Opinión

Generosidad con asiento

omnibusliliana_gomez_ramosLiliana Gómez Ramos
lia@rvictoria.icrt.cu

Las Tunas.- Limón, limonero, las niñas primero, ceder el asiento, quitarse el sombrero… recoge una ronda infantil que memorizan los infantes desde pequeños. Lamentablemente en muchos casos la teoría no se lleva a la práctica o se olvida en el camino a la adultez.

Todos los días miles de transeúntes viajan en transportes públicos y a pesar de que algunas personas necesitan la colaboración de otros viajeros, estos hacen caso omiso y niegan esta norma de cortesía.

Brindar el asiento es cada vez menos común y en varias oportunidades se ve a hombres que ocupan un puesto en los transportes urbanos mientras viran la cara o se hacen los dormidos ante la presencia de una mujer embarazada, un señor de la tercera edad, una persona con un niño pequeño en brazos u otras con dificultades en la movilidad.

En contraposición, otros seres humanos demuestran su sensibilidad y le prestan colaboración a los que más lo necesitan haciendo gala de la educación formal recibida a lo largo de la vida.

Tal parece que este gesto de cortesía se ha ido perdiendo poco a poco, y no es típico solo en Cuba, en países como Argentina y México se hace referencia a la necesidad de rescatar esta muestra de respeto a otros.

Según la historia, en la antigüedad cuando se cedía el puesto, se obligaba, en cierta medida, a aceptar ese ofrecimiento, porque las normas de cortesía impedían que la persona que cedía el sitio se volviera a sentar, aunque se lo rechazaran.

Lo cierto es que lejos de ser cortés o no, ofrecer el asiento ante alguien que lo demanda es ayudar a una persona que lo necesita y además es una muestra de humanismo y generosidad.

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