Las Tunas, Cuba. Martes 21 de Noviembre de 2017
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Solo la cultura salva

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mujer_guatemalajuan-quienes-somosJuan Morales Agüero
morales@enet.cu


Hace cuestión de 10 años viajé a Guatemala en menesteres de cobertura periodística. ¡Qué tremenda experiencia! En mis seis meses de estancia en esa nación de Centroamérica vi cosas capaces de ponerle a cualquiera la carne de gallina. ¿Conciben los cubanos de hoy a niños de siete años trabajando en el campo a la par de sus padres?

En las comunidades indígenas chapinas existen por montones. Pocos -¡poquísimos!- asisten a la escuela. Casi ninguno se cepilla los dientes al dejar la cama. Y algo mucho peor: nacieron sin sonrisa.

Si uno le pregunta a una madre de la etnia quetchí cómo se llama el hijo que trae en brazos, ella bien puede responder: “No sé, no tiene nombre”. Una anciana, por su parte, asegurará tener 25 años de edad si el médico cubano la interroga sobre el particular. Es tal la pobreza y el abandono reinantes en las montañas de por allá que su gente solo consume tortillas de maíz. Nadie escucha jamás un radio. Y ni hablar de televisores ni de periódicos. Sencillamente, no los conocen.

Los problemas interpersonales no se resuelven con diálogo. Ni siquiera a trompadas. Como en cualquier tenducho se comercializan armas de fuego, el plomo es quien suele dirimir las diferencias. ¡Y que a nadie se le ocurra robar de una milpa una mazorca de maíz! Si lo sorprenden, un cubo de gasolina y un fósforo incinerarían su existencia. Por aquellos lares existe una manera muy peculiar de aplicar justicia. ¡Ni los mismos policías se atreven a desafiarla!

Tan grave situación se resume en una frase breve como el canto del quetzal: no tienen cultura. Carecen del tesoro más valioso de los seres humanos. Dominan la azada y el machete, pero les son ajenos los libros y el pupitre. Con la mayoría de los indígenas guatemaltecos no se puede conversar sobre ningún tema, porque de nada saben. ¿Es culpa de ellos? Definitivamente, no. La responsabilidad por tamaño crimen deben asumirla quienes les han negado históricamente la cultura.

¡Qué distinto nuestro asediado país, empeñado en erigirse en el más culto del mundo! ¡Cuántos contrastes entre nuestros niños y los patojos centroamericanos! Cierto: nos faltan muchas cosas materiales. Todos conocemos y comprendemos las razones. Pero ninguna expectativa por abrirse camino intelectual se queda sin respuesta. ¿Dónde se ha visto pagársele un salario a alguien por concurrir al aula? ¿En qué nación se han multiplicado como aquí las universidades?

Los programas que lleva a cabo la Revolución transitan por ese derrotero: darle cultura al cubano. Y lo está consiguiendo, sin dudas. Lo reconocen, incluso, quienes cuestionan nuestro proyecto político desde posiciones de enfrentamiento. Nadie queda relegado en su intrínseco humanismo: niños, desvalidos, jóvenes, mujeres, reclusos, ancianos… La humanidad no ha conocido una cruzada educativa y cultural semejante. Nuestro aguerrido pueblo la protagoniza.

Sin cultura no hay metas realizables. Todos los sueños de hoy serán realidades mañana si somos capaces de interiorizar esta verdad irrebatible. Cuba pasará a la historia como la nación que más trabajó para proporcionarles a sus hijos lo único auténticamente capaz de salvarlos: cultura.

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Sobre Redacción Tiempo21

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