Las Tunas, Cuba. Miércoles 26 de Julio de 2017
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Celia Sánchez Manduley: la fibra más íntima y querida de la Revolución cubana

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celia_sanchez_12maura_pena_machadoMaura Peña Machado
taura@rvictoria.icrt.cu

 

“Quienes quieran saber el sentimiento humano que alberga un corazón comunista, quienes deseen conocer la sensibilidad humanista que hay en el corazón de los revolucionarios cubanos, deben estudiar la vida de Celia”, así expresó Armando Hard Dávalos. Motivos suficientes para recordar a esa gran mujer en el Aniversario 92 de su natalicio.

Celia Sánchez Manduley nació el 9 de mayo de 1920 en Media Luna, Manzanillo, oriental provincia de Granma. Del matrimonio de Acacia y Manuel; la criatura fue recibida por su propio padre, quien como médico de esa comarca asistió a su esposa en esparto.

Celia fue una niña bonita. Las fotos de sus primeros años muestran un bello rostro infantil de tes a blanca, óvalos más bien redondeado y hermosos ojos negros, cabello oscuro como la noche y ligeramente ondeado.

A la edad de 6 años muere su madre, víctima del paludismo, esta ausencia contribuye a que la figura del padre y la abuela cobren nuevas dimensiones. El amor por su padre, de excepcionales méritos como martiano, revolucionario y solidario con los que sufren, nutrieron la espiritualidad de Celia desde su más temprana edad. El papel desempeñado por la familia, la comunidad y las condiciones socioculturales y económicas de Media Luna, Manzanillo y Pilón sirvieron de claustro a la guerrillera ejemplar.

Celia era y será siempre para todos sus compañeros, la fibra más íntima y querida de la Revolución Cubana; la más entrañable de nuestras hermanas. La más autóctona flor de la Revolución. Nuestro pueblo ha vivido momentos extraordinarios de la historia universal y en la construcción de la nueva sociedad. En esta obra inmensa ella tiene un destacadísimo lugar de honor.

Era una combatiente con excepcional intuición, sensibilidad e inteligencia. A su valor personal, mostrado en toda su vida de revolucionaria y, en especial, en los difíciles momentos de la guerra y en los instantes cruciales y decisivos por los que atravesó el país hasta su muerte, se unían la sencillez, la modestia y una exquisita delicadeza femenina.

Recordarla significa abrirnos el corazón y mostrar un pedazo de la historia que es parte de viva y sentida de cada hombre y mujer del pueblo. La huella que dejó entre nosotros no se podrá borrar jamás. En el ejemplo de su conducta y en el conocimiento cabal de sus virtudes, está una de las mejores enseñanzas de que hoy disponemos para superar nuestras debilidades y enfrentar las responsabilidades que tenemos como revolucionarios.

Entre todas las cualidades que tenemos de Celia Sánchez Manduley debemos destacar su rechazo a cualquier forma de ostentación y su apego a las maneras simples y sencillas de vivir y trabajar. Esta era, con seguridad, una de sus más conmovedoras virtudes. Su carácter recuerda aquellos versos del Héroe Nacional de Cuba, José Martí: “el arroyo de la Sierra / recomplace más que el mar”. No podía ser de otra manera quien estaba tan unida a Fidel Castro.

Ella nos da fuerzas, Nos da aliento y nos impulsa con el ejemplo de su vida; nos enseña las virtudes que debemos desarrollar, nos estimula en esta hora que vive la Patria, América y el Mundo para continuar hacia delante.

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