Las Tunas, Cuba. Viernes 20 de Octubre de 2017
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José Martí, más allá del dolor

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José Martí.Rosa María García Vargas.Rosa María García Vargas
rosamg@rvictoria.icrt.cu



“Sufrir es lo que he sabido. Y callarme mis dolores”.

José Martí

Conocer a José Martí es una tarea ardua para el interesado en penetrar los vericuetos de su azarosa vida. Muchos volúmenes reúne su extensa obra –trabajos periodísticos, ensayos, poesía, cartas, crítica literaria y artística, obras de teatro, traducciones, una novela- y no menos voluminoso resulta todo lo que se ha escrito sobre él.

Dicho de esa forma parece que poco queda por investigar y publicar que no lo haya sido antes en diferentes épocas, en Cuba o fuera de ella y bajo la firma de disímiles autores.

Sin embargo, las enfermedades que padeció el llamado Apóstol de la independencia de Cuba durante la mayor parte de su existencia es uno de los aspectos menos abordados por historiadores y biógrafos, aún cuando marcaron momentos importantes de su juventud o de su adultez, hasta dejarlo en ocasiones postrado en una cama, contra su voluntad.

Quizás la razón de la ausencia de estudios sobre el mencionado tema se deba a que los investigadores prefieren eludir el enfoque científico que demanda profundizar en las enfermedades de Martí, o quizás la razón se encuentre en el tiempo que pasó desde entonces y las dificultades de hablar sobre lo que no puede probarse en la realidad, sino a través de lo dicho por otros, en este caso el propio Martí, los médicos que lo atendieron, familiares o amigos que lo cuidaron con esmero y dejaron su testimonio.

Lo complicado de la tarea no ha disminuido su atractivo y ya se cuentan algunos textos en los cuales se abordan las enfermedades del Maestro con diferentes enfoques, más o menos enjundiosos, pero en todos los casos con el propósito de develar una zona apenas explorada de su vida e igualmente digna de tenerse en cuenta a la hora de hacer una valoración integral del hombre que fue nuestro José Martí.

Enfermedades de José Martí

Si apasionante es leer los escritos políticos de Martí o disfrutar de sus versos, conocer las dolencias que aquejaron su salud puede conformar una imagen más acabada del hombre que dedicó toda su fuerza y empeño a la organización de la Guerra necesaria. Vale destacar los textos citados por el neurocirujano Ricardo Hodelín Tablada en el volumen Enfermedades de José Martí, que fue publicado por la Editorial Oriente de Santiago de cuba en el año 2007 (p.15):

En 1955 César Rodríguez Expósito publicó el libro Médicos en la vida de Martí, donde describió los galenos que se relacionaron con él durante la organización de la guerra necesaria y esbozó brevemente algunas de sus enfermedades; posteriormente en 1969, el doctor Alfonso Herrera Franyutti, médico e historiador mexicano, también se refirió al tema en su libro Martí en México, y Josefina Toledo Benedit en La ciencia y la técnica en José Martí, publicado en 1994 (…) En 1997 los doctores Ángel Tundidor Bermúdez y David Brene Padrón, en un libro editado en México, publicaron un artículo donde realizan el diagnóstico diferencia de lo que ellos llamaron la penosa enfermedad del hombre de Dos Ríos. (p. 15)

La obra del doctor Hodelín Tablada, por su parte, pone al alcance del lector poco avezado un análisis científico de las dolencias del Maestro, pero lo hace utilizando formas asequibles, es decir, a la terminología propia del tema une las definiciones traducidas al lenguaje popular, de la época y actual, de manera que quienes no conocen la terminología de las Ciencias Médicas puedan entenderlo.

Para reunir los elementos que sustentan su obra, Hodelín revisó los escritos del propio Martí –sobre todo cartas a familiares y amigos- así como biografías y un número considerable de textos de medicina.

Llama la atención el hecho de que, a tantos años de su muerte y sin existir una historia clínica de Martí, Hodelín haya podido reconstruir los padecimientos físicos y tratamientos de aquel que se resistía a ser un enfermo cuando la patria lo reclamaba para lograr su independencia.

Es precisamente aquí donde Hodelín se detiene para destacar cómo el cuerpo maltrecho del Apóstol trataba de imponerse a la enfermedad, aún cuando no siempre salía victorioso, y lo hace a partir del relato cronológico por lo cual el volumen deviene otra biografía del Maestro.

Por las páginas de Enfermedades de José Martí conocemos los dolores que padeció desde su más temprana juventud. Recordemos que fue encarcelado muy joven y a los 18 empieza a padecer de una afección testicular que fue llamada sarcocele por su amigo Fermín Valdés Domínguez, contraída como consecuencia de los golpes inguinales de la cadena del presidio político.

En cuatro oportunidades a lo largo de los años de duro peregrinar por otras tierras, Martí fue intervenido quirúrgicamente para aliviar los dolores que le provocaba el sarcocele. Solo en la última ocasión obtuvo cierto alivio tras ser extirpado el mal.

Los grilletes que llevó en su pie durante el encierro causaron úlceras que nunca sanaron, haciéndole guardar cama a intervalos, entre las tareas de la preparación de la guerra y sus otras dolencias.

