienda llama la atención de los niños y también de los adultos que pasan por el lugar.

Es un área pequeña en la que se distribuyen 23 figuras de concreto y cabillas que representan a varios animales como flamencos, un cocodrilo, peces, pájaros, venado, zorro, elefante, tigre, león y otros.

Esas obras son fruto del ingenio de Sebastián Tacumber González, ya fallecido, y su esposa Francisca Graciela Durán Castro, Paquita, la dueña de esta maravilla, quien accedió a responder varias interrogantes.

– ¿Cómo fueron los inicios de este zoológico sui géneris?

– Esto surgió porque al niño le regalaron un libro de cuentos, con ilustraciones de animales. Mi esposo vio esas imágenes tan lindas y quiso hacer un zoológico. Primeramente experimentó con la madera; pero- imagínese- el sol, la lluvia y el sereno la dañaron enseguida. Y la verdad es que no dio resultado. Después se embulló y decidió hacer las figuras con cemento y ahí están las obras. Eso es un trabajo que se hizo con tanto amor, con tanta dedicación… lo mismo él que yo. Vivíamos para eso y cuando él venía del trabajo ese era su hobby. Él dedicaba todo su tiempo a ese trabajo.

– ¿Alguna de las figuras tiene un valor especial para usted?

– Para mí la que más valor tiene es la jirafa porque era la que yo quería que me hiciera. Pero, todas tienen un significado porque fue un esfuerzo que él hizo, o hicimos los dos, porque yo lo ayudaba, yo lo que no sé es hacerlo sola. El elefante fue un desafío grande, ya estaba enfermo y hubo unas cuantas personas que lo ayudaron porque él lo hacía en el suelo, le daba la forma sacando la tierra, preparaba la mezcla de cemento y arena y hacía esa parte, después hacía la otra, dejándole las cabillas para poder unir. ¿Usted sabe lo que pesa eso para poder levantarlo y llevarlo hasta el lugar en el que iba? Fueron unos cuantos vecinos los que ayudaron. Y con el venado también.

– ¿Qué impresión se llevan los visitantes que llegan desde diferentes lugares?

– Todo el que viene aquí se maravilla con el patio. Muchas personas pasan y no saben que es una casa particular. En él se han hecho varias actividades con los niños de los círculos infantiles Volodia y Tres casitas. Vienen a dar clases prácticas, las maestras los traen y ellos aprenden aquí. El valor y la significación que tiene para los vecinos y las personas que vienen aquí son muy grandes, hasta personas que no viven en este país, vienen y dicen que nunca han visto eso en una casa particular, que han viajado a otros países y que solo lo ven en parques.

¿Qué siente usted cuando ve a los niños de la familia disfrutando con lo que es un juguete eterno, que se mantiene igual para varias generaciones?

– Para mí es algo maravilloso, que yo siento muy profundo, de ver que ellos pueden jugar, pueden sentarse en el columpio, pasarle la mano a los animales… porque yo no dejo que se suban a las figuras porque si todo el que viene se sube a las figuras, las destruyen. Pero, ellos las cuidan mucho también. Y me siento contenta, para no decir orgullosa, de tener algo tan bonito, que a todas las personas les gusta. Aquí han venido personas a tirarse fotografías de cumpleaños, quinceañeras, de bodas… Incluso, hasta de Santiago de Cuba vino una pareja que se casó allá y vino a retratarse acá. Ya ella había estado de niña y quiso volver en su matrimonio.

Son tantas las personas que han visitado el zoológico de Paquita que ya ella perdió la cuenta, aunque- me aclara- hay algunas imposibles de olvidar como la que le hizo en una oportunidad la destacada escultora Rita Longa.

– ¿Cómo fue ese encuentro?

– Yo supe que era ella porque en ese tiempo vino un señor aquí que era su chofer. Él me pidió permiso para pasar y cuando terminó de verlo todo me preguntó si podía traer a una amiga para que viera el patio. Le dije que sí, que podía traerla cuando quisiera. Y un día veo un carro que para. A él enseguida lo reconocí; pero a ella no la conocía. Y- mire usted- mi esposo la conocía. Él trabajaba en el restaurante El Baturro y ella había hecho un trabajo allá. Cuándo él sale, ella le pregunta: ¿Tú vives aquí? Mi esposo asintió; pero, apenado. Y ella asombrada dijo: ¡No me digas que eres tú el que hace estas cosas! Él no hallaba qué hacer. Le dijo que sí, que era él, que no sabía; pero, le gustaba. Le daba pena con una escultora tan famosa a nivel mundial. Y Rita Longa lo abrazó, le dio un beso y le dijo: Te felicito, eres un verdadero escultor.

– En su patio también hay una hermosa figura de la tunas. ¿Por qué?

– Nosotros vivimos en la provincia de Las Tunas. Y por eso él creyó que no debía faltar una planta de tunas.

– Veintitrés piezas se dice fácil; pero, hacerlas fue difícil. ¿Su esposo consideró terminado el zoológico o pretendía incrementarlo?

– Nosotros terminamos ya en el año 1988, que ya él estaba enfermo. Pero, yo lo ayudaba. Fíjese que a él se le quedó ya hecho en cabilla un gallo porque él crió a un gallo, que le puso El Tiki y cuando él estuvo ingresado muchos días y volvió a la casa, quiso cargar al gallito. Y este le dio varios picotazos. Entonces le comenzó a pasar la mano, como hacía siempre, y le decía: “Tranquilito, duérmete, muerto, duérmete”. Y ahí mismo el animal se murió. Increíble, él lo quería mucho. Yo lo vi con los ojos llenos de lágrimas. Y no sé de eso; pero, cuando vino el médico veterinario dijo que al gallo le dio un infarto. Entonces, él se quedó con deseos de hacer la figura de su mascota favorita porque estaba muy enfermo, tenía insuficiencia renal crónica…

– ¿Se imagina la vida fuera de su patio y sus recuerdos?

– No. Imagínese que yo vivo para cuidarlo, para pasarle la mano, hago el sacrificio que tenga que hacer para pintarlo, para mantenerlo, para comprar el cemento y la pintura. A mí me han ofrecido de todo, hasta dos casas buenas, en lugares cercanos, nada de un barrio lejos, y me proponen devolverme dinero. Pero siempre digo que no, que de aquí voy para el cementerio Vicente García. Esto para mí significa tanto que es parte de mi vida porque, qué va, no podría porque aquí está la salud de él, la juventud, y mía también. Esto está hecho con mucho amor y con ese amor yo lo sigo cuidando.

Francisca Graciela Durán Castro, Paquita, es una mujer excepcional que guarda tiernos recuerdos de su esposo Sebastián Tacumber González, quien le dejó, para ella, sus dos hijos, cinco nietos y dos bisnietos, un hermoso zoológico de concreto, que, al cabo de más de 30 años, se muestra conservado y acogedor.

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Sobre Redacción Tiempo21

Encargada de realizar todo el trabajo del Grupo Internet y Tiempo21. Integrada por un Editor-jefe, dos editoras, un fotorreportero y camarógrafo, un director de fotografía y camarógrafo y un desarrollador Web. Es un equipo multidisciplinario y multioficio, que desarrolla las principales labores del Periodismo Hipermedia. Además de tiempo21, tiene un canal de Video-TV, y otros espacios. @tiempo21cuba

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