Opinión

Dos Partidos y una misma historia

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elena_lisbet_diego_parraElena Diego Parra
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Cuando en 1892 los cubanos emigrados en Estados Unidos aprobaron la creación del Partido Revolucionario Cubano quizás muchos no avizoraban los caminos que se abrían con ese acto. Sin embargo había, por lo menos uno, totalmente conciente del alcance de su fundación en ese momento histórico: José Martí, artífice principal del proyecto.

La constitución del partido fue, sin dudas el mayor aporte político del Apóstol a la independencia cubana. En él conjugó y concretó sus ideas acerca de una vanguardia organizadora y de la necesidad de unir a todos los revolucionarios.

Hasta ese momento Martí había alertado desde la prensa y la tribuna los peligros que acechaban a Nuestra América.

Con el Partido Revolucionario Cubano comienza la obra de unión de diversos intereses y sectores del pueblo en torno al objetivo inmediato: la independencia y la soberanía.

Una independencia que para él tenía que estar acompañada por principios éticos, que nada tenían que ver con los vicios y la injusticia del colonialismo. Una soberanía cuya primera ley fuera “el culto de los cubanos a la dignidad plena del hombre.”, fuera éste blanco o negro, mulato o mestizo.

Nuestro Partido Comunista es heredero inmediato de estos principios. Aunque no fue creado para organizar una guerra de independencia, ni la organización martiana se fundó para sentar las bases de la construcción del socialismo, ambos se sustentan en ideas coincidentes como el patriotismo y la lucha por la independencia nacional.

A pesar de las diferencias históricas, se identifican por el carácter popular de sus bases, pues el beneficiario de sus proyectos era y es, el pueblo. Coinciden asimismo en la defensa de los derechos humanos y en el espíritu de hermandad con las naciones del mundo.

No tenemos dudas de que Martí comprendió las intensiones del naciente imperialismo norteamericano. Su lucha se convirtió en una carrera desenfrenada para evitar que su poder cayera sobre nuestro país. Un siglo después, los cubanos luchamos incansablemente para conservar el sueño, hecho hoy realidad, por el que dio su vida al más grande de los cubanos.

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