Las Tunas, Cuba. Viernes 20 de Octubre de 2017
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Estadio Julio Antonio Mella, cuna de historia y emociones para los tuneros

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Yenima Díaz Velázquez
yenimadv@enet.cu

Durante las diferentes series de la pelota revolucionaria, los tuneros hemos ido una y otra vez al estadio Julio Antonio Mella, con alegría y optimismo, a ver ganar y perder a nuestro equipo de béisbol; pero, fundamentalmente, a disfrutar de excelentes partidos, con jugadas atractivas y emocionantes.

Así ocurre desde que se inauguró una de las más importantes instalaciones deportivas de Las Tunas, a 690 kilómetros al este de La Habana.

De eso, hace ya mucho tiempo, en el lejano año de 1945; aunque, para ser honesta, desde entonces ha cambiado mucho pues no siempre fue como lo vemos en la actualidad, tan lindo y vistoso.

La historia de ese deporte en la ciudad tuvo muchas otras áreas, en las que se daban cita los conjuntos de entonces. De ellas, la más significativa fue la Glorieta San Carlos, un terreno que se convirtió en estadio en la década del 20 del pasado siglo, gracias al estadounidense Charles Milligan, quien donó parte de su finca La Concordia, donde hoy se ubica la tienda La Blanquita, en el reparto de Buenavista.

Después, se jugaba béisbol en el Estadio Vidal, del reparto Santo Domingo, el cual se demolió en 1944; pero, por iniciativa del Alcalde Municipal, José “Pepillo” Hernández, se creó un Patronato denominado Todo por Tunas, que recaudó fondos para la construcción de una nueva instalación en los terrenos que donó la familia Velázquez, en la intersección de la entonces avenida Roosevelt, hoy calle Frank País, con la carretera de Puerto Padre, cerca de la estación del ferrocarril.

Comenzó a funcionar a finales de 1945, y en esa época tenía una cerca de mampostería y una gradería de madera, techada de guano, que luego fue de planchas de cartón y en la actualidad, está revestida de zinc galvanizado.

Además, disponía de varios palcos bajos, con capacidad para acoger a unas mil personas.

Por muchos años, hizo historia en Las Tunas el estadio municipal, al que también llamaban “Chicho Velázquez” por quien donó los terrenos. En esa época acogió importantes encuentros de la Liga Profesional de Cuba, entre otros acontecimientos de ese deporte, y después del Triunfo de la Revolución Cubana, comenzó la remodelación y el acondicionamiento de la instalación.

Desde ese momento se llamó Julio Antonio Mella, en homenaje al líder estudiantil cubano, y con las transformaciones, amplió su capacidad a 13 mil personas, además de un área para el parqueo, cafetería y oficinas.

Curiosamente, en sus inicios, el terreno de juego se trazó con el home en la zona donde hoy está el jardín central del estadio, cuya ubicación es la correcta de acuerdo con las normas establecidas.

Ahora sus dimensiones son 325 pies por el jardín derecho, 400 por el central y 325 por el izquierdo, distancias esas que continuamente son superadas por los jonrones de Joan Carlos Pedroso, Alexander Guerrero y otros integrantes del equipo tunero, que lo acogen como su casa desde el año 1977.

Dentro, sobre la hierba, rodeado por las gradas y las torres de iluminación vive la emoción de este pueblo que ha visto el renacer de su conjunto en las últimas series nacionales de béisbol, al extremo de ser esta la ocasión en la que se acumulan más victorias.

Es este un regalo muy merecido por la afición, que vuelve, en cada cita, para acompañar y apoyar a nuestro equipo de pelota; aplaudiendo sus jugadas, coreando motivaciones y hasta pidiendo a los seres divinos por otro triunfo para hacer más grande a este territorio, a sus peloteros y al estadio Julio Antonio Mella.

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Sobre Redacción Tiempo21

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