Las Tunas, Cuba. Viernes 20 de Octubre de 2017
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«Casi gastamo una caja de condone»

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¿Alguien recuerda si, anteriormente en Cuba, hubo tantas opiniones divergentes sobre un subgénero musical? Me refiero a lo que sucede desde la entrada por el éter del reguetón; luego llegaron los discos y casetes audiovisuales salidos de las cajas de la globalización acomodadas por Pandora, a centros recreativos, urbanos y rurales, y se apoderaron de la radio, la televisión, las discotecas, las casas de cultura, los rascacielos y los bohíos, hasta dejarlos casi sin música campesina.

En centros educacionales, playas e instalaciones de campismo, universidades y cuarterías, los niños y las niñas, las y los adolescentes, hasta personas de la tercera edad, y quizás más allá, danzan esa música fusión surgida en el reino de este mundo; a lo mejor la misma que escuchan quienes ya se fueron para los otros: el supramundo en el cielo y el inframundo en el infierno, con reguetón, en la salud y la enfermedad, en la pobreza y la riqueza, en la vida y la muerte, reguetón, para quien lo disfruta y lo defiende, para quien lo padece como tortura cada día, a toda hora, en los rincones de nuestro archipiélago y del planeta azul espanto, reguetón.

Luego pasó a la ejecución en vivo por agrupaciones profesionales y de aficionados, comenzaron las grabaciones de discos por quienes tienen acceso a ese soporte, y backgrounds destinados a los que no pueden fundar una banda, y la abrumadora reiteración del diskjockey.

Recuerdo una larga conversación con el manzanillero ilustre Wilfredo Pachy Naranjo, director de la orquesta Original de Manzanillo, quien recientemente ha sido reconocido con el Premio Nacional de Música, cuando viajábamos por la Carretera Central para asistir a una reunión del Consejo Nacional de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), junto al eminente trombonista bayamés Augusto César Odio, el Emperador de la Música, director del cuarteto Metales en Concierto e integrante de la banda cubana Compacto. Pachy y Odio se referían a los elementos morfológicos que han atrapado a los bailadores del ritmo al cual considero invasor, porque ha desplazado a otros reconocidos como parte de la identidad musical cubana, por el exceso de difusión acrítica; ambos se han mantenido fieles a la promoción de ritmos originarios de la cuenca del río Cauto.

Yo criticaba la pobreza de las letras.

Amable usuario, ¿te imaginas que ese ritmo ostinato continúe sonando otra década más en nuestros atormentados oídos, con el desmedido volumen que nos acosa por todos lados? A este paso, los otorrinolaringólogos diagnosticarán sordera por reguetón y todos nos sentiremos como si fuéramos Beethoven al final de su carrera. Sin embargo, sordos de remate, no tendríamos que decodificar ciertos sintagmas versos que acompañan esa rítmica; para mí, algunos son verdaderos ejemplos de lo peor que le ha ocurrido a la cultura cubana.

Varias “voces” comparten esta avalancha de grosería que causa furor en cientos de miles de fans jóvenes y viejos: Mira que pasa el tiempo / como nos trae sorpresa / no sé cómo analizo y luego pienso / que me falta sentimiento, / yo soy el hijo ‘e p_ _a / de este movimiento. (El Chacal)

Un segmento del movimiento reguetonero ofrece gajitos de marabú: Oye no me estrese, / sácame la leche, / abre la bodega / que queda gente afuera. (Osmani García)

Con espinas así: Tremenda noche, candelone con tostone, / hubo apretone y hubo chupone, / tremendo rato y una pila ‘e posicione, / casi gastamo una caja de condone. (El Chacal y Kategoría 5)

He aquí algunas muestras de lo más pegado y pagado, probablemente, en la historia de la música y de la economía cubanas. Nuestro pentagrama nunca escuchó chancletazos como estos.

Asistentes a fiestas de reguetoneros me cuentan que cuando están bailando no entienden a los cantantes por la rapidez de las frases. A las mujeres les gritan que son unas locas y entonces muchas se menean y remenean con una coreografía propia del reguetón, de movimientos pélvicos desenfrenados, como si estuvieran haciendo el acto sexual.

¿Recuerdas, usuario, que en la colonia los españoles prohibieron el danzón porque lo percibieron como un baile pornográfico? ¡El danzón pornográfico…!

Pero, “no os asombréis de nada”, como dijo el poeta Manuel Navarro Luna. Los defensores a ultranza del reguetón como un todo, es decir, música y texto incluidos, deben haber visto el video o escuchado el disco La Masacre*, del cual transcribo unas líneas provenientes de un lenguaje tropeloso, por momentos ininteligible al igual que la realización fonética en varios compases, pertenecientes al realismo sucio:

Hablado: ?Atención. Silencio. Comienza la ceremonia de La Masacre, para los presos números 7 y 13, nombrados Ramón La O y Javier Cedaño, acusados de regalar p_ _ _ _ í a musical […]

Cantado: Cumple que te veo patinando / que por educación no me voy a quedar callao, / ustedes son unos s_ _ _ _ o / y nadie me va a quitar, chama, / lo que Dios me ha dao.

Sobre las palabras transcritas con letras inicial y final, les recomiendo completarlas y, a la vez, les pido que no se insulten: esas son las que cantan, para sus fans, con gestualidad ofensiva: en actuaciones en vivo los cantantes se agarran los genitales y emiten sonidos guturales: Te ha dado por hacerte el mafioso / y tú no vas a ser na’ mentiroso / te faltan c_ _ _ _ e mocoso. / Brinco, brinco, brinco. / / A nadie le pido rima / para subir a tarima / porque tengo lo que hace falta / y no me sale de la p_ _ _ a. (El Chacal y Yakarta)

Aquí no pueden faltar líneas de El chupi chupi, que en el concurso del programa de los Premios LUCAS (Televisión Cubana) logró seis nominaciones a premios: Dame un chupi chupi / que yo lo disfruti, / abre la bocuti, / y trágatelo tuti. //Dame un chupi chupi, /dale ponte cuqui, / y apaga la luqui / que se formó el balluqui. (Se repite seis veces durante la ejecución.)

[…] Póngase calentuqui mamuqui / pa q me chupe el platanuqui / ambran paso pa’ que chupe un poco / Sin jockey la niña está sin jockey / se baja el calentoki pa que papi se lo toqui / Chupi chupi chupi ma que se pone brava mama / Yo soy tu loco descarado, / el mal criado / yo sé que tú carece de lo que presume, / tú sabes que conmigo se te cae el blume. / Ve bajándote el ciper / te voy a quitar la ñique / te gusta mi meñique / yo te lo voy a meter […] (Osmani García) [Se ha respetado la cacografía.]

Mientras caminaba por una pacífica calle cubana, en una reproductora de música, a todo volumen, se escuchaba la violencia: Te meto un palo por la cara, y más tarde: Mámameloconto. “No pasa nada, es la vida que pasa”, como dijo el poeta Eliseo Diego. No martirizaré más a usuarios decentes con fragmentos de la peor de las parcelas, la del mal reguetón. A Cuba la distingue la creación inteligente.

*El autor es escritor e investigador, presidente de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba en la provincia de Las Tunas

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Sobre Carlos Tamayo Rodríguez

Periodista, escritor e investigador. Graduado en Letras por la Universidad de Oriente y Máster en Ciencias, Universidad de Las Tunas. Fue jefe de Redacción del diario 26. Intelectual de verbo fino. Tiene varios libros publicados. Miembro de la Unión de Periodistas de Cuba y presidente del Comité provincial de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba. Biógrafo de la vida de El Cucalambé.

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