Recién llegado a Madrid, lejos de su familia y amigos, en tierra extraña y atormentada su alma por el mal que la injusticia y la soledad le causaban, comienza a padecer de sarcoidosis, enfermedad que afecta varios órganos y sistemas del organismo. Tenía para entonces 18 años de edad.

La sarcoidosis produjo en Martí afectaciones pulmonares, hepáticas, estomacales, cardiovasculares y oculares. También fiebres, dolores de cabeza y desmayos que lo obligaban a guardar cama y, en ocasiones, le impedían escribir con su propia mano y tenía que acudir al dictado de lo que quería comunicar. Los síntomas de este padecimiento mejoran por un tiempo para luego reaparecer y él los sufrió hasta el final de sus días.

Preciso es consignar un criterio discrepante con las tesis de Hodelín Tablada. Al respecto debe consultarse la investigación del Dr. Ángel Manuel Tundidor Bermúdez, especialista en Urología del Hospital General Docente Guillermo Domínguez, de Puerto Padre, Las Tunas .

El texto en cuestión, Algunas precisiones sobre las enfermedades de José Martí, difiere sobre la tesis planteada por Hodelín sobre el padecimiento de sarcoidosis y el sarcocele; sin embargo, esta opinión no empaña la profundidad del análisis que es evidente en el libro de Hodelín.

Es de considerar que, aún cuando no fueran estas las enfermedades que padeció el Apóstol, no hay dudas de que la descripción de sus padecimientos pone de relieve su sufrimiento y el esfuerzo que le costaba muchas veces mantenerse en pie y presto a entrar en acción.

Es difícil explicar después de conocer los largos períodos de enfermedad y convalecencia que soportó nuestro héroe cómo logró hacer tanto en los 42 años de su corta, pero fructífera existencia.

Solo entendiendo la fortaleza de su espíritu, su alma noble y generosa, el desprendimiento con que asumió la responsabilidad de fundar el Partido Revolucionario Cubano y organizar la Guerra necesaria, podemos concebir al hombre superior que fue José Martí.

Martí, más allá del dolor

Una aspiración única obligó al Héroe Nacional a sobreponerse a sus padecimientos físicos: la libertad de Cuba. Dedicado a ella se olvida de sí y no se detiene si ha de violar el descanso, la alimentación o las indicaciones de un galeno para pronunciar un discurso, asistir a una reunión o dar las clases que garantizaban su sustento.

Familiares y amigos dejaron testimonio en cartas y otros documentos de la impresión que causaba Martí, pálido y demacrado, con mirada profunda y siempre triste, vestido con traje negro, de luto por sus hermanos muertos. Hodelín utiliza en reiteradas ocasiones esas alusiones para ilustrar el desgaste físico de aquel cuerpo que solo animaban pensamientos e ideales superiores.

Pero, no hay mejor descripción de sus dolores que las que hace el propio Martí en las breves misivas escritas como al vuelo entre el dolor y el deber: “Porque vivir es carga, por eso vivo: porque vivir es sufrimiento, por eso vivo: -vivo, porque yo he de ser más fuerte que todo obstáculo y todo dolor”. (Hodelín, p.83)

 

Sin dudas, no hubiera podido hacer tanto Martí si no hubiera sido dueño de un espíritu indomable y presto a crecerse ante cualquier dificultad, de ello dan fe expresiones como estas: “llevo al costado izquierdo una rosa de fuego, que me quema, pero con ella vivo y trabajo…” (p.102), al parecer con esta frase se refiere a su padecimiento del pulmón.

“He estado en cama como todos los veranos, con un odioso ataque de bilis, que me ha tenido casi el mes sin conciencia de mí”, escribe en carta fechada en julio de 1887. Y más adelante, en otra de agosto del mismo año refiere: “Ya con la anterior le di cuenta del ataque de verano que me tuvo rendido buena parte de julio, y del que aún no estoy repuesto” (103).

En diciembre de 1892 llega a Tampa. Allí sus enemigos tratan de eliminarlo y le dan a tomar veneno. Como consecuencia de este acto infame, sufre el Apóstol una grave intoxicación que deja secuelas en su estómago. Apenas un mes más tarde, el 15 de enero de 1893, comienza un discurso diciendo: “Todavía me ha de alcanzar la vida para tenderme al lado de los que murieron por defender mi libertad” (p.117)

Pero, su espíritu inquebrantable lo sostiene fuerte y dispuesto a servir a quienes se disponen a dar la vida por la patria y en gesto sublime, en el campo insurrecto, está al lado de los que sufren: “…sin descanso para comer de día ni de noche. Yo me acosté a las tres de la mañana curando los heridos. A las cinco en pie, todos alegres” (p.190).

Una nueva mirada a nuestro Héroe Nacional nos ofrece el libro Enfermedades de José Martí, del doctor Ricardo Hodelín Tablada. Su lectura nos hará sentir más cerca del ser humano que fue el Apóstol, el dirigente político, el vehemente orador que conmovía multitudes, el organizador del Partido Revolucionario Cubano y de la guerra que llamó necesaria.

Encontrarlo en estas páginas es revivir el gesto de entrega a la causa de la libertad de Cuba, más allá del dolor y la muerte.

Fuente:

 

Hodelín Tablada, Ricardo: Enfermedades de José Martí, Editorial Oriente, Santiago de Cuba, 2007.

 


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Sobre Redacción Tiempo21

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