Historia

Carlos Marx: su luz continúa iluminando el universo

maura_pena_machadocarlos_marxMaura Peña Machado
taura@rvictoria.icrt.cu

Entrañablemente cercana, a pesar de los años transcurridos, nos resulta, a todos los revolucionarios, la imagen de Carlos Marx. Es como si en cada uno de sus aniversarios –bien los de su nacimiento o muerte- bastara con mirar en torno para encontrarlo vivo entre nosotros, y divisar de nuevo aquellos ojos suyos en los que relumbraban, alimentados por el mismo fuego, la inteligencia y los sueños.

Pocos hombres en el mundo han alcanzado permanencia tan firme, dimensión tan universal. Quizás porque pocos han sabido hablar tan sencillo y sincero al corazón del hombre, no importa cual idioma posea ni en el lugar de la tierra donde habite. Quizás porque pocos han trabajado tan hondo e intenso a favor de sus semejantes. Quizás porque ninguno como Carlos Marx, ha puesto de modo tan abnegado su genio al servicio del dolor de los humildes, de la miseria de los oprimidos, de la angustia y de la cólera de los demás, de su pan, de su sangre.

Sintió como suyo el dolor, el destino y el drama de las grandes mayorías y penetró en las verdaderas raíces de sus conflictos guiado por su talento poderoso y por la extraordinaria eficacia del método científico de que se valiera para la indagación y análisis de la historia y de los fenómenos sociales.

La doctrina creada por Marx -de la que no es posible excluir el aporte valioso de Engels, la huella enriquecedora de su talento también superior- penetró hasta el fondo de las entrañas del régimen capitalista, las volvió al revés, puso al descubierto las ruedecillas de su mecanismo y trajo a la luz sus contradicciones fundamentales.

Para los pobres de la tierra, para los oprimidos y explotados del mundo, fue como si de pronto un haz de fuego rompiera las tinieblas y anticipara la luz radiante y limpia del amanecer.

Pero Marx no fue solo el creador de la doctrina científica a cuyo influjo comenzó a estremecerse y cambiar la faz del mundo y que abrió cauce por donde se precipitaría,

como una incontenible catarata, la gran Revolución Socialista de Octubre, cuyo triunfo significó el advenimiento de una nueva era en el curso de la sociedad y de la historia.

Conmueve evocar, a la distancia de estos años y sin mengua alguna de su entrañable cercanía, la grandeza de aquel hombre venerable y sencillo sobre cuya cabeza ardían los relámpagos del genio. Cuando murió, consumido su organismo por los estragos de la enfermedad, todavía pensaba en una próxima obra en la que se disponía a empeñar todo el fuego de su talento y de su corazón.

“Cuando todos los pobres y tristes del planeta

Puedan medir, ¡Oh, Marx!, tu infinitud de amor,

No bastarán las flores que mayo-el mes poeta-

Pinta con sus pinceles de poeta pintor.”*



* Jesús Orta Ruiz, el Indio Naborí, reconocido poeta cubano dedicó estos versos “Carlos Marx” en memoria del eminente pensador y revolucionario.

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