Carlos Manuel de Céspedes, ejemplo de hombre sublime

Lunes, 27 febrero 2012, 11:57 | Haga un comentario

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Carlos Manuel de Céspedes.Maura Peña Machado.Maura Peña Machado
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El 27 de febrero de 1874 muere combatiendo durante un asalto de tropas españolas al caserío de San Lorenzo, en la Sierra Maestra, Carlos Manuel de Céspedes. Conocido por todos los cubanos como el Padre de la Patria, Céspedes cayó luchando por la independencia de su pueblo sin haber renunciado a ninguno de sus principios revolucionarios.

Con la decisión de alzarse en armas el 10 de octubre de 1868, en La Demajagua, Céspedes prendió la chispa de la llama de una guerra que se prolongaría por diez años. Muchas fueron sus virtudes; entre ellas resalta su posición inclaudicable frente al enemigo, el cual intentó hacerle deponer las armas con la amenaza de ejecutar a su hijo prisionero, pero el patriota no se doblegó y este gesto sublime le ganó el honroso título de Padre de la Patria.

 

Otra de sus cualidades fue la capacidad de subordinar sus apreciaciones personales a las necesidades más urgentes de la Patria, como ocurrió en la Asamblea de Guáimaro, cuyas decisiones aceptó disciplinadamente, aunque no coincidían con sus criterios acerca de los métodos y las formas de dirigir la guerra.

Habían transcurrido seis años luego del llamado de libertad y de la abolición de la esclavitud en su propio ingenio. La Cámara había acordado su destitución como Presidente de la República en Armas en medio de las contradicciones y errores de los factores que confrontaban puntos de vistas diferentes en la forma de encaminar los rumbos de la guerra.

Fue entonces que Céspedes partió hacia la finca San Lorenzo, en la Sierra Maestra, donde se dedicó a escribir y a enseñar a leer a los niños. Allí lo sorprendió el enemigo.

El patriota Julio Sanguily al describir el desigual enfrentamiento de Céspedes con sus perseguidores expresó: “no podía consentir que a él, encarnación soberana de sublime rebeldía, le llevaran en triunfo los españoles, preso y amarrado como un delincuente. Aceptó solo, por breves momentos, el gran combate de su pueblo: hizo frente con su revólver a los enemigos que se encimaban, y herido de muerte por una bala contraria, cayó en un barranco, como un sol de llamas que se hunde en el abismo”.

El iniciador de la Revolución Cubana simboliza la dignidad, el valor y el espíritu de rebeldía de nuestro pueblo en el aniversario 138 de su caída en combate.

Al decir de nuestro Apóstol, José Martí, Carlos Manuel de Céspedes fue “como el volcán, que viene, tremendo e imperfecto, de las entrañas de la tierra; desafía con autoridad como de rey, y con fuerza como la luz. Las palabras pomposas son innecesarias para hablar de los hombres sublimes”.

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