José Martí y la génesis del Primero de Mayo

Martes, 1 mayo 2012, 09:20 | Haga un comentario

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jose_marti_escribejoel_lachaJoel Lachataignerais Popa
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Un año antes de la caída en combate de José Martí, ya en cuba se celebraban los primeros actos por el Primero de Mayo, que hoy conocemos en el concepto como, “día internacional de los trabajadores”. Desde Nueva York, en mayo de 1894, el Apóstol de la independencia de Cuba, escribe una carta a su entrañable amigo y hermano, Fermín Valdés Domínguez, en la cual le manifiesta júbilo por aquella celebración. «Una cosa te tengo que celebrar mucho, y es el cariño con que tratas; y tu respeto de hombre, a los cubanos que por ahí buscan sinceramente, con este nombre o aquél, un poco más de orden cordial, y de equilibrio indispensable, en la administración de las cosas de este mundo. Por lo noble se ha de juzgar una aspiración: y no por esta o aquella verruga que le ponga la pasión humana. (…) Muy bueno, pues, lo del Primero de Mayo. Ya aguardo tu relato, ansioso».

Martí había tenido noticias del acontecer obrero de los Estados Unidos, desde que en noviembre de 1884 se celebró en Chicago el IV congreso de la American Federation of Labor, donde se propuso que a partir del 1º de mayo de 1886 se obligaría a los patronos a respetar la jornada de 8 horas y, si no, se iría a la huelga.

Este suceso trajo como consecuencias que en 1886 el Presidente de los Estados Unidos, Andrew Johnson, promulgó la llamada Ley Ingersoll, estableciendo las 8 horas de trabajo diarias. Pero como esta ley no se cumplió y existía aquel acuerdo obrero internacional, las organizaciones laborales y sindicales de Estados Unidos se movilizaron. Fue así que cuando llegó la fecha, los obreros se organizaron y paralizaron el país con más de cinco mil huelgas.

El Primero de Mayo de aquel año, 200 mil trabajadores norteamericanos iniciaron una huelga en Estados Unidos; como consecuencias se generaron nuevas manifestaciones y el 4 de mayo al terminar un acto organizado por los trabajadores de Chicago en el Haymarket Square la policía intentó dispersar a los presentes, fue entonces que estalló una bomba que mató a un oficial e hirió a otros uniformados.

Por aquel hecho que realmente nunca ha sido esclarecido, fueron procesadas 31 personas; de ellas, 8 anarquistas que terminaron en los tribunales, con un seguimiento mediático similar a los actuales, en que los periodistas acusaban a los inmigrantes y pedían un castigo ejemplar.

Todos los procesados fueron declarados culpables. Tres cumplieron sentencias de cárcel y cinco terminaron en la horca. Así comenzó aquella historia que se cuenta como Haymarket, explosión del 4 de mayo de 1886.

Estados Unidos era gobernado por Grover Clevelan, a quien la historiografía cubana recuerda porque fue absolutamente opuesto a reconocer las beligerancias cubanas con el colonialismo español y también fue partícipe de la intervención de Estados Unidos, en la guerra del 1895, que José Martí había declarado como necesaria, en la cual, la gran nación del norte masacró los barcos españoles del Almirante Cervera, utilizando su superioridad marítima, e imponiendo así su fuerza y poder, para inmediatamente – después de desplazar al verdadero vencedor – organizar su primera intervención en Cuba.

El Presidente Clevelan pensaba que si se autorizaban los festejos del 1 de mayo en Norteamérica estimulaba desórdenes sociales y reforzaría un movimiento obrero de fuerte influencia anarquista, entonces, como alternativa, optó por apoyar a la llamada Noble Orden de los Caballeros del Trabajo (Knights of Labor).

Así decide la instauración del primer lunes de septiembre, como día festivo, que los hispano parlantes denominaron como “Labor day”; con ese fin, se aprovechó del desfile celebrado el 5 de septiembre de 1882 en Nueva York por la mencionada Orden de los Caballeros del trabajo. Es por eso que resulta paradójico que fuera precisamente en la gran nación norteamericana, donde tuvieran lugar los acontecimientos que llevaran a las diversas organizaciones afiliadas a la Primera Internacional a tomar como fecha la del 1 de mayo, como día del trabajador.

Se organizaría una huelga en defensa de la jornada laboral de ocho horas, la cual se realiza en mayo de 1886 en Chicago, suceso que – como se dice anteriormente- provocó  los motines y estallidos de bombas, que finalmente conducen a la ejecución de obreros a manos del Estado.

Como consecuencias de ese acontecimiento, que se enmarcó en la historia universal con trascendencia ilimitada, el 11 de noviembre de 1887 se consumó la ejecución de Albert Parsons (estadounidense, 39 años, periodista), August Spies (alemán, 31 años, periodista), Adolph Fischer (alemán, 30 años, periodista) y Georg Engel (alemán, 50 años, tipógrafo). Louis Linng (alemán, 22 años, carpintero) se había suicidado antes en su propia celda. A Michael Swabb (alemán, 33 años, tipógrafo) y Samuel Fielden (inglés, 39 años, pastor metodista y obrero textil) les fue conmutada la pena por cadena perpetua y Oscar Neebe (estadounidense, 36 años, vendedor) fue condenado a 15 años de trabajos forzados.

José Martí, con su extraordinaria acuciosidad periodística, que emprendía siempre desde la búsqueda afanosa del acontecer, su análisis minucioso investigativo y de enfoque cultural ideológico, siguió aquel acontecimiento, con juicio autocrítico entre el primero de sus textos y el último, legando en ello una muestra de su espíritu profesional ético admirable.

Sus tres crónicas tienen un sentido de análisis que significa cómo él, de una idea a otra se supera a sí mismo, hasta finalmente deslumbrarse en el análisis y alcanza a ver la realidad del naciente movimiento obrero, entonces se rectifica en su última crónica respecto de las anteriores con la clara narración de los hechos.

Ahora estudiándolas detenidamente, advertimos aquella lección de historia tomada de la realidad del corresponsal que, en La Nación de Buenos Aires, 26 de junio y 2 de julio de 1886 mediante Grandes Motines Obreros; el 21 de octubre de 1886, con El proceso de los siete anarquistas de Chicago en El Partido Liberal, los días 27, 29 y 30 de diciembre de 1887, con su texto, Un Drama Terrible, a la vez que su grandeza periodística, en estilo y capacidad de entrega noticiosa, encontramos la verdad histórica refulgente que está en la génesis del Primero de Mayo.

Más de un siglo después, en Estados Unidos existe un movimiento de trabajadores y pueblo, que se denomina Indignados que bajo la consigna de Ocupa Wall Street, que reclama reivindicaciones obreras y sociales en general y este Primero de Mayo, convoca a la paralización de 155 ciudades norteamericanas, cuyo llamado ha llegado a urbes europeas, como Londres, en el Reino Unido; Melburne y Sidney en Australia; Otawa y Toronto en Canadá y Seúl de Corea del Sur, entre otras urbes. Sus voces se alzarán para que se acabe la guerra, para enfrentar al sistema capitalista, corrompido hasta la médula, que mantiene millones y millones de personas desempleadas y sumidas en desamparo.

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