Las Tunas, Cuba. Jueves 21 de Septiembre de 2017
Home > Opinión > A propósito de la canción en el mundo contemporáneo del sur

A propósito de la canción en el mundo contemporáneo del sur

Share on FacebookTweet about this on TwitterShare on Google+Email this to someonePrint this page

A propósito de la canción en el mundo contemporáneo del sur..Alberto Faya.Alberto Faya
afayam@cubarte.cult.cu

Como si fuésemos islas, vivimos rodeados de música por todas partes. No podemos escapar al influjo de múltiples temas musicales que constantemente actúan sobre nosotros y esto es de tal manera que, como me dijo una vez un compositor amigo, una huelga de cantores, un pacto de silencio universal pudiera convertirse en un cataclismo.

Entre toda esa enorme cantidad de música que incluso no podemos evitar escuchar, la canción es su manifestación más común.

Desde tiempos casi inmemorables, la canción ha sido una de las expresiones de la cultura humana. En la segunda década del siglo VIII, en China y durante la dinastía Tang, el poeta Du Fu o Tu Fu escribió Siete canciones que abordaban problemas relativos a la sociedad en que vivía y a la vida de los seres humanos inmersos en ella pero el cantar es mucho más antiguo y probablemente pertenezca a las maneras más primitivas de comunicación que los seres humanos hayan experimentado.

Cantos son los capítulos de la Ilíada y la Odisea, de alguna manera los cantos conformaron la trasmisión oral que, alrededor del 900 NE., el mítico sabio o rishi: Vyasa, acostumbraba a hacer cuando trasmitía el Baghavata-Purana que fue coleccionando por el; cantos son los de los muecines que convocan a los mahometanos desde los alminares, los Ikala, eran una serie de cantos épicos que los cunas de la actual Panamá, entonaban en los rituales médicos; flores y cantos (in xochitl in cuícatl) eran la definición que los antiguos aztecas daban al arte, a la poesía lo cual era la posibilidad única de alcanzar las fugaces esencias de la vida, posibilidad que, por más, tenía un origen sagrado.

De entonces acá el cantar ha sido muy importante para los seres humanos hasta el punto en que se habla de la posibilidad que tienen los cantos de cuna de influir en la psicología de los niños aun en su estado fetal.

Pero vayamos al segundo concepto que está en el título de este texto:

Contemporáneo.

Buscamos en el diccionario enciclopédico Encarta, la definición de contemporáneo y nos encontramos las siguientes consideraciones:

“En sus orígenes, la controversia sobre la especificidad y los límites del mundo contemporáneo se desarrolló dentro de un marco esencialmente occidental y euro centrista, pero la compleja y heterogénea naturaleza de éste y los cambios sobrevenidos en Occidente han influido en la revisión de estos postulados hacia horizontes más amplios, acordes a la globalidad del mismo.”

Parecería que quienes escribieron estas definiciones iban por el camino correcto pero veamos un poco más adelante, porque, según ellos, cada país o región europea ha considerado la periodización de lo contemporáneo a partir de sucesos específicos ocurridos en sus territorios aunque, en líneas generales el pensamiento “occidental” ha considerado el asunto desde el siguiente punto de vista y vuelvo a la definición del diccionario:

“La transición de una era a otra (se refiere al paso del mundo moderno al contemporáneo) se asocia a dos procesos fundamentales: la aparición de la sociedad capitalista, cuyos síntomas iníciales y primer modelo se forjaron en Gran Bretaña con la primera Revolución Industrial; y las revoluciones burguesas, que irán jalonando la transición hacia un modelo social y hacia fórmulas de organización del poder diferentes de las del Antiguo Régimen.”

Más adelante el diccionario es más específico y define lo siguiente:

“…conviene tener en consideración dos planteamientos previos: en primer término, la tendencia hacia la universalización de la civilización occidental[1], en clave de imposición, por lo general, a partir de su supremacía tecnológica y material y de la proyección de su modelo de sociedad como paradigma de modernización, que le ha llevado a desarrollar unas relaciones desiguales con otras civilizaciones; y en segundo lugar, la presencia de otras civilizaciones, cuyas actitudes varían según el caso y los diferentes momentos históricos frente a la tendencia uniformadora de Occidente y reivindicadoras de su propia identidad, sin cuya consideración difícilmente podría comprenderse el mundo contemporáneo.”

Como pueden ustedes comprender a partir de estas definiciones que alcanzan a miles y miles de personas que consultan el diccionario Encarta (incluyendo – y esto es importantísimo – a nuestros escolares de Secundaria Básica); el punto de vista es típicamente burgués calificado regularmente como “occidental”. Es un punto de vista dominante y rector aun cuando admiten – y no tienen más remedio que hacerlo frente a una realidad tan evidente – el peso de los países y sociedades que han venido conformando eso que se ha dado en llamar Tercer Mundo.

Si hago una aparente digresión respecto del tema de este texto, ello obedece a que las concepciones acerca de la música y, por tanto, acerca de lo que es la canción, de sus significados, su influencia y su apreciación estética; no escapan a estas consideraciones burguesas – llamadas eufemísticamente occidentales – y por demás, hegemónicas.

A partir de la Revolución Socialista de Octubre (el pensamiento burgués insiste en llamarla Revolución Rusa) y adicionando las experiencias de las Revoluciones China y Vietnamita, pero, sobre todo contando con las experiencias de la Revolución cubana y más tarde los movimientos liberadores en Asia, África y Latinoamérica, las consideraciones acerca de la contemporaneidad tienen necesariamente que partir de esta realidad histórica bien diferente de los conceptos sobre los que hemos hablado.

Queda todo más o menos preparado para comprender el punto de vista que abordamos en el tercer concepto presente en el título de este texto: el concepto Sur.

Por supuesto que no se trata de un concepto geográfico sino de un concepto cultural que se apoya en el quehacer de millones de hombres y mujeres básicamente agrupados en el hemisferio sur pero casi siempre subordinados a la cultura dominante europea, del equivocadamente llamado Viejo Continente y de aquel profundamente influido por la esta cultura dentro del hemisferio occidental, representado por el poder gobernante en los Estados Unidos y Canadá. A esto habría que agregar los esfuerzos de centros hegemónicos en Japón e incluso de la propia China y alguno que otro país asiático por acercarse a los parámetros culturales “occidentales”. A este fenómeno mimético no escapan tampoco los círculos de poder de nuestras queridísimas naciones africanas, latinoamericanas y caribeñas.

Queremos entonces partir del concepto de que la cultura “Sur” está representada por aquellas pertenecientes a los pueblos, a las gentes más humildes que defienden y preservan su cultura original y diversa frente a un mundo “Norte” poderosamente hegemónico.

En esta realidad en la que se mezclan modos de vida diferentes y hasta antagónicos, son creadas y divulgadas miles y miles de canciones y por supuesto, una buena parte de ellas responden a los intereses de las culturas hegemónicas mientras que otras subsisten a duras penas, víctimas de una gran discriminación a pesar de la supuesta y tan comentada globalización de la cultura. Esta globalización presupone una posibilidad, en igualdad de condiciones, de producir y acceder a las canciones a partir del crecimiento de la llamada “aldea global” y es sobre esto que quiero extenderme un poco.

La Globalización implica por sí misma la posibilidad del acceso a la información, es, según , el diccionario Encarta un “….concepto que pretende describir la realidad inmediata como una sociedad planetaria, más allá de fronteras, barreras arancelarias, diferencias étnicas, credos religiosos, ideologías políticas y condiciones socio-económicas o culturales. Surge como consecuencia de la internacionalización cada vez más acentuada de los procesos económicos, los conflictos sociales y los fenómenos político-culturales.”

A todo esto habría que agregar el incontenible desarrollo de los medios masivos de comunicación.

Frente a esta definición aparentemente tan clara y sencilla, se levantan los tremendos datos que la propia realidad aporta y no me voy a referir solamente a las limitaciones que millones de personas tienen de acceder a la información debido a su precaria situación económica lo cual los y las aleja de las influencias de numerosos medios de comunicación como pudiera ser Internet, por ejemplo. Quiero aportar una serie de datos que resultan muy evidentes. En un reporte hecho por la UNESCO y publicado en su boletín del 15 de diciembre del 2005 se expone lo siguiente:

“Tres países – el Reino Unido, los Estados Unidos de América y China – produjeron 40 por ciento de los bienes culturales comercializados en el mundo en el 2002, mientras que dos continentes juntos, América Latina y África, sólo produjeron algo menos de cuatro por ciento de dichos bienes, según un nuevo informe publicado por el Instituto de Estadística de la UNESCO ”

En este informe se analizaron “… los datos relativos al comercio internacional de unos 120 países en lo que respecta a una serie de productos seleccionados, por ejemplo, libros, CD, videojuegos, etc”

Refiriéndose específicamente a algo que tiene que ver con la música y su contemporánea extensión o “Globalización” a partir de la fabricación y distribución de diferentes tipos de soportes, el informe expone:

“Las grabaciones – que comprenden principalmente la musicales y sonoras y los soportes conexos – representaron el 32 por ciento del comercio cultural internacional en el 2002. Los cinco exportadores[2] más importantes de esos productos son los Estados Unidos (17 por ciento), Alemania (12), Irlanda (12), el Reino Unido (9) y Singapur (8 por ciento).”

Si tomamos en cuenta que, a partir de las exportaciones, el peso económico de las industrias culturales ascendió a 60 000 millones de dólares, el 32 por ciento mencionado asciende a la elevada cifra de 19 200 millones de dólares lo cual implica la importancia que para los exportadores y distribuidores de la música debe tener el mercado.

Esta contemporánea circulación mundial de la música – en la cual la canción ocupa un lugar fundamental – es deliberadamente confundida por muchos con el concepto de globalización y es el mercado con sus resultados no solo económicos sino también culturales el factor determinante en esas concepciones.

Aun quienes pretenden tener una posición “neutral” o filantrópica como pudiera ser el Director General de la UNESCO, el Sr. Koichiro Matsuura, son ellos mismos víctimas de una concepción del mundo, de un concepto de globalización mediatizado por las imposiciones del sistema capitalista. En el reporte de la UNESCO citado, el Sr. Matsuura dice:

Aunque la mundialización ofrece a los países del mundo entero inmensas posibilidades para compartir sus culturas y talentos creadores, es evidente que algunas naciones no están en condiciones de aprovechar esta oportunidad” y agregaba: “… si no se les presta apoyo para que puedan participar en el comercio de bienes culturales, sus culturas no tendrán eco alguno en el mundo porque quedarían marginadas y aisladas”.

Lo terrible de estas aseveraciones que pretenden crear las condiciones ideológicas para abrir un espacio a la producción cultural, en el caso que nos ocupa, la canción de los países menos favorecidos, es decir, del Sur que hemos mencionado; es que mediante los mecanismos del “comercio de bienes culturales” no existe una posibilidad real de “participación” y veamos algunos elementos importantes que sustentan mi aseveración:

Primero: la gran distribución de soportes musicales está determinada por las llamadas empresas grandes del disco y la música: SONY & BMG; UNIVERSAL; EMI-CAPITOL Y WARNER.

Una muestra de ello es su participación en las listas de los 100, 40 o 10 temas más divulgados. Esta hegemonía que se viene practicando desde hace más de 20 años aún cuando algunas de estas empresas no habían devorado a otras más pequeñas, se manifiesta actualmente:

En el año 2006 y en el Top 100 de Iberoamérica, las empresas mencionadas acaparaban nada más y nada menos que el 96 por ciento de los temas incluidos y este fenómeno, en condiciones muy parecidas, se hace extensivo a todo el mundo cuando consultamos las listas del resto de las regiones del orbe.

Entidades cantoras y cantores como Shakira; Madonna; Bob Sinclair; Red Hot Chili Peppers; The Black Eyed Peas; RDB; Gustavo Cerati; La Oreja de Van Gogh; Yuridia; Bonka; The Rasmus; Ricky Martin; Alejandra Guzmán, Reik; The Pussycat Dolls; Rihana o Beyonce; eran distribuidas a todo lo largo y ancho del globo terráqueo a partir de las posibilidades de las grandes empresas citadas pero el asunto no se puede circunscribir al tema de la distribución y venta de las canciones cantadas por estas entidades sino que consecuentemente, han ido creando un gusto por ese tipo e aproximación a la canción que hoy se extiende a la imagen de la canción.

Los buenos propósitos del Director General de la UNESCO sucumben ante una realidad devoradora.

Para esas empresas, las masas que vivimos en el Sur y que constituimos una enorme fuente de ingresos ya expresada anteriormente no somos más que consumidores. Recuerdo la definición sobre su trabajo que Richard Clark, director del programa de alta audiencia en los Estados Unidos, American Bandstand, hizo cuando dijo: “Yo no hago cultura, yo la vendo”[3]

Como si lo citado fuera poco agregamos a ello que en un reporte de las listas de los Top 40 de España, México, Brasil, Portugal, Italia, Chile y los Estados Unidos, del 30 de abril de este año 2008, el 53 por ciento de los artistas listados figuraban ya en las listas de “preferencia” de hace dos años.

La canción abordada por las “grandes figuras o estrellas” como queramos llamarlas, está determinada por la relación que existe entre los consumidores y sus gustas ya fabricados y las creaciones de compositores e intérpretes. Trabajar fuera de esos parámetros implica el riesgo que corren muchos artistas del Sur: morirse de hambre o producir ese tipo de obras que se han dado en llamar “alternativas” destinadas a públicos minoritarios con la consecuente pobre influencia de su arte en la cultura de las grandes masas.

Los grandes círculos de poder dentro del mundo de la canción se valen de numerosos medios para promover sus producciones y uno de ellos (muy efectivo, por cierto) es el de la convocatoria a premios como el Granmy o el más contemporáneo Granmy Latino.

Las nominaciones a los premios Granmy están propuestas por los miembros de ambas Academias y la pertenencia a las mismas está determinada por comités internos de aceptación que no siempre responden a criterios justos de aceptación. Dentro de las mismas actúan con mucha fuerza los intereses de las grandes productoras de música cuyos lobbys manipulan muy comúnmente las selecciones.

El resultado es el de las apariciones una y otra vez dentro de las propuestas a los premios, de muchos de los nombres mencionados de las grandes “estrellas” de la canción con honrosas excepciones que no siempre resultan premiadas pero cuya presencia pudiera prestigiar el concurso así como ofrecer una idea de su carácter “democratico”. Lo mismo ocurre con las propuestas de MTV.

Estos concursos aportan una “validación” de la obra de compositores e intérpretes que entronca directamente con los procesos de promoción tan necesarios al éxito de las empresas comerciales y con ello se cierra el importante círculo de divulgación y venta de un producto. En su interesante obra: Gestión de Mercadotecnia en el Arte, la socióloga y especialista Cristina Amaya, expresa:

“No basta que un proyecto artístico-cultural o un artista tenga una buena propuesta y haya logrado las vías para hacerla accesible a los públicos de su interés si no es capaz de diseminar información sobre su existencia, sus características y los beneficios que el público puede esperar de su uso y consumo.”

Para lograr los propósitos de venta e sus productos, las grandes empresas capitalistas han desarrollado la disciplina del Marketing o Mercadotecnia, como queramos llamarlo y al respecto mi amigo manolo Calviño escribió:

“Defiendo la postura para la cual el marketing esencialmente no es mucho más que:

  1. Una convocatoria al trabajo científico y profesional eficiente encaminado a lograr un balance favorable entre costos y ganancias.
  2. Un espacio para definir tácticas y estrategias a seguir de modo que garanticen el cumplimiento de ciertos objetivos en el ámbito amplio y complejo de los intercambios y la transaccioneshumanas.
  3. Un conjunto de saberes y acciones instrumentales favorecedoras del logro de dichos objetivos.
  4. Un paradigma para el intercambio y la acción adecuada, en el momento preciso y con la máxima posibilidad de obtener resultados no sólo favorables sino ventajosos.”[4]

Por supuesto que ante estas realidades, las fuerzas más conscientes de la sociedad mundial plantean una y otra vez las desigualdades entre los diversos creadores entre las cuales, las existentes en el ámbito de la canción resultan verdaderamente escandalosas.

Las respuestas de los organismos internacionales frente a las demandas de los pueblos por salvaguardar su cultura y de los creadores y artistas más conscientes por promoverlas y divulgarlas, siguen siendo insatisfactorias. Una muestra de ello es la manera en que se abordan temas como la necesidad de respetar la Diversidad Cultural o la Defensa del Patrimonio Cultural Inmaterial.

Si bien es cierto que la defensa del patrimonio de los pueblos implica una defensa de la diversidad humana, la materialización de esa defensa pasa por limitaciones conceptuales que pueden ser perfectamente aplicables al ámbito de la canción.

La música tradicional del mundo, mucha de ella cantada, no se considera patrimonio material debido a que no aparece en los grandes mercados con la excepción de algunos temas que nutren ese arsenal que ha sido bautizado con un nombre tan absurdo como el de World Music (Música del Mundo).

Muchas de las grandes empresas, con el objetivo de atrapar mercados dentro de las masas populares de todos los países, han producido grabaciones de música, básicamente cantada, y las han puesto a la disposición de los consumidores. Estas obras que no figuran en la llamada Corriente Fundamental de la Música en el Mundo son ubicadas dentro de un ghetto mercantil que ha sido bautizado con el nombre de World Music.

Lo absurdo de este término, como diría la recientemente fallecida cantora Miriam Makeba, es destinar esa denominación a una parte de la música y consecuentemente a la canción, precisamente las más discriminadas, mientras que la otra parte, aquella que está en los grandes mercados, se define de otra manera como si ella misma no formara parte de la música y los cantos del mundo. La música del World es la alternativa, la otra, es la que, globalmente, más dividendos produce.

Frente a este panorama las alternativas de solución sólo pueden emanar de las ideas que promuevan cambios radicales en al distribución de la riqueza del mundo y, consecuentemente, de las políticas que sustenten esas ideas y los mecanismos para implementar las grandes transformaciones culturales que son definidas como revoluciones.

De esto se deriva la importancia que tienen las canciones que aborden no sólo las esencias culturales de cada pueblo sino también las ideas que se encaminen a las transformaciones esenciales de la realidad mundial. Hace tiempo, el Movimiento de la Nueva Trova Cubana enarboló como lema: La Canción es un Arma de la Revolución lo cual entroncaba com aquello que proclamaba en una de sus composiciones Horacio Guaraní, uno de los fundadores del Nuevo Canto Argentino:

“Si se calla el cantor, calla la vida”.



[1] El subrayado es mío

[2] Las exportaciones consisten esencialmente en CD y soportes conexos.

[3] Chaple, Steeve y Garofalo, Reebee, “Rock and Roll is Here to Pay”, Ed. Nelson Hall/Chicago, p 51.

[4] Calviño, Manuel. Psicología y Marketing, Editora Política, La habana 1999, p.230 y 231.

Share on FacebookTweet about this on TwitterShare on Google+Email this to someonePrint this page

Sobre Redacción Tiempo21

Encargada de realizar todo el trabajo del Grupo Internet y Tiempo21. Integrada por un Editor-jefe, dos editoras, un fotorreportero y camarógrafo, un director de fotografía y camarógrafo y un desarrollador Web. Es un equipo multidisciplinario y multioficio, que desarrolla las principales labores del Periodismo Hipermedia. Además de tiempo21, tiene un canal de Video-TV, y otros espacios. @tiempo21cuba

Comentar

Su dirección de correo electrónico no será publicada.Los campos necesarios están marcados *

*


3 × = dieciocho