El verdadero valor de El Principito

Viernes, 11 mayo 2012, 12:52 | Haga un comentario

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manuscritoanaisa_vidal_diazAna Isa Vidal Díaz
anaisa@rvictoria.icrt.cu

Las Tunas- Leer El Principito, de Antoine Saint-Exupéry (1900-1944), y descubrir, desde su sencillez, una gran historia que se convierte en mil vivencias cotidianas, es una de las experiencias que no debe evadir ningún buen lector, y sobre todo, ningún buen ser humano. Sin embargo, este tesoro espiritual actualmente es valorado en un contexto tan ajeno a su esencia como una subasta.

Es curioso que nunca me canse de leer esta noveleta del aventurero francés, publicada en el año 1943. Yo soy una de las tantas que la tuvo como fiel compañera de la infancia –si bien en aquellos años no la entendí en su totalidad- y luego, he acudido a ella durante mi existencia, en busca de enseñanzas y axiomas para enfrentar las constantes encrucijadas de la vida.

Y esta es sólo una de las verdades de un cuento, en el cual un aviador se pierde en el desierto del Sahara y encuentra un pequeño príncipe, quien le revela, con la natural sabiduría de los niños, esencias olvidadas por la mayoría de las personas mayores.

Antoine de Saint-Exupéry intenta enseñarnos así las raíces de las relaciones humanas, que casi siempre escapan a los ojos. Para ello se vale de historias y personajes devenidos metáforas, que aluden a la imaginación (subvalorada por las personas mayores), los problemas cotidianos y las tareas (representados por los baobabs y los volcanes), la rosa (el amor) o el zorro (la amistad).


1245172459_1Probablemente al autor, quien murió en un accidente aéreo en 1944, le hubiera parecido chocante que su obra maestra volviera en 2012 a ser noticia, pero no a causa de las esencias que transmite, sino por la subasta de dos páginas inéditas, “valoradas en más de 65 mil dólares (unos 50 mil euros) “, por la casa parisiense Artcurial.

Al menos para mí, que sólo soy una gran admiradora, resultó desalentador que los primeros párrafos de la nota publicada en la edición digital del diario español El País, se centraran en la cantidad de dinero que cuestan las hojas de un texto dedicado a ilustrar lecciones como esta:

“Si ustedes dicen a las personas mayores: “He visto una bella casa de ladrillos rojos, con geranios en las ventanas y palomas en el techo…”, no llegarán a imaginarse la casa. Habrá que decirles: “He visto una casa que vale cien mil francos”. Entonces exclamarán: “¡Qué belleza!”

Por eso resulta dolorosamente irónico que el valor de El Principito se magnifique en euros, cuando varias de sus páginas critican esa mala costumbre de los adultos de perderse en el poder, la vanidad y la riqueza.

Creo escuchar la voz de su narrador cuando dice: “Los niños deben ser indulgentes con las personas mayores. ¡Pero nosotros, que comprendemos la vida, bien podemos burlarnos de los números!”:

El Principito es una de las mejores historias que he leído en toda mi vida, es un cuento que habla de rosas, estrellas, planetas, del poder del amor y de la necesidad de domesticar a la gente interesente, porque curiosamente, “no hay mercados de amigos”, esa es la razón, y no otra, de que sea considerado uno de los libros más valiosos del mundo.

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