Historia

Paco Cabrera, guerrillero con espíritu de combate e intransigencia

Maura Peña Machado
taura@rvictoria.icrt.cu

El 27 de enero de 1959, hace ya más de medio siglo, un guerrillero que había desafiado la muerte en decenas de combates por la libertad de su pueblo, desaparecía físicamente en un absurdo accidente en el aeropuerto internacional de Venezuela.

Era Francisco “Paco” Cabrera, hombre de confianza de Fidel Castro, jefe de su escolta principal, quien a punto de abordar el avión que lo traería de vuelta a la Patria, regresó a buscar su arma.

Lamentablemente, no se percató que debía cruzar por debajo de las hélices de uno de los motores en marcha. La muerte fue instantánea y su cadáver fue trasladado a Puerto Padre, su ciudad natal, donde el pueblo, profundamente dolido por la pérdida, le rindió merecidos honores y acompañó sus restos mortales hasta el cementerio local.

Había nacido el 4 de diciembre de 1924, en un humilde bohío de la finca La Aguadita, a pocos kilómetros del poblado de Vázquez, término municipal de Puerto Padre y sólo pudo alcanzar el cuarto grado de escolaridad porque el trabajo se perfiló como brújula de su vida.

Aunque su infancia estuvo llena de penurias y escaseces, como era de esperar para las familias de los campesinos y obreros agrícolas de la época, era inquieto, jaranero y se ganaba fácilmente la simpatía de los demás.

Ahora es otra vez 27 de enero. Han pasado 53 años de la muerte del Comandante Paco Cabrera, paradigma de hombre digno y todavía recibe el homenaje permanente del pueblo de la provincia de Las Tunas, que lo honra en escuelas, instalaciones deportivas y cooperativas que llevan su nombre, además de la Fábrica de Estructuras Metálicas, METUNAS, un gigante de la metalurgia cubana y ejemplo del desarrollo del país.

El espíritu de combate y de intransigencia que signó la vida de Paco Cabrera está presente de manera especial en la batalla del pueblo cubano tanto en el campo de las ideas, como en la producción y la preparación para la defensa, en la lucha cotidiana para avanzar y preservar las conquistas de la Revolución.

El guerrillero, amigo y buen compañero, desapareció físicamente, pero continúa vivo entre los cubanos que lo dignifican con su cotidiano quehacer en el presente de la patria.

Sigue desafiando en futuro en el parque que lleva su nombre, frente al Fuerte de La Loma en Puerto Padre. Esa estatua fue creada por el artista Elvis Báez como digno homenaje a uno de los mejores hijos de esa tierra, el único Comandante Rebelde nacido en esa localidad del norte del territorio tunero.

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