Las Tunas, Cuba. Domingo 20 de Mayo de 2018
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El alma en los Camilitos

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Las Tunas.- El ahora primer teniente José Pérez González llegó a la vida militar por un poco de buena suerte y otro tanto de disciplina familiar e intuición juvenil. Me lo contó vestido de completo uniforme, sonriente y afable, en un tiempo que también aprovechó para hablar de su hijo, de sus constantes deseos de superarse y de lo fascinante que le resultó la vida en las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) y su aprendizaje desde aquel primer encuentro.

“En la casa escuchamos que se iban a abrir los Camilitos aquí en Las Tunas -me dijo- y que estaban buscando muchachos de duodécimo grado que cumplieran los requisitos para completar la matrícula, me presenté y aquí estoy”.

Y aunque dicho así parece cosa cubana de “coser y cantar”;  la historia no es tan sencilla y la llegada a un centro marcado por una disciplina de rigor, rodeado de muchachos de su edad que en su mayoría ya estaban preñados de los matices de un reglamento estricto, tuvo sus momentos duros.

“Fueron los menos y siempre se impone la voluntad de cada uno” afirma, mientras cambia el tema hacia cosas más cercanas; habla entonces de lo cálido que le resulta siempre caminar, ahora como profesor de la cátedra militar, por los pasillos que le abrieron la puerta de sus sueños y lo fueron preñando de ganas; y es que este joven sonriente pertenece a la primera graduación de la escuela militar Camilo Cienfuegos de la provincia de Las Tunas en la que ahora imparte docencia.

“A veces me siento como un estudiante más –confiesa- y encuentro en los muchachos cosas que me recuerdan a mis compañeros y hasta a mí mismo cuando vestía ese uniforme”· Y no es para sorprenderse porque muchos de sus colegas de trabajo fueron sus profesores de antaño y aunque ya pasaron por su existencia los tiempos de la academia militar que afianzaron su vocación y perfeccionaron sus estudios, pocas cosas suplen en la memoria los primeros regaños y las travesuras inigualables de la escuela que te descubre ante ti mismo en plena adolescencia.

Me aseguró que agradece estar en ese sitio y siento que regresar le ha sido como un bálsamo, una especie de buena suerte que ha venido a confirmarle que vale la pena la senda transitada porque desde este, su punto de partida, tenía razón y raíz; sin embargo, también me deja claro que nada es “para siempre” y que quiere hacer otras cosas, llegar a otros lugares, explorar y medirse ante otros desafíos porque para eso estudió, para aprender más siempre y serle útil a Cuba, sin lugares fijos ni pasiones a medias.

Tal vez cuando yo regrese un día a la escuela militar Camilo Cienfuegos, de Las Tunas no lo encuentre ahí; estará en algún sitio, cerca de lo que podría ser un combate o en uno de verdad, haciendo las cosas que ahora enseña con dedicación absoluta; pero sé que habrá partido entonces con una enorme nostalgia a cuestas, sin desprenderse ni por asomo del embrujo y la magia que le nacieron un día desde este lugar.

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