Las Tunas, Cuba. Sábado 18 de Noviembre de 2017
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El poeta de la libertad

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paul_eluardrosa_maria_garcia_vargasRosa María García Vargas
rosamg@rvictoria.icrt.cu

Escribir aunque sean unas breves líneas sobre Paul Éluard este 21 de marzo, Día Mundial de la Poesía, es un reconocimiento a quien es considerado el máximo exponente de la poesía surrealista francesa y al hombre comprometido con los oprimidos y con la libertad de los pueblos del mundo.


Eugène Émile Paul Grindel era el verdadero nombre del poeta, quien a los 21 años adoptó el de Paul Éluard, heredado de su abuela. Hijo de un agente inmobiliario, su familia perteneció a la pequeña burguesía y estudió en el Liceo Colbert.

Quizás la enfermedad pulmonar que empezó a padecer muy joven, el contacto con el dolor y la muerte, o tal vez el amor apasionado que sintió por Helena Diakonova, Gala, su primera esposa, a quien conoció cuando estuvo recluido por primera vez en el sanatorio, despertaron en él la necesidad de plasmar en versos sus sentimientos más profundos.

Su primer libro, publicado al final de la Primera Guerra Mundial, fue El deber y la inquietud (1917). A partir de ese momento su relación con Jean Paulhan, André Breton y Louis Aragon definió su adhesión al dadaísmo. Cuando sus amigos se separaron de ese movimiento los acompañó para fundar el surrealismo, del cual sería uno de los más importantes seguidores.

Tras una crisis conyugal, recorrió el mundo. De entonces data El amor, la poesía, reflejo de una época difícil durante la cual sufrió el abandono de Gala y una recaída de la tuberculosis que lo aquejaba.

Capital del dolor, publicado en 1926, lo consagró como un poeta de primera línea. Más tarde han de ver la luz otros títulos memorables, pero el poeta se renueva en cada uno y encuentra las palabras exactas para cantar al amor en su más plena dimensión, a los hombres y mujeres que luchaban por su libertad, a la paz…

De La capital del dolor es el poema La enamorada:

Está de pie sobre mis párpados

y su cabello está en los nuestros,

tiene la forma de mis manos,

tiene el color de mis ojos,

se absorbe en mi sombra

como una piedra sobre el cielo.

Tiene siempre los ojos abiertos

y no me deja dormir.

Sus sueños en plena luz

hacen evaporarse los soles

me hacen reír, llorar y reír,

hablar sin tener nada que decir.

Militante del Partido Comunista Francés desde 1926, por desacuerdos con la línea de la organización fue excluido de las filas en 1933. Comenzó a alejarse del surrealismo en 1938, alejamiento que se convirtió en definitiva separación al reincorporarse en 1943 al Partido Comunista en la clandestinidad.

En 1929 visitó Cadaqués junto a su mujer e hija invitado por su amigo, el pintor Salvador Dalí. Gala quedó prendada de Dalí y comenzó una tormentosa relación entre ellos que terminó con el matrimonio.

María Benz, llamada Nusch por el poeta, fue la segunda esposa de Paul –se casaron en 1936- y resultó por mucho tiempo la musa que inspiró versos como estos:

Los sentimientos aparentes.

Ligereza del acercarse.

La cabellera de las caricias.

Sin preocupación, sin sospechas.

Tus ojos se entregan a lo que ven:

Son vistos porque ellos miran.

Confianza de cristal

entre dos espejos.

Tus ojos se pierden en la noche

para añadir el insomnio al deseo.

Un golpe inesperado sumió a Paul en la desesperación: la muerte prematura de Nush lo condenó a la frustración y la soledad. La presencia de amigos y admiradores de su poesía lo hicieron reconciliarse con la existencia que se le tornaba vacía.

Más tarde encontró a su último amor, Domenique, a quien dedicó su libro Le Phénix, transición entre el horror de la larga ausencia de Nush y el renacimiento por el nuevo amor, en el cual los temas de la muerte, de la duda se oponen frontalmente con la vida, el amor, la sensualidad y la carne.

Éluard permaneció en París durante la ocupación alemana convirtiéndose en uno de los escritores de la Resistencia. Sus poemas de esta época son como armas, himnos que repetían los soldados en sus puestos de combate.

En su poema Libertad (1942) está presente el grito desgarrado del que clama por lo más preciado para el hombre: su independencia. Con él inició una etapa superior en su poesía, a partir de entonces su voz se hizo más rebelde y radical. Su compromiso era el de un militante comunista que escribía versos revolucionarios.

En mis cuadernos de escolar

en mi pupitre en los árboles

en la arena y en la nieve

escribo tu nombre.

En las páginas leídas

en las páginas vírgenes

en la piedra la sangre y las cenizas

escribo tu nombre.

En las imágenes doradas

en las armas del soldado

en la corona de los reyes

escribo tu nombre.

En la selva y el desierto

en los nidos en las emboscadas

en el eco de mi infancia

escribo tu nombre.

En las maravillas nocturnas

en el pan blanco cotidiano

en las estaciones enamoradas

escribo tu nombre.

En mis trapos azules

en el estanque de sol enmohecido

en el lago de viviente lunas

escribo tu nombre.

En los campos en el horizonte

en las alas de los pájaros

en el molino de las sombras

escribo tu nombre.

En cada suspiro de la aurora

en el mar en los barcos

en la montaña desafiante

escribo tu nombre.

En la espuma de las nubes

en el sudor de las tempestades

en la lluvia menuda y fatigante

escribo tu nombre.

En las formas resplandecientes

en las campanas de colores

en la verdad física.

escribo tu nombre.

En los senderos despiertos

en los caminos desplegados

en las plazas desbordantes

escribo tu nombre.

En la lámpara que se enciende

en la lámpara que se extingue

en la casa de mis hermanos

escribo tu nombre.

En el fruto en dos cortado

en el espejo de mi cuarto

en la concha vacía de mi lecho

escribo tu nombre.

En mi perro glotón y tierno

en sus orejas levantadas

en su patita coja

escribo tu nombre.

En el quicio de mi puerta

en los objetos familiares

en la llama de fuego bendecida

escribo tu nombre.

En la carne que me es dada

en la frente de mis amigos

en cada mano que se tiende

escribo tu nombre.

En la vitrina de las sorpresas

en los labios displicentes

más allá del silencio

escribo tu nombre.

En mis refugios destruidos

en mis faros sin luz

en el muro de mi tedio

escribo tu nombre.

En la ausencia sin deseo

en la soledad desnuda

en las escalinatas de la muerte

escribo tu nombre.

En la salud reencontrada

en el riesgo desaparecido

en la esperanza sin recuerdo

escribo tu nombre.

Y por el poder de una palabra

vuelvo a vivir

nací para conocerte

para nombrarte

Libertad

Este Día Mundial de la Poesía repitamos los versos de Paul Éluard: por un mundo de amor, por la paz, por la libertad.

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Sobre Redacción Tiempo21

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