Las Tunas, Cuba. Martes 22 de Agosto de 2017
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Dos cadenas perpetuas, un Héroe y un bonsai

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Dos cadenas perpetuas, un Héroe y un bonsaiEsther de la Cruz.Esther De la Cruz Castillejo
estherc@enet.cu

Las Tunas.- Cualquier día es bueno para contar una historia de amor y la de Adriana Perez y Gerardo Hernández Nordelo tiene la anchura de los tiempos y lo singular de 13 años construidos sobre la base de sueños y nostalgias; ¿cuántas cosas a medias? ¿Cuánta rabia contenida? ¿Cuántos deseos reprimidos de jóvenes ardientes y desenfadados?; y lo peor, ¿cuánta incertidumbre aún les espera antes del próximo beso?

Hace ya unos años escuché a un prominente jurista cubano decir: “contra Los cinco hay odio pero contra Gerardo, saña”; y la más reciente década parece ir sumando argumentos a aquella aseveración hecha por alguien que conoce los vericuetos oscuros del sistema judicial que representa al país más poderoso de la Tierra, porque parece que a través de un hombre quieren hacer pagar a Cuba sus más de cinco décadas de pensar y ver con la propia vista.

Adriana espera a su amado con la certeza de que volverá,En este tiempo el amor de Gerardo y Adriana se ha ido alimentado de lo que les llega de los otros; han visto salir sus canas y envejecer sus sonrisas frente al espejo, de forma irremediable; han llorado a sus muertos sin abrazo y almacenan las ganas para el día en que puedan volverse a ver y a tocar porque no hay mal que dure 100 años y Adriana todavía espera una visa para llegar a la prisión donde encierran, junto a Gerardo, su juventud y su deleite.

La suya no debe ser carga que se aguante sin derrumbarse ante algún recuerdo especial, pero pocas veces se le ve a ella ausente cuando se trata de hablar de Los Cinco, convocar a más voces en cualquier rincón en el que pueda estar un oído receptivo que llegue a Barack Obama, el único con posibilidades reales de devolver a Gerardo a Cuba de manera casi inmediata, el primer presidente negro de Estados Unidos que, buscando su reelección, apuesta por cosechar votos en el sur de la Florida mientras hace la vista a un lado a su dolor, como si nada.

La solidaridad se multiplica mientras el andar por la vida de esta mujer está incompleto pero jamás solo, aunque hay   momentos en que eso no  debe resultarle suficiente y los  por qué s de seguro le quiebran las palabras; lo descubrí un día, hace tiempo ya, cuando la encontré en esta ciudad mirando siempre de frente y de manera profunda, era como si en cada persona buscara a la que podía hacer el milagro, a la que de veras traería a su esposo de vuelta a casa.

De poder, miles lo abríamos hecho ya, de seguro y junto a él traeríamos a otros cuatro cubanos ahora dispersos entre el monstruo y lo más feo de sus entrañas; personas queridas, sencillas, cubanísimas que han dejado tras las rejas lo mejor de su juventud sin perder la capacidad de vivir intensas historias de amor como Adriana y Gerardo, de esas que es bueno contar cualquier día, sin tapujos, porque con ellos no se corre el riesgo de los excesos.

 

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