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Juanita, la espeleóloga de Las Tunas

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Conservan grutas, cuevas y cavernas en Las Tunas

Yenima Díaz Velázquez

yenimadv@enet.cu

 

Frágil como las estalactitas y estalagmitas que ama sin límites es Juana María Cardoza Rafael, una mujer de Las Tunas que disfruta de la luz del sol; pero, en las noches sueña con grutas, cuevas y cavernas y con aquellos años mozos en los que las visitaba con mucha frecuencia.


Hoy su estado de salud no se lo permite con mayor asiduidad; pero, el pensamiento y los recuerdos son libres y de vez en vez cierra sus ojos y vuelve a sentir la textura de las rocas, el vuelo de los murciélagos que se asustan con la presencia del hombre y, también, su primera vez.


“La motivación por la espeleología vino porque yo formaba parte de un grupo de Arqueología, por afición. Tenía amistades que se dedicaban a la actividad y desde la etapa del preuniversitario pertenecía a un grupo de Geología, por un profesor que nos arrastró por ese mundo de la Geografía y me gustó y seguí”.

Durante más de 30 años, Juanita, quien labora en la delegación provincial del Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente, estudió las oquedades del territorio, unas 50 aproximadamente. En ellas encontró muchas cosas interesantes y dio rienda suelta a su pasión.

“No me he arrepentido ni me arrepentiré nunca. En las cuevas siento… de todo, paz, armonía, y crecen mis deseos de buscar; porque usted puede buscar un sitio arqueológico. Recuerde que desde que el hombre existe, las cuevas fueron su primera habitación. Esa es una de mis primeras motivaciones”.

De hablar fuerte y pausado, esta tunera desata con las palabras el interés que siente por el sistema cavernario y repite una palabra que la estimula: buscar.

“Y después sigue la búsqueda, buscar cuál es la flora, cuál es la fauna, qué es lo que lo compone, cuáles son los minerales que hay allí, cuáles son las formaciones secundarias, cómo se conformó esa oquedad…”.

Con orgullo, lamenta el paso del tiempo.

“Antes lo hacía todos los fines de semana. Ahora me paso hasta un año sin ir, por problemas de salud. Pero, cuando puedo voy y me paro enfrente y así las visito y vivo”.

Se siente satisfecha cuando le pregunto si ha involucrado a otras personas en esa profesión de sacrificios y peligros; pero, de gozo cuando se descubre o se aportan nuevos conocimientos y, entonces, su respuesta no se hace esperar.

“Tengo tres sobrinas, de 10, 11 y 27 años, a quienes les gusta este mundo. No visitan muchas cuevas; pero leen y como quiera que sea eso ayuda. Además, nosotros tuvimos en la provincia, durante cinco años, una escuela de Espeleología y mensualmente se formaban grupos que los municipios captaban y les impartíamos clases”.

 

Sencilla y extraordinaria a la vez es Juanita, la espeleóloga de Las Tunas, quien aprendió a amar las entrañas de la tierra aunque esta no es una provincia muy favorecida por la naturaleza, la misma que, dormida y despierta, siempre sueña con volver y buscar.

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