Las Tunas, Cuba. Miércoles 23 de Agosto de 2017
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Mella en el recuerdo

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mellajuan-quienes-somosJuan Morales Agüero
morales@enet.cu


Los tres proyectiles traidores se le incrustaron en la espalda robusta y viril. Trató de volverse, erguido, de cara a sus verdugos. Tal había sido su vida hasta entonces: vertical. Lo consiguió y dio unos pasos hacia ellos. Los desafió con la mirada. Pero no pudo para más y cayó, moribundo, sobre un charco de sangre generosa. Tina Modotti, la revolucionaria italiana que lo acompañaba en aquella oscura noche de Ciudad México, recogió de sus labios sus últimas y definitorias palabras: “Muero por la Revolución”. Era el 10 de enero de 1929.

Sicarios a las órdenes del dictador Gerardo Machado ejecutaron el asesinato de Julio Antonio Mella, uno de los dirigentes juveniles de más prestigio y proyección en toda la historia de nuestra Patria, quien, desde su etapa universitaria, puso de manifiesto su compromiso con la causa de los humildes en artículos periodísticos publicados en Alma Mater y Juventud, los órganos de la Federación Nacional de Estudiantes fundada por él.

Nacido el 25 de marzo de 1903, Mella dedicó su corta vida a la actividad revolucionaria e intelectual. A instancias suyas se creó en 1923 la Universidad Popular José Martí. Un año después organizó la Liga Anticlerical. De esa fecha también data su ingreso en la Agrupación Comunista de La Habana, desde donde desplegó un trabajo muy activo entre el proletariado.

En 1925 cobró cuerpo uno de sus mayores aportes a la lucha por la que ofrendó su vida: la sección cubana de la Liga Antiimperialista de Las Américas. Ese mismo año su nombre apareció, junto al de Carlos Baliño, entre los fundadores del primer partido marxista-leninista de Cuba. Fue tan intensa y extensa su actividad revolucionaria que las autoridades universitarias capitalinas –aliadas del régimen dictatorial- lo expulsaron de la Colina y lo detuvieron. En protesta por esta última acción, inició su famosa huelga de hambre de 19 días.

Después de su expulsión de la Universidad, Mella se exilió en México, donde constituyó la Asociación de Nuevos Emigrados Revolucionarios Cubanos (ANERC) y colaboró en los periódicos Cuba Libre, El Libertador, Tren Blindado y El Machete. Durante su exilio azteca asistió al Congreso contra la Opresión Colonial, realizado en Bruselas, Bélgica, en 1926. De allí marchó a Moscú, en calidad de delegado al IV Congreso Internacional Sindical Roja. Rápidamente se convirtió en un líder de talla continental, capaz de aunar en un solo puño a teoría revolucionaria con la práctica militante.

Aquellos que con el asesinato de Mella creyeron destruir un movimiento que tenía sus orígenes en los anhelos más profundos del pueblo cubano y en la lucha contra el imperialismo, se equivocaron de plano. De líder admirado, el joven devino bandera de combate. Su ejemplo continúa vivo en los tiempos que corren. Como si lo presintiera, había escrito antes de morir: “Triunfar o servir de trinchera a los demás. Hasta después de muertos somos útiles. Nada de nuestra obra se pierde. Son pasos, avances triunfales. La victoria llegará a nuestra clase por ineluctable mandato de la historia”.

Y así ha sido Mella.

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