Las Tunas, Cuba. Martes 21 de Noviembre de 2017
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El milagro de Carlitos

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Declaraciones sobre caso de enfermedad Neurológica:

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Darletis Leyva González
darletislg@rvictoria.icrt.cu

Las Tunas.- El 7 de febrero de 2012 amaneció como un día común para una familia tunera, residente en el reparto Buena Vista de esta ciudad; cada quien partió a su deber y en la morada solo quedó la reina del hogar, por encontrarse con una pierna inmovilizada; pero pocas horas después de haber ido rumbo a la escuela el joven de la casa regresó con un extraño padecimiento, que pintó de gris el mes del amor.

“Los muchachos de la escuela me trajeron con una punzada en el costado del cuello y caminando para la izquierda”, recuerda Luis Carlos Escobar Labrada, quien tiene muy nítidas las peripecias de ese día.

Ailín Labrada, madre del joven, cuenta las vivencias de aquella jornada y de las que sucederían a ese acontecimiento en la vida de Luis Carlos.

madre_joven_enfermo“Mi hijo llegó de la escuela con problemas en la marcha y decidimos llevarlo urgente para el hospital pediátrico Mártires de Las Tunas. Lo ingresamos a las 8:00 de la noche; los médicos sospechaban que Carlitos podía tener algo malo.

“Los médicos no daban con el diagnóstico del niño, pero a las 11:00 de la mañana del siguiente día ya a mi hijo se le estaba haciendo una tomografía porque sospechaban de algún acceso en el cerebro. Lo pasaron a terapia intensiva, se le hizo todo, hasta una resonancia magnética en Holguín; todo fue muy rápido; y entonces la resonancia da que mi hijo tiene una malformación congénita y una enfermedad llamada siringomielia y siringobulbia, conocida, pero no típica; en el mundo hay muy pocos casos”.

neurologoLa madre, con una voz serena y sus ojos colmados de un brillo diferente, comenta que los médicos decidieron remitirlo al Instituto Neurológico de La Habana, y aunque ella estaba completamente aturdida, en un rato de lucidez decidió quedarse con los médicos de la provincia.

La travesía

“Los médicos me explican que la operación del niño era riesgo-beneficio, pero había que hacerla. Se hizo la cirugía, fueron cinco horas y media, las más largas de mi vida.

“Cuando termina la cirugía los doctores me explican que había sido un éxito la operación, pero Carli iba para cuidados intensivos porque había que esperar su evolución. El niño tenía una lesión de médula; las vertebras estaban comprimiendo la médula espinal y al tener esta lesión podían ocurrir muchas cosas; ya el oxígeno no podía llegar bien al cerebro.

“El equipo médico no me dejó a mi hijo dormir haciéndole chistes porque esperaban lo peor; el niño estaba muy mal. Lo cubrieron con los mejores antibióticos que hay en este país, que la vida no me va a alcanzar para agradecer lo que hicieron por él.

“Salimos de Intensiva, nos pasan a cuidados intermedios y el niño de la cirugía estaba bien, pero neurológicamente mi hijo no se estaba recuperando bien porque había daños paracraneales. Al existir estos el niño deja de tragar; estuvo un mes sin comer; perdió nueve kilogramos en 11 días y el gastroenterólogo decidió hacerle una gastroctomía para poder salvarlo, porque estaba deshidratado.

“El niño todos los días iba para atrás. Se pasa a salón en 10 días cuatro veces; primero la cirugía, luego para la gastroctomía, después para ponerle un catéter, porque el niño hizo dos fístulas en la cabeza, eso es grave, y también para explorarle porque sospechaban de un absceso en la garganta, pues mi hijo no podía tragar”.

Ailín con el llanto abrazando sus palabras dice que los médicos ya no hallaban qué hacer, pero le decían “mamá, tranquila” y ella me asegura que no dejaba de tener la confianza en los médicos, ni por un minuto, y la dedicación de ellos hacia Carli ella no tiene con qué pagarla.

“En Las Tunas sí hay buenos médicos y tenemos que confiar en ellos y ver cómo se entregan y con las mismas necesidades que tiene todo el mundo. La operación de mi hijo fue un logro más bien de la ciencia, del país y de todos”.

Esta madre llena de agradecimiento por los profesionales que asistieron a su amado hijo confiesa que entre todos los momentos duros que vivió en los últimos meses de este año, no olvida cuando una doctora del equipo médico le planteó la probabilidad de que su hijo no volviera a caminar o a alimentarse por vía normal, que ellos habían hecho lo que se podía hacer en cualquier lugar del mundo.

“Yo le dije: doctora, eso lo dice la medicina, pero mi corazón de madre siente que mi hijo sí va a volver a caminar, que va a volver a tragar. Al mes y dos días se le cerró la gastroctomía. En el caso participaron cirujanos, intensivistas, residentes, enfermeros, médicos generales, gastroenterólogos, neurólogos, pero, sobre todo, Josué, el neurocirujano, uno de los mejores especialistas que existe en Cuba”.

Manos prodigiosas

Josué Betancourt, un hombre de palabras dulces, de mirada sincera, que describe la dedicación de su vida como médico especialista de primer grado en neurocirugía, nos recibe en su hogar con la alegría de saber a Luis Carlos en recuperación y podernos contar su visión del caso.

“El caso de Luis Carlos es particular, no es lo más frecuente en medicina en Cuba, ni en cualquier parte del mundo. Una enfermedad que tiene sus componentes congénitos. Él había sido operado de una tortícolis congénita que había evolucionado bastante bien. Y a esta edad de la vida entonces se enfrenta a una dificultad importante para deglutir los alimentos, para la marcha y eso nos trajo un poco de dudas a la hora del diagnóstico de la enfermedad, en el que participaron varios neurocirujanos y neurólogos.

“Se le hicieron los estudios y eso nos confirmó que había una siringomielia con una siringobulbia, que produce una dilatación del canal ependimario y las estructuras del tallo cerebral, las estructuras que están alrededor de él las comprime y los síntomas son secundarios.

“Tuvimos la oportunidad de estar cerca de él, diagnosticar la enfermedad y entre varios médicos y especialistas hicimos la operación, bastante riesgosa, amplia, pero podíamos hacer una sola operación o más de una y tuvimos la posibilidad de resolver toda la enfermedad con una.

“Sale bien de la operación, pero se enfrentó a complicaciones que un tanto uno no las hablaba con la familia para no angustiarla, pero sí podían comprometer la vida de Luis Carlos. Ya hace casi más de un mes fue egresado el muchacho y yo estoy realmente satisfecho con los resultados, y al salir exitoso de un caso así y no solamente yo, tantas personas apasionadas que lo entregaron todo para que Luis Carlos saliera con vida”.

De vuelta a casa

Carlitos salió del hospital en los primeros días de abril en una silla de ruedas, pero de inmediato comenzó la rehabilitación junto al doctor Josué, al ortopédico Nelson y su esposa, la fisiatra, que le extendieron sus generosas manos.

“Mi hijo usó la silla de ruedas dos días, pronto empezó a dar pasos y luego a caminar con menos trastornos en la marcha. Estamos en la rehabilitación, maravillosos los médicos. Carlitos va caminando desde mi casa hasta el área de rehabilitación del policlínico Gustavo Aldereguía y regresa caminando. Mi hijo me devolvió la felicidad”.

Luis Carlos junto a su mamá todo el tiempo de nuestro diálogo, aunque sentía que ella había descrito toda la historia, se motivó a expresar los sentimientos que hoy lo habitan cuando piensa en esos difíciles meses.

“Yo tenía fe de que me iba a salvar. Josué fue el que me salvó”.

A lo que este médico de manos e ingenio pródigos, con una risa de satisfacción y sorprendido al escuchar las palabras de Luis Carlos le dijo:

“Yo lo que puedo decir es que participé en tu curación, no tanto en tu salvación. Y entonces, lógicamente, uno se encariña con los pacientes. Te tenemos tremendo aprecio Luis Carlos, a su mamá, que le doy gracias también por la confianza que tuvo en nosotros, porque en un principio pensamos que se operara en otro hospital, pero su familia decidió que lo operáramos acá. Como médico me siento agradecido de todas las personas que participaron en la pronta recuperación de este joven, agradecido por eso”.

Habla el corazón

Ailín, que hasta el último minuto demostró esa fuerza interior que la mantuvo de pie y segura, llena de lágrimas revela que el dinero del mundo no compra la felicidad que ella tiene.

“Mi hijo se recuperó y no me va a alcanzar la vida para agradecerles a todo el hospital pediátrico de Las Tunas, a todos los médicos, lo que hicieron por él y por mí”.

Carli dice que lo atendieron más que nunca en el hospital, que hasta las auxiliares de limpieza preguntaban por él; por la madrugada el médico Josué llamando y los intensivistas prácticamente no podían poner los catéter de tan conmovidos, hasta lloraron por los pinchazos.

“Le agradezco a toda la gente del Pediátrico, a todos. Yo me voy a mantener así y dentro de poco ando por las calles caminando y montando bicicleta”.

Este joven de palabras seguras y dispuestas quiso dar un mensaje para las personas que puedan estar en una situación parecida a la de él.

“Si están inválidos no se sientan mal, no se aflijan, no cojan lucha, eso no es nada, al menos estamos vivos, eso hay que pensarlo”.

Luis Carlos Escobar Labrada a poco más de un mes de estar en su hogar, en plena rehabilitación, ya anda por sus propias piernas e intenta recuperar su vida normal.

Carli, como cariñosamente le dicen casi todos, con solo 15 años de vida sueña con dedicarse a tallar la madera, ya que cursa el primer año del oficio de Carpintero-Ebanista y fue escogido junto a cuatro alumnos de su aula para aprender a hacer guitarras.

Él es un joven con una fuerza de voluntad impresionante, con ideas sensatas y sentimientos nobles, pero, sobre todo, con perseverancia y espiritualidad; esas que hicieron posible su renacer.

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Sobre Redacción Tiempo21

Encargada de realizar todo el trabajo del Grupo Internet y Tiempo21. Integrada por un Editor-jefe, dos editoras, un fotorreportero y camarógrafo, un director de fotografía y camarógrafo y un desarrollador Web. Es un equipo multidisciplinario y multioficio, que desarrolla las principales labores del Periodismo Hipermedia. Además de tiempo21, tiene un canal de Video-TV, y otros espacios. @tiempo21cuba

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