Opinión

En diálogo con los jóvenes

maira_castro_lorajovenes_cubanos_12Maira Castro Lora

maira@rvictoria.icrt.cu


Las Tunas.- Al tanto de debates con sus alumnos, acerca del dilema de la carestía de la vida, me puso un casual encuentro con un profesor de preuniversitario de la oriental provincia de Las Tunas, entre cuyas cualidades se juntan las de instruir en la compleja especialidad de Química y la de educar.

Sin cansancio les recuerda a muchos la importancia de estudiar, ante los criterios de para qué hacer una carrera, cuando no siempre se encuentra el centro laboral deseado para el desempeño de la profesión u oficio.

La confrontación muestra como conquista la posesión de la mayor cantidad de jeans y calzado de marca, o la obtención de ingresos sin mucho sacrifico, ante lo cual se erige la imposibilidad de comprarlo todo, dígase conocimientos y salud, que constituyen patrimonio individual.

A decir de muchos, el hábito no hace al monje, pero hace falta, una afirmación cierta, aunque ese componente externo no basta sobre un cuerpo y una mente vacíos de elemental preparación cultural, evidentes con solo pronunciar una frase.

Esa es una visión que se interioriza sobre la marcha, no por azar, sino en la conversación frecuente, los repetidos regaños en el hogar, los consejos y orientaciones, cuyo significado lo pueden enriquecer la escuela, la sociedad, sin ser nunca suplentes del papel de la familia.

Los jóvenes se parecen más a su tiempo que a sus padres; sí, pero esto no ha de conducir a la resignación en lo poco que puede determinarse en la casa, o de empeñarse en satisfacer apetitos materiales para tener contentos a los muchachos.

Quien dispone de los medios necesarios para proveerlos de gustos que lo haga, porque tampoco hay que pensar en una regla de limitarlos para que “se acostumbren a saber que todo cuesta”, cuando la propia vida y los tropiezos se lo irán enseñando.

Para mí, el asunto transita más bien por ofrecerles a menudo argumentos al respecto, en ese encontrarse entre los valores morales y el consumo material, dentro del cual es preciso preservar el sentido del humanismo, la laboriosidad y la responsabilidad.

El profesor que motivó mi comentario se sabe insertado en una de las esferas sociales desfavorecidas en cuanto a la posibilidad de obtener grandes bienes materiales, pero aún así reniega de obtener ingresos por ofrecer repasos, porque él no pagó para graduarse de su especialidad, mientras siente el reconocimiento social como el mayor premio a su vocación de enseñar.

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