Gente

Los caprichos de Beby

Sheyla Arteaga Rodríguez
sheyla.arteaga@reduc.edu.cu
Zoila Pérez Navarro
zoila.perez@reduc.edu.cu
(Estudiantes de Periodismo)

La primera vez que Raúl Leyva Diéguez (“Beby”) escuchó el nombre de aquel plato, tuvo la reacción que muchos muestran hoy al oírlo a él: ¿carnero enterra´o, y qué cosa es eso? Había asistido a una reunión en el municipio de Amancio y allí encontró esa “novedad” que se le haría tan cotidiana.

“Conocía a Faure Chomón (entonces Primer secretario del Partido en la provincia de Las Tunas) por las diferentes tareas que desempeñé en aquellos años. Trabajé en varios sectores como dirigente: Comunales, Hidráulica, Viales y el azúcar en algunos municipios de Las Tunas. Un día varios compañeros fuimos citados a un encuentro de trabajo en aquel lugar y fue entonces cuando supe de la existencia de esta singular receta. De inmediato quise saber cómo se hacía, pero aquella oportunidad no me alcanzó para aprender.”

Sembrada ya la duda Beby encontró a otro buen amigo, también conocedor del secreto: “Pipo Garcés me invitó a comer en su casa y allí también se ofreció lo que nosotros llamamos ovejo enterra´o. Esta vez sí pregunté cada detalle y en cuanto llegué a mi casa mandé a hacer los sartenes, abrí el hueco en el patio y esperé que él viniera para estar seguro de hacerlo bien. Tras dos nuevas lecciones me atreví y ya ven, lo he hecho 400 veces, en casa o en la de cualquier amigo que lo desee. En una comida con muchos invitados he hecho hasta tres carneros. A la gente le gusta mucho.”

Ante la inevitable interrogante este amante de la cocina y las tradiciones responde con lo que parece para él algo fácil de entender y de aplicar: Se hace un hueco en la tierra (el mío tiene metro y medio de profundidad, un metro de largo y 80 centímetros de ancho); ahí se prepara la candela y luego de tres o cuatro horas, cuando el calor esté ya impregnado en las paredes, pones los sartenes con la carne previamente adobada, con especies, aceite y puré y luego de taparlo lo dejamos cocinar de 20 a 24 horas, en dependencia del terreno; si es cavernoso un poco más.

Este hombre de 72 años, que confiesa sentirse aún lozano y argumenta “joven es quien quiera serlo,” solo tiene una aspiración irrealizada en lo que al tema respecta: “Yo no quiero irme de este mundo sin dejar a alguien listo para seguir la tradición. Cualquiera que desee aprender que venga, yo estoy dispuesto a enseñarle. Verán que es bien sabroso.”

La casa de nuestro entrevistado nunca está vacía y los días festivos se llenan de familiares y amigos, casi siempre listos para degustar esta preparación. Para Beby sería una satisfacción y orgullo dar a conocer a otros lo que de joven aprendió. Para los interesados da una dirección inequívoca para los moradores de esta ciudad, la misma que nos dio a nosotras: estaré en el estadio Julio Antonio Mella mientras viva y halla un juego de Los Leñadores aquí.

“Quise que vinieran a entrevistarme porque este es un lugar donde me siento feliz. El equipo está jugando muy buena pelota y yo soy parte de los viejos aficionados, los fanáticos que vienen a cualquier encuentro, aún si no hay nadie más en el estadio. Nos merecemos ya un puesto de invitados”, concluyó riendo.

Y así lo demostró este cocinero-beisbolero, que no cabía de gozo ante la nueva victoria del conjunto. Lo que nos parecía un antojo inexplicable fue entonces comprensible: Beby se encapricha en lo que disfruta, como hiciera hace casi 50 años, cuando buscó hasta encontrar la respuesta a su inquietud, respuesta que pretende compartir con cuantos “se atrevan” a secundarlo.

